Agrandados, adorados, cabuleros y gitanos

Los jugadores de Brasil ya se sienten en la final; hacen un culto de las supersticiones y viven con extrema naturalidad
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22 de junio de 2002  • 11:34

SAITAMA, Japón.– Son cracks de pura casta brasileña. Son naturales, descreen de las concentraciones, se divierten, se agrandan fácilmente, disfrutan con la adoración que provocan y rinden culto a las más diversas supersticiones. Este Brasil que hace unas horas llegó a Saitama, sede de su partido semifinal, no hace más que potenciar todas las cualidades de una raza futbolísticamente superdotada.

Por cábala, el plantel salió en ómnibus desde Hamamatsu a las 10.18. Rito calcado de su victoria anterior, cuando venció a Bélgica, por los octavos de final. En aquella oportunidad, salió en tren bala desde Kobe exactamente a esa hora. Ahora le ganó a Inglaterra y, como símbolo de su respeto por el azar, repitió los tiempos.

La suerte es, para los planteles brasileños, un objeto de culto (también para otros equipos, pero en esta ocasión lo que nos ocupa es la actualidad del tetracampeón). Así como en la delegación calcularon con exactitud el horario de partida, los máximos astros canarinhos también repiten cábalas periódicamente.

Rivaldo, por ejemplo, lleva debajo de su camiseta oficial siempre la misma musculosa amarilla. Cada vez que marca un gol, revolea la casaca brasileña como La Sole y deja al aire la otra, la supuesta responsable de sus maravillas.

Ronaldo no habla con nadie los días previos a los partidos. Aunque pase por antipático y agrandado cuando camina frente a los periodistas, no dice ni “a”. Así le fue bien hasta aquí.

El tema del agrande es otro que tradicionalmente acompaña a este equipo. No es prepotencia, sino tal vez desmedida confianza en sus condiciones.

Roberto Carlos nos había dicho antes de medirse con Inglaterra que, si Brasil ganaba ese partido, en un “99,9%” iba a llegar a la final.

El lateral-volante-puntero izquierdo no hizo más que resumir lo que piensa todo el plantel. Nadie le da crédito a su rival en las semifinales. Para los integrantes del scratch, ya está fijada la final: Brasil v. Alemania.

Incluso, prefieren enfrentarse con la historia de los alemanes antes que con la supuesta endeblez de los coreanos. Por dos motivos: primero, porque no quieren que se diga que salieron campeones jugando contra nadie. Y después, porque sería la primera vez que estos dos colosos del fútbol mundial se medirían en una Copa. Los atrapa el desafío de una final con más “chapa”.

Tan crecido está el ánimo de Brasil que en el plantel creen que, en realidad, el rival más difícil que podrían tener es... Brasil, justamente. El único temor que los acosa es el de exagerar con la subestimación y que eso los desestabilice.

Para los hinchas japoneses, sin embargo, los jugadores no transmiten pedantería, sino amabilidad. Y es que ésa es otra de las condiciones que definen a una selección de Brasil. Esta no es la excepción, claro.

Cuando los jugadores salieron de Hamamatsu, unos 300 torcedores fueron a despedir a sus ídolos. Recibieron, a cambio, saludos, algún autógrafo y la mejor disposición. En esta ciudad, el lobby del Rafre Saitama Hotel se llenó de curiosos. Más de 500, probablmente. Y todos vinieron a buscar al menos un guiño de sus admirados jugadores. Por supuesto: lo consiguieron.

A los fenómenos no les molesta, resulta evidente. Será, seguramente, porque el show y la desinhibición es parte de su idiosincrasia. No necesitan recluirse en búnkers alejados para concentrarse. Viven de otra manera estos torneos. Los disfrutan sin cargos de conciencia. No los sufren.

En todo el Mundial vivieron como gitanos. Arrancaron en Corea, saltaron a Japón y siempre durmieron en hoteles que cambiaron la noche posterior a cada partido. Fueron nómades. Y nunca patalearon por ello.

