Jorge Almirón: el DT que quiere devolverle la identidad a San Lorenzo y sigue agradecido con Mauricio Macri

Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Fernando Vergara
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13 de enero de 2019  • 23:59

Jorge Almirón no suele levantar la voz. En la intimidad es el ‘Negro’, de tono pausado, de andar calmo. Hubo un trabajo detrás: reconoce que hoy está más sereno, ya no tan explosivo. Que piensa las cosas dos veces antes de actuar. Se apasiona, sí, cuando la charla con la nacion gira alrededor de los esquemas tácticos y las ideas. Mueve las manos, gesticula. A lo largo de la entrevista deja en claro por qué el fútbol es un modo de vida para el director técnico que quiere levantar a un San Lorenzo que viene de capa caída. "Me cuesta desconectarme, los entrenadores pensamos las 24 horas en esto. Voy carburando, anoto ideas. Cuando voy en el auto no escucho música, sino que voy armando el equipo. Mi familia ya está acostumbrada", confiesa el entrenador, de 47 años.

–¿Qué le divierte hacer por afuera del fútbol?

–Soy rutinario y estoy bastante tiempo en mi casa. Comparto cosas con mi familia y me comprometo con las labores de la casa. Por la tarde llevo a mi hija a hacer sus actividades. Pero siempre me junto a tomar un café con gente del fútbol. Hay muchos que siempre están pensando de qué forma se puede evolucionar. Yo me divierto de esa manera.

–¿Le gusta leer?

–Sí, aunque ahora hace mucho que no lo hago. Leí muchos libros de fútbol, ya me aburren, ja. Varios trataban sobre Bielsa, Guardiola, Klopp, Sampaoli, Simeone, Osorio. También sobre entrenamiento, mucho de lo mismo. En el último tiempo sumé a Galeano: "Las venas abiertas de América Latina".

–¿A quién escucha por radio o mira por televisión?

–Siento admiración por Alejandro Dolina y veo muchos videos de él, suelo engancharme en YouTube. Me gusta cómo habla, me gusta su parecer. Es muy hombre muy interesante.

–¿Fue una sorpresa cuando el presidente Macri lo mencionó como posible DT de la Argentina?

–Sí, mucho. Yo estaba en Colombia, enfocado en Atlético Nacional. Ese día salí del entrenamiento y tenía muchos mensajes en el teléfono que hablaban del tema. Después vi el video del Presidente, cómo se había desarrollado. Creo que fue algo espontáneo, no inducido por nada, y contestó lo que le pareció de esa manera. No quise hablar del tema porque había alguien trabajando en el cargo. Realmente fue importante, porque al día de hoy me siguen preguntando. Siempre va a tener una trascendencia diferente lo que diga un Presidente, pero desde la AFA nunca nadie me llamó. No tuve la oportunidad de agradecerle a Macri, pero sí se lo hice llegar por gente conocida. El Presidente tiene cosas más importantes que hacer que recibir llamados míos.

–¿Para qué le sirvió haber tomado a San Lorenzo antes del receso?

–De mucho, porque fue útil para conocer más de cerca a los jugadores y a la gente que trabaja en el club, entendiendo la problemática que venía pasando el equipo. Sirvió para ver qué cosas se podían modificar y para que los futbolistas sientan que el club está atravesando un cambio. El plantel se va a renovar, pero yo siento que fuimos aprovechando todo este tiempo.

–¿Le gusta ir armando los equipos con jugadores que ya conoce?

–Los que llegaron saben cómo trabajo, cómo soy y cómo exijo. Y se pueden adaptar rápido a mi manera de trabajar. Gustavo Torres y Raúl Loaiza son jugadores jóvenes, los conozco bien y apostamos por ellos. En la búsqueda de opciones sé muy bien lo que pueden rendir. Y también entiendo que van a funcionar correctamente en nuestra estructura. Lo de Fernando Monetti pasa por una cuestión de gustos. Tiene un estilo de juego que se asemeja a lo que intento como entrenador y sumar su jerarquía es importante. Conozco su profesionalismo y esa ya es una gran ventaja. No fue fácil la decisión, porque Nicolás Navarro tuvo muy buenas tareas, viene de un año importante y yo no quiero boicotear a nadie. Asimismo, no estoy cerrado a que vengan futbolistas que nunca tuve, desde ya.

