Anticipando cinco años

Por Alfredo Parga Para LA NACION Deportiva
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27 de diciembre de 2001  

Parecería ser la hora de echar cuentas. De hacer balances. Y solemnemente, adoptando cierto tufillo académico, dictar sentencia. Algo así como esto está bien y aquello otro, no tanto. Arremetiendo como un Quijote del siglo nuevo, el cronista no cabalga sobre el inefable Rocinante, que sigue tan escuálido como varias centurias atrás. Y ni qué decir que tampoco cuenta con los inapreciables servicios del resignado Sancho, para moderarlo en sus renovados delirios.

No. Este cronista, cuando estamos a punto de cambiar el último número del año, comprende que muchas cosas están mudando en el país. Que la velocidad del tiempo es otra. Que hay nubes oscuras en el horizonte que por ahora parecen techar más desenfadadamente al TC 2000. Pero ceñir toda la dificultad del 2002 a una categoría (y sólo una) no deja de ser peligroso.

El automovilismo no es barato. La afirmación no es original. Lo que puede ser nuevo, en todo caso, es afirmar que el mundo que se mueve con las carreras tiene que adoptar renovadas posturas.

Como en la mejor administración pública que se precie, creo que los presupuestos seguirán siendo la piedra filosofal de la disciplina, cualquiera que fuere la categoría en trámite. Y que junto con el reajuste de los números, que nunca será simpático, correrá otro propósito que está ligado con aquel ajuste. El del rediseño de los días de trabajo. El de la moderación de las sesiones de prueba. El del estudio más racional del uso de los autódromos. Y con la mejor intención, pensar qué cosa se puede hacer para tener mejores y más higiénicas carreras, sobre la base de reglamentos que no muestren diferentes varas para medir hechos parecidos o similares, independientemente de los apellidos que porten sus protagonistas.

Los dirigentes que piensen que la actividad está al margen de la transformación en marcha corren el riesgo de perder el último automóvil. Como para que se sepa que uno no exagera, reclamando ahora mismo la actualización de todas estas cosas, está la referencia que durante el año precisó que la F. 1 tiene que mudar a partir de 2007. Para llegar a 2007, faltan cuanto menos, cinco años.

Esto de pensar con cinco años de anticipación es propio de dirigentes que saben que no se puede perder un solo minuto hoy, cuando todavía no empezó 2002. ¿Lo comprenderán nuestros dirigentes?

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