Ortelli marca una era en el TC

El piloto de Salto logró el tricampeonato, con Chevrolet, en la categoría más popular de nuestro país; en 1998 se consagró como el ganador del título más joven de la historia, con 25 años, y ahora acumula coronas
Roberto Berasategui
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4 de diciembre de 2001  

RIO GALLEGOS.- No siempre se es consciente cuando la historia pasa por las narices. Quizá sea el tiempo el encargado de dar forma a las conquistas. Cuando el vertiginoso andar de una actividad le da paso a ese instante de reflexión y se pasa revista a los esfuerzos por el logro obtenido. Guillermo Ortelli ganó la tercera corona del Turismo Carretera, una cifra alcanzada por Roberto Mouras y Oscar Castellano, y la historia del automovilismo le otorga una generosa ubicación a su figura. Como cuando debutó y ganó en Buenos Aires, en 1994, o cuando se convirtió en el campeón más joven de la historia, a los 25 años, en 1998.

El título alcanzado anteayer aquí, a bordo del Chevrolet, fue inesperado para el gran público. Los 15 puntos de ventaja que le llevaba Omar Gurí Martínez volcaban los pronósticos en favor del entrerriano. Pero el representante de Chevrolet se mostró firme y revirtió la situación.

"Estoy muy feliz porque el equipo tuvo un temple admirable. A mediados de año no sabíamos para dónde ir porque teníamos un auto que no alcanzaba nuestras expectativas, pero por suerte todo tuvo un final deseado. Ese es el verdadero sabor del triunfo: haber vencido los obstáculos", comentó Guillermo Ortelli, que se quedó un día más en Santa Cruz para visitar el glaciar Perito Moreno.

-¿Cómo se explica que el coche funcionara tan bien, pese al lastre, en un circuito tan exigente?

-Creo que la clave del fin de semana fue la clasificación. El auto que me entregaban Sandro Crespi y Jorge Pedersoli siempre fue contundente, pero no podíamos ser competitivos en la clasificación. Esta vez, en la prueba cronometrada del sábado nos ubicamos adelante y de ahí en más pudimos defender nuestra posición. Creo que en la única carrera que no fuimos competitivos fue en Olavarría, nada más.

-Pero el título no dependía sólo de tu actuación.

-Exacto. Por más que hubiese ganado, si el Gurí llegaba entre los primeros, el campeonato se lo llevaba él. Claudio Bisceglia ganó muy bien y nosotros aguantamos el segundo puesto.

-¿Qué sensación te deja el título ahora?

-El festejo fue más efusivo porque, de los tres campeonatos, en esta definición fue la única que llegábamos en desventaja.

Papá Hugo quería que fuese contador. En la escuela siempre fue muy buen alumno, y el sueño de la familia era que Guillermo fuese un destacado profesional. Pero la sorpresa mayor fue cuando la elección de ese joven aplicado apuntó al automovilismo.

"Si me hubiese hecho caso, hoy quizás estaría encerrado entre cuatro paredes y posiblemente eso no lo hubiese hecho feliz. También podría haber elegido ser futbolista. El era el número 9 de Sport, en Salto, y era muy bueno. Además de ser habilidoso, era goleador", recordaba Hugo.

"Mi verdadera pasión es el automovilismo. Cuando tenía nueve años dejé la pelota por el karting", agregaba Guillermo, que admitió: "Mi primera carrera en la Fórmula Renault no la disputé porque no logré clasificarme. Fui un desastre".

-¿Cómo