La velocidad, la unión y la fuerza

Roberto Berasategui
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26 de mayo de 2003  

Mucho se habla de la unidad nacional. Los mensajes provienen desde el ámbito político, donde justamente no se aporta a con el ejemplo aquellos discursos que suelen mostrarse en favor de la concordia. Dirigentes de otros ámbitos también caen en el mismo error.

No es casual escuchar historias de argentinos que triunfan en el exterior y que a la vez reniegan por las malas experiencias que pasaron en su propio país, que no contaron con el apoyo debido y otras yerbas.

El automovilismo, fiel reflejo de todas esas vivencias, reitera el mismo error. El fin de semana fue inolvidable para Esteban Guerrieri, un chico de Ramos Mejía, que con sólo 18 años ganó las dos carreras del Master de la Fórmula Renault Europea (ver Pág. 19). Se estima que allí compiten varias de las grandes estrellas internacionales del mañana.

Como todos los pilotos argentinos que se lanzan al exterior, si no son apoyados por un emprendimiento aislado, no salen. En este caso, Guerrieri está solventado por el Lincoln Sport Group, el mismo que catapultó a José María Pechito López al automovilismo europeo.

Ante la falta de iniciativa por parte de la única entidad que puede respaldar las proyecciones internacionales de los jóvenes talentos, el Automóvil Club Argentino -que ahora abre una nueva era, con la asunción como presidente del doctor Juan Manuel Sandberg Haedo-, los intentos personales sólo suman frustraciones a largo plazo.

Mientras Guerrieri suma y sigue (solo) en Europa, los brasileños (el recurrente ejemplo por imitar) siguen copando el automovilismo mundial.

Sólo bastó observar ayer las míticas 500 Millas de Indianápolis, la carrera más importante del mundo, con más de medio millón de personas en el autódromo. El podio fue brasileño: ganó Gil de Ferrán, seguido por Helio Castroneves y Tony Kanaan.

Hace ya siete años, Castroneves y Kanaan compartían el equipo latinoamericano de Indy Lights junto con José Luis Di Palma, que venía de ganar la corona de la F. 2 británica. Pero el argentino estaba relegado. No contaba con el mismo apoyo que sus pares brasileños.

Bravo por Guerrieri, como muchos de los chicos que salen a mostrar su talento. Aunque años después paguen con sus ilusiones las diferencias que sostienen los dirigentes de turno, que sin ruborizarse promocionan, como si fuese un avance, la llegada de estos chicos a las categorías nacionales.

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