La FIA está de oferta y remata

Daniel Meissner
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3 de mayo de 2003  

Las cartas están echadas y no existe alguien dispuesto a barajar para cambiar la suerte del prójimo. El destino ya parece haber dejado su marca: la temporada 2003 de la Fórmula 1 transitará dos andariveles bien definidos. El deportivo -bastante atrayente hasta ahora, con tres buenas carreras sobre cuatro disputadas-, y el político, sobre el que descansan (o recrudecen) los enfrentamientos y las controversias entre la Federación Internacional del Automovilismo y los equipos, los pilotos, la gente...

No obstante, así como en su momento la FIA se mostró incólumne ante los ataques de los equipos por sus cambios reglamentarios, hoy, la misma entidad ofrece una flexibilidad que navega a dos aguas entre su propia vulnerabilidad y el reconocimiento sistemático, uno tras otro, de sus gruesos errores.

La nueva perla de la novela es el acuerdo entre la FIA y los diez equipos de la categoría para mantener el control de tracción en las máquinas durante 2004, algo que los teams pedían a gritos por el dinero que invirtieron para su instalación.

Una vez más, cedió la FIA, que se dio cuenta de algo que muchos descubrieron hace bastante tiempo y que ellos no supieron ver: la Fórmula 1 es cara. Así, sin vueltas.

Borrar de un plumazo el cuestionado control de tracción, que le da una mano al piloto en el arranque, no era cosa sencilla para los equipos. A nadie seducía tirar por la borda tanto estudio, tanto trabajo y tantos dólares empeñados en mejorar las máquinas.

La FIA reflexionó. Pensó en los desaparecidos equipos Arrows y Prost, desvastados por la cruel economía, e intuyó que podían ser los primeros difuntos de una nómina con tendencia creciente. Y retrocedió en sus locas ideas. De hecho, a nadie les agrada que hoy sean sólo veinte los coches en la grilla de cada gran premio. Y si les siguen haciendo gastar dinero inutilmente a todos, el final es previsible.

El fantasma de la desaparición de algún otro team (Minardi y Jaguar no viven precisamente en una panacea envuelta de billetes) les puso los pelos de punta a los regentes del show. Y reconocieron que no hay nada mejor, en plena crisis, que bajar los costos. Tanto, que casi es un hecho que el año próximo cada piloto sólo podrá utilizar un motor por fin de semana. Déficit cero.

En síntesis, la FIA sigue de remate. Esta vez actuó sin caprichos, con austeridad y escuchando al damnificado. Pero volvió a cambiar de caballo en el medio del río. Y ya son varios los que utilizó para atravesar la marea que más castiga al ente rector: la de sus propias intermitencias.

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