Dos máquinas infernales

La consagración de Michael Schumacher con Ferrari potenció y desató la fiebre por el merchandising; el piloto embolsará unos 100.000.000 de dólares; la venta de remeras, gorros... generan cifras incalculables
Roberto Berasategui
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24 de agosto de 2001  

El alemán Michael Schumacher y Ferrari no tienen rivales ni adentro ni afuera de los autódromos. No sólo festejaron con bastante anticipación los campeonatos de pilotos y de constructores, sino que incrementaron, cada uno por su lado, varias veces las cifras de su merchandising alrededor del planeta. Para muestra vale un botón: este año, las ganancias de Schumy ascenderán a los 100.000.000 de dólares. Pero en la alocada carrera del dinero, Schumacher no marcha solo. Detrás de su imagen se mueve una persona que quizá sea más rápida que el propio piloto. Wilhelm Weber es el representante del gran campeón y el que arma el fabuloso negocio que rodea al piloto de Ferrari.

Conocido como Willi Weber, o “Mr. 20 por ciento” por la parte que se lleva en cada emprendimiento económico, este alemán, nacido el 11 de marzo de 1942, tuvo su pasado deportivo. Durante 20 años compitió en varias categorías de su país, pero con escasas condiciones conductivas.

Siguió ligado al automovilismo en la Fórmula 3 alemana y manejó algunos teams. Pero llegó Michael Schumacher a una prueba del equipo Reynard y la vida de ambos cambió para siempre: “Es asombroso. Realmente me impresionó”, exclamó Weber cuando lo vio correr.

“Apenas había dado tres vueltas y marcó un tiempo excelente. Fue 1s5/10 más veloz que mi piloto de pruebas, Engstler”.

No lo dudó y concretó el mejor pacto de su vida. Y el de Schumacher también. “Esta experiencia me encantó. Es muy lindo manejar un auto de Fórmula 3. Pero no tengo dinero para correr”, le confesó Schumy, con apenas 18 años y todos los sueños por cumplir. Weber le ofreció un contrato a futuro: “No te preocupes. Yo te ofrezco dos años en el equipo y luego vos me otorgás el resto de tu vida”. Ambos sellaron el acuerdo y se estrecharon la mano.

Allí nació la fórmula del éxito. Schumacher arrancó con una campaña brillante, mientras que Weber comenzó a amasar la mayor fortuna que pueda generar un piloto.

El ingreso casi inesperado de Schumy en la Fórmula 1 superó las expectativas. Si bien los campeonatos ganados con Benetton, en 1994 y en 1995, mejoraron el negocio, el ingreso en Ferrari, en 1996, abrió las puertas a fabulosas conquistas económicas. La compañía Pole Position Merchandising (PPM) fabrica y distribuye los productos que se comercializan con la licencia Michael Schumacher Collection. Desde la llegada del alemán a la casa italiana, la facturación trepó a los 25.000.000 de dólares anuales. Pero la explosión generada por el título logrado el año último multiplicó la cifra por tres, mientras que para este año se espera recaudar cerca de 100.000.000 de dólares.

La mano derecha de Weber es Joachim Schafer, que sigue el día a día del multimillonario negocio: “Cualquier producto que tenga la palabra Schumacher vende más. De ello no hay dudas. Nos pasó con los scooters, que antes de Navidad se vendían cerca de 25.000, pero desde que firmó el contrato con nosotros elevó las ventas a 75.000 unidades por mes”.

El mismo Weber comenta parte del éxito: “Siempre el piloto mueve pasiones. Porque la gente se identifica con él. Pero nosotros somos conscientes de que si Michael compitiese para otro equipo que no fuera Ferrari, los números serían distintos. Es posible que si Schumy fuera piloto de McLaren, hoy se vendería todo de color gris, aunque las cifras podrían ser otras.”

Ferrari también pone énfasis al merchandising. Es su principal fuente de ingreso, al margen de la producción de automóviles. La casa italiana no da a conocer los números que maneja de acuerdo con las ganancias que provocan las ventas de distintos elementos, como remeras del cavallino.

Si bien Weber intentó muchas veces unificar criterios con Ferrari para crear un único merchandising, la empresa de Maranello desistió de la propuesta. PPM pagaba por usar al cavallino rampante en los gorritos de Schumy. Hasta que la Michael Schumacher Collection y Ferrari sacaron a la venta productos en conjunto, con la licencia de ambos.

En 1993, Weber ofreció a la casa italiana manejar la licencia de los gorritos a Ferrari, ya que los que utilizaban Ayrton Senna y Nigel Mansell marcaban el rumbo en los negocios detrás de los boxes. Los italianos se negaron. Y Weber negoció con la empresa Dekra (servicio técnico para automóviles en Alemania) para dedicarse a la confección y la comercialización de los caps de Schumacher. En la actualidad se fabrican más de 1 millón de unidades, siendo el producto más vendido.

La casa central de PPM está en Dierdorf, una localidad ubicada entre Francfort y Colonia, donde se venden 5000 productos diarios. En la actualidad hay más de 200 productos bajo licencia Michael Schumacher Collection y la mayoría sevende por Internet. Desde lápices hasta scooters, pasando por elementos escolares, remeras, ositos, autitos a escala, anteojos, pastillas, calzoncillos, embutidos, crema de afeitar, aparatos para gimnasia y monopatines, la figura del alemán es un imán para el consumo.

Es más, hace pocos días se firmó un contrato con la legendaria firma de motocicletas Harley Davidson: se construirán 50 motos con los colores rojo, amarillo y negro y costarán cerca de 75.000 dólares cada máquina.

Weber, en tanto, mira más allá. El negocio Schumacher transita por sí solo y el empresario ya piensa qué sucederá cuando el campeón se retire de las pistas. Por el momento apuesta a Ralf, a Jenson Button (“el mercado británico es muy fuerte”, confesó) y a la gran promesa: Kimi Raikkonen, su gran meta. El chico de Finlandia apunta a tomar la posta que algún día dejará Schumy, y Weber, más veloz que ningún otro, no quiere quedarse fuera de la vanguardia de la Fórmula 1.

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