

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Se lo ve más desenvuelto a Christian Ledesma. Al menos es mucho más simpático que aquel piloto que se asomaba en el automovilismo argentino, siempre protegido por el casco y sino eludiendo a los hinchas, a la prensa, a todos. "Cambié bastante. Siempre fui muy introvertido. Por eso valoro el trabajo hecho con el psicólogo. También el apoyo de mi esposa, Jackie, que me dio confianza no sólo en lo conductivo, sino también en la vida", comenta el flamante campeón de Turismo Carretera, el que definió el certamen tres fechas antes de la finalización de la temporada. Y lo obtuvo con la contundencia desplegada durante todo el año: se impuso con firmeza en San Luis, donde se convirtió en el nuevo monarca de la popular categoría.
-A medida que pasa el tiempo voy tomando conciencia de esta situación. En el autódromo, me cayó la ficha a tres vueltas de la bandera a cuadros. Antes no había pensado en el título. Luego llegaron los festejos con el equipo y más envergadura tomó todo esto cuando llegué a Mar del Plata y me prepararon una gran celebración al lado del casino. Creo que lo valoraré en el futuro.
-La verdad es que me podría retirar. Ya estoy hecho. Fui campeón de las dos categorías más importantes del automovilismo nacional. En 2004, en el TC 2000; ahora, en el TC. Apenas tengo 31 años. Hace 13 años que corro en distintas categorías. ¿Qué más puedo pedir?
-Fue extraño que un piloto tan frío como vos te hayas emocionado tanto en San Luis.
-¿Sabés por qué me emocioné? Cuando llegaba a la bandera a cuadros vi la imagen de mi papá que se reía y que festejaba conmigo. Eso me quebró. Fue muy emocionante para mí.
-Tu papá, Omar, fue el gran responsable de que te volcaras al automovilismo.
-Sí. Mi familia es de clase media. No sobraba nada. Y mi papá me apoyó para correr en karting. Pero siempre faltaba presupuesto, todo se hacía muy duro.
-Se ahorraba todo. Y yo trabajaba de mozo, en Manolo. Hasta que surgió la primera posibilidad para correr y fue el mismo restaurante que me brindó su apoyo.
-Al margen de tu papá, ¿qué otras imágenes aparecen en el instante de la conquista?
-La de todos aquellos que me ayudaron desde los comienzos. En especial, la de Guillermo y Raúl Kissling. Ellos me enseñaron muchísimo, fueron mis maestros en el automovilismo.
-Justamente, Guillermo sostiene que vos tenías excelentes condiciones para triunfar en el automovilismo internacional.
-Me quiere mucho... Fui a probar un Fórmula 3000 en Italia y le saqué dos segundos al brasileño Bruno Junqueira bajo la lluvia. Luego, me despisté. Pero lo más importante es que debía reunir casi un millón de dólares, y yo no tenía ni para comer.
-¿Cuál fue tu mejor carrera en una temporada en la que conseguiste cinco triunfos en el TC?
-La victoria de Balcarce. Porque arriesgué mucho más de lo normal, porque se resolvió en los últimos metros (contra el Ford, de Juan Manuel Silva), porque fue una inyección anímica fundamental y porque había mucha gente de Mar del Plata. Fue inolvidable.
-Sostenés que el psicólogo y tu esposa te ayudaron. ¿Cuáles fueron los aspectos más importantes de ese apoyo?
-Cambié en cuanto a las presiones, que ahora no me llegan. Trato de tomar las cosas en su justa medida.
-En el TC 2000 peleás el título con tu compañero, Matías Rossi. ¿Te sentís favorito?
-No. Tengo posibilidades, porque el equipo Chevrolet oficial está muy fuerte. Pero mi rival es también mi compañero de equipo.
-No, soy el que cuenta con el mejor equipo.
Los motores de Jorge Pedersoli son sinónimo de éxito. Obtuvo títulos de la mano de Francisco Espinosa, Roberto Mouras, Juan María Traverso y Guillermo Ortelli.
Si de chasis se trata, Alberto Canapino acumula campeonatos. El de anteayer fue el séptimo. Los anteriores los obtuvo con Juan María Traverso, Guillermo Ortelli, Juan Manuel Silva y Norberto Fontana.
Los dueños del equipo Haz son Fernando Hidalgo y Alejandro Masas, representantes de futbolistas. Los padrinos del team son Juan Sebastián Verón y Hernán Crespo.




