Violencia en la vida nacional

MATAR Y MORIR Por Vicente Massot-(Emecé)-253 páginas-($ 25)
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4 de mayo de 2003  

Entre los lugares comunes que perseveramos en repetir los argentinos ocupa un sitio de privilegio el que expresa: "somos un pueblo pacífico". Nos empeñamos en ser las palomas de la paz cuando una rápida mirada al pasado refleja lo contrario.

Todo esto y mucho más queda en evidencia en el libro de Vicente Massot Matar y morir. La violencia política en la Argentina (1806-1980) , escrito con una prosa que, junto con el dramatismo y fuerza del argumento, logra atrapar al lector a través de las 251 páginas que componen la obra.

El autor, profesor universitario, autor de libros significativos sobre las ideas políticas y director ejecutivo de La Nueva Provincia de Bahía Blanca, pone al servicio de este libro su formación académica y su pluma de periodista para darle sostenida unidad y coherencia.

Massot subraya, y la aclaración corresponde, que no tuvo el propósito de escribir "una historia general de la violencia en la Argentina como instrumento de acción política", pero sí "ensayar unas reflexiones del ejercicio que de la violencia -llevada a su más alta expresión- hicieron ciertos hombres en determinadas épocas del pasado que nos es común".

Guiado por ese propósito, Massot organizó su obra en ocho capítulos, cada uno acompañado por anexos en los que se transcriben textos significativos que avalan los argumentos y conclusiones del autor. "El terrorismo de Mayo" y "Mayo se prolonga" subrayan las decisiones de resultado violento del Primer Gobierno Patrio, tendientes a afianzar el triunfo de la revolución, prácticamente desde el mismo momento de su asunción. Los episodios que llevaron al fusilamiento de Santiago de Liniers y sus compañeros en Cabeza de Tigre, el terrorismo de las fuerzas que buscaban abrirse paso a cualquier precio en el Alto Perú, la posterior ejecución de Martín de Alzaga y demás conjurados componen los dos primeros capítulos.

Con el significativo título de "Dorrego debía morir", Massot se ocupa del sangriento desenlace de las primeras luchas entre unitarios y federales; trae a colación las célebres cartas que impulsaron a Juan Lavalle a ordenar el fusilamiento del gobernador de Buenos Aires luego de asumir su responsabilidad ante la historia, y refiere los crueles sucesos inmediatamente posteriores protagonizados por ambos bandos.

El tremendo y largo período de Rosas ("La violencia de los bárbaros") fue lamentablemente pródigo en todo tipo de atrocidades justificadas por la necesidad de que triunfase uno de los dos partidos en pugna. Y no menos lo fue el que refleja lo que el autor denomina "La violencia de los civilizados", desde el momento mismo en que Urquiza venció al dictador en los campos de Caseros.

Años más tarde, después de la batalla de Pavón, las tropas porteñas triunfantes llegaron hasta lo más profundo del interior en medio de atropellos similares a los perpetrados por orden de Juan José Castelli poco después de la Revolución de Mayo o los cometidos por los "pacificadores" del Litoral, decididos a sojuzgar a "los pueblos libres".

El capítulo que analiza "De la `Semana trágica´ a la represión patagónica" demuestra claramente que, transcurrido bastante tiempo desde las luchas por la Organización Nacional y las revoluciones radicales, no obstante los progresos políticos, económicos, sociales y culturales alcanzados por el país, en la segunda y tercera década del siglo XX, se mantenían intactos los gérmenes de la discordia. Situación que se proyecta durante la etapa que Massot denomina "Peronismo y antiperonismo. La guerra civil encubierta". Es en este capítulo y en el que cierra la obra, "El enemigo se transforma en criminal", donde -quizá por la cercanía de sucesos altamente traumáticos que padecimos de cerca muchos miles de argentinos de distintos bandos- Matar y morir alcanza la mayor concisión y tensión dramática. Podrían haberse agregado infinidad de episodios -tal como lo señala Massot en el prólogo- pero bastan los que él menciona con el respaldo de testimonios bien seleccionados para comprobar que la violencia en nuestra historia reciente no fue en zaga a la más remota como país.

En suma, éste es un libro aleccionador que llama, sobre todo en tan difíciles tiempos como los que vivimos, a una profunda y desapasionada reflexión.

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