–¿Qué le gustaría que le suceda a su San Lorenzo?

–Siempre deseo que el plantel logre entender rápido lo que le vamos a pedir en cuanto al juego. Y que de a poco surja la posibilidad de jugar en equipo. Honestamente, no hay muchos objetivos a largo plazo, me gusta vivir día a día, generando vínculos en cada entrenamiento. Cuando nos vayamos conociendo el equipo se va a potenciar y ese es mi objetivo primario. Después veremos para qué estamos. Me tengo mucha fe como entrenador y también confío en los jugadores. Vamos a ser un equipo protagonista.

–¿San Lorenzo es un terreno fértil para implementar su idea?

–Sí, creo que todos los equipos lo son. Tenemos que mejorar como equipo y empezar a sacar resultados. No estamos en una posición buena en la Superliga y eso hubiera sido clave para pelear por algo importante en este semestre. Pero tenemos la Libertadores, que es un aliciente y una enorme motivación. Nos tocó una zona bastante fuerte y complicada. Hay tiempo para trabajar y para intentar jugar como pretendemos. Igualmente, falta muy poco para el clásico contra Huracán y será determinante para motivarnos. No tengo dudas: San Lorenzo se va a ir soltando.

–¿San Lorenzo puede soñar con la Libertadores, comparado con el poderío económico de Boca, River y los clubes brasileños?

– Sí, con Lanús lo hicimos en 2017 y también ahí muchos equipos habían invertido grandes sumas de dinero. El equipo tenía una templanza importante y cada compromiso lo jugaba con convicción. Ese es otro de mis objetivos como entrenador de San Lorenzo. Que cada partido que juegue salga a ser protagonista. Tengo claro que podemos formar un plantel competitivo si llegan algunos jugadores que pedí. Hay muchos clubes fuertes, pero nos tenemos mucha fe. San Lorenzo es un equipo grande y eso siempre es determinante.

–¿Alguna vez negoció su idea futbolística?

–Yo siento el juego de esta manera. Sé que se puede hacer, sé las formas. Lleva trabajo, se perfecciona, se evoluciona. Tuve compañeros que no estaban acostumbrados a jugar de esa forma y con esfuerzo lo mejoraron. Lo implementé en todos los equipos y los jugadores se adaptaron. El partido pasa por muchos momentos y a veces la idea de salir jugando es una parte del juego, después la toma de decisiones es de ellos. Que quede claro: no me caso con la idea de salir jugando. Hay momentos puntuales: con un equipo avasallado, un resultado desfavorable, es ahí donde los jugadores de experiencia determinan si conviene o no salir jugando de abajo o tirar la pelota larga. Ellos entienden los momentos del juego.

Almirón tiene un estilo bien definido
Almirón tiene un estilo bien definido Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

–¿Le gustaría ganar un campeonato ‘como sea’?

–Me tocó jugar finales con equipos que lo hacían muy bien y perdimos. Es algo que tengo muy presente. Un elenco puede tener una idea clara y la puede desarrollar durante todo un torneo, y después en una final la puede modificar. Hay futbolistas que están preparados para jugar definiciones y otros a los que les lleva más tiempo. Es difícil definir el "cómo sea", y es un problema cuando te dicen que la fórmula es ganar o ganar. Pero tengo claro que siempre el equipo que intenta jugar mejor tiene más posibilidades de llevarse el triunfo. Obviamente que eso lleva un tiempo. Yo me siento seguro con nuestra idea.

–¿Eso es lo que llevaron a cabo en la final entre Lanús-San Lorenzo de 2016?