Así viven los brasileños a días de su tercera semifinal consecutiva en una Copa del Mundo. Confiados, agrandados, admirados, cabuleros. Herederos de una casta inimitable.

Goza, Felipão, goza

SAITAMA, Japón (De un enviado especial).– Aunque no lo sostenga explícitamente, Luiz Felipe Scolari siente que la clasificación de Brasil para las semifinales es la más linda de las venganzas. Por las críticas, por la desconfianza, por el escaso favoritismo que le habían asignado a su equipo y por el poquísimo crédito que tenía él.

Molesto porque un diario publicó los números de teléfono de su casa y ahora, como medio Brasil llama a sus familiares, él no puede comunicarse con sus seres queridos, Felipão dejó unas definiciones que pintan por entero su estado de ánimo:

  • “Mi filosofía, ahora, es la misma de siempre frente a las críticas: me entran por un oído y me salen por el otro.”


  • “Brasil está en un 70 por ciento, que es un potencial óptimo para un torneo como éste.”


  • “No es un Mundial raro. Los cuatro que están en las semifinales son mejores que los demás. Estamos los que estamos porque trabajamos mejor.”


  • “Es absurdo que muchos digan que ahora Brasil es favorito. Yo respeto al que lo decía hace cuatro meses.”


  • “No es cierto que los torcedores de la seleção quieran ganar y jugar bien en la misma proporción. Lo más importante es ganar. El resultado está primero.”


  • “No creo que nos merezcamos un 9 por estar en las semifinales. Para mí, estamos en un 7 u 8.”


  • “Este Brasil no es maravilloso, pero sí competitivo.”


  • “En cierto modo, haber eliminado a Inglaterra es un regalo para los hinchas de Palmeiras. En el 99, Manchester nos ganó la Copa Intercontinental y eso fue una gran desilusión para ellos, para mí y para algunos jugadores de este plantel como Marcos, Roque Junior y Junior. Es una especie de revancha.”


  • Haber sufrido en las eliminatorias nos sirvió para aprender mucho. Yo estaba convencido de que no íbamos a atravesar otro momento así.”


  • “La clave del gran Mundial de Rivaldo es nuestra amistad, el cariño que nos tenemos. Estamos viendo un nuevo Rivaldo. Le agregó algo más a su juego. Entendió que juega para un equipo.”
  • En Brasil rescataron la garra y el talento

    Garra y corazón, talento y redención. Los medios brasileños saludaron la clasificación a las semifinales de la selección canarinha con comentarios que, de alguna manera, “corrigieron” las durísimas críticas que habían realizado en los últimos dos años.

    “Una victoria de cuerpo y alma”, tituló el Jornal do Brasil, uno de los periódicos de mayor tirada en todo el país.

    El matutino consideró que ahora “Brasil es el máximo favorito del mundo” y que la seleção “superó el descrédito y recuperó su prestigio en el fútbol”.

    O Globo, diario nacional con sede central en Río de Janeiro, comentó con un dejo de ironía que “Brasil despachó a Beckham y Cía”.

    “Ahora sólo faltan dos partidos”, se ilusionó. Y elogió las cualidades que el conjunto que dirige Luiz Felipe Scolari desplegó en el campo: “Fútbol-arte y garra para dar vuelta a los ingleses”.

    Según Folha de São Paulo, el matutino más vendido en todo Brasil, el seleccionado “acertó el equipo”, en un claro elogio al entrenador. También hizo un comentario que resume lo que piensan muchos de los brasileños: “La seleccioncita se convirtió en una selección”. ¿Qué quiso decir? Que el mismo equipo que no había convencido hasta aquí, maduró en el partido más difícil y más importante desde que Brasil cayó ante Francia en la final del Mundial 98.

    Lance!, el diario deportivo nacional, felicitó la tarea de Ronaldinho (“Fue el personaje del partido”, comentó) y resaltó que el equipo “llegó por tercera vez consecutiva a las semifinales”.

    O Estado de São Paulo consideró que fue “una victoria de talento y garra”.

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