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Arranque en la altura de Bogotá

Objetivos enfrentados: Colombia se conforma con ir al Mundial, y Brasil piensa en adjudicarse la zona
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29 de marzo de 2000  

BOGOTA (De un enviado especial).- De a poco comenzarán a delinearse candidatos, aspirantes, frustraciones, sorpresas. Ayer, al cierre de esta edición, Colombia y Brasil abrían las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Corea/Japón 2002. Y las especulaciones comenzaban a quedar a un lado.

Tanto colombianos como brasileños tienen un objetivo bien claro: clasificarse. Se dirá que eso es lo que todos quieren. Mas no. Venezuela, por caso, se conforma con no ser el último. Y los demás tienen matices dentro de sus objetivos, si bien todos pretenden viajar a Oriente dentro de dos años.

Es el caso de Colombia y de Brasil. Los muchachos de Wanderley Luxemburgo tienen una meta: clasificarse primeros en la zona. Incluso, pretenden mantener su estirpe semiinvencible en las eliminatorias (perdieron un solo partido en toda la historia de las clasificaciones mundialistas, frente a Bolivia, en 1993).

No llegar arriba del resto para Brasil podría ser un fracaso. Ni qué decir, obviamente, de no clasificarse, aunque esta variante no la maneja ni el más fanático antibrasileño.

Para los colombianos, Brasil será el líder continental sin discusión. Lo aceptó Angel, lo confirmó Bermúdez, lo ratificó Rincón. Todos creen que el primero será Brasil, incluso por encima de la Argentina.

El objetivo de Colombia es apenas más modesto. En tiempos de recambio generacional, ya sin Valderrama y con Asprilla autoexcluido, los locales no apuestan a consagrarse punteros en la zona, sino tan sólo a clasificarse. Entienden como un fracaso no llegar al Mundial, pero aceptarían hasta incluirse en la nómina de los que pelearán por el tercero al quinto lugar.

Como se recordará, América del Sur clasificará a cuatro equipos directamente, y a un quinto que deberá eliminarse con el campeón de Oceanía.

En síntesis: si bien los colombianos se sienten la tercera fuerza del continente, como aún no saben cómo responderá un seleccionado nuevo, sin tiempo de trabajo y, encima, sin el líder de la última década, llegado el caso hasta entenderían verse un poco más abajo.

El objetivo, en definitiva, es el mismo: ir al Mundial. Lo que varían son los matices. Porque, por más que el fútbol no es una ciencia exacta, brasileños y colombianos son diferentes. Lo dice la historia, lo ratifica el presente.

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