–Sí. Ese equipo tenía una idea clara, entonces nosotros podíamos elegir: atacar, esperar, ser determinantes en la manera de entrar a jugar. Teníamos jugadores de características ofensivas, una estructura que se defendía bien, aptitud para los contragolpes. No fue complicado plantear aquel partido. Yo sabía que tenía un equipo fuerte, lo hicimos valer y los jugadores fueron sorprendentes. Me fui muy orgulloso ese día, porque el plantel hizo propia la idea.

–¿Por qué siente el fútbol como un modo de vida?

–Cuando uno es jugador termina de entrenar y sigue con su vida propia, es normal. Los chicos que están solteros salen y se divierten. De todos modos, no hay que descuidarse. El futbolista tiene que ser profesional, descansar, cuidarse, comer bien y generar hábitos que luego traslade a la cancha. Pero el entrenador nunca se despega del fútbol: piensa en el equipo, en los lesionados, en el mercado de pases. Hay que estar muy atento a todo lo que sucede alrededor. Me cuesta desconectarme, pienso, anoto ideas. Cuando voy en el auto no escucho música, sino que voy armando el equipo. Mi familia ya está acostumbrada, aunque siempre me hago espacios para compartir cosas con ellos.

–¿Su carrera como entrenador fue creciendo progresivamente?

–No lo tomo muy en cuenta. Vivo el día a día, aunque lógicamente no descarto los recuerdos en distintos equipos. Nunca evalué mi trayectoria hasta aquí, no me quiero quedar con eso. Creo que estoy en la mitad de mi carrera como DT y tengo muchas ambiciones por delante. Los momentos pasan muy rápido y siempre hay que estar preparado para lo que viene. Ojo, quizás este pensamiento no sea correcto, porque yo no disfruto del momento. Fíjate algo: empecé a disfrutar la final de Lanús contra San Lorenzo cuando íbamos ganando 3-0. Antes no, lo vivía intensamente.

–¿Le gustaría modificar eso?

–Y, si supiera el resultado final, sí (sonríe).

–¿En cuánto cambió como persona?

–Todos cambiamos día a día. Todos vamos creciendo, madurando. Tomo las cosas con mayor templanza, y más en mi trabajo. Cambié como cambió la sociedad. La pasión es la misma y trato de ser intenso en mi profesión. Antes era muy explosivo, pero ahora soy más tranquilo a la hora de analizar.

–¿Qué es lo más difícil para un entrenador de futbol?

– Que el entorno entienda cuál es el camino. Con el plantel siempre estás cerca y creo que lo entienden. Pero cuando excede ese espacio es más complejo porque ahí hablás de nombres propios y de cosas que pasan en la intimidad. Por momentos, en los equipos hay confrontaciones que incluso sirven para crecer. Varias veces me equivoqué y tuve que pedir disculpas por mis reacciones. Pero siempre actué con el afán de mejorar. Lo que sucede afuera o lo que presumen desde ahí es difícil de explicar.

–¿Se considera un DT antisistema?

–Crecí jugando al fútbol en mi país, siempre fui competitivo, pero mi paso por México me hizo tranquilizar. No estoy de acuerdo con que todo sea una locura, una pasión desmedida. Me fastidia todo lo que sea trampa y sacar ventaja por fuera del reglamento para ganar. No lo discuto, eh, no voy a cambiar nada discutiéndolo. Trato de modificar lo que sí depende de mí. Hago mi trabajo y no cuestiono lo que otros piensen, porque a veces el sistema espera a que te vaya mal para castigarte, y no es justo.

–¿Qué entrenadores le gustan en la Argentina?

–Hay varios que me agradan. Los equipos reflejan lo que son sus directores técnicos. Heinze lleva poco como DT, pero me gusta. No lo conozco personalmente, pero Vélez refleja un trabajo detrás. Beccacece también. Son los dos entrenadores que más me llaman la atención. Los entrenadores de clubes grandes tienen que manejar otro entorno, como los medios de prensa. No tengo admiración por el juego de los directores técnicos de esos equipos grandes.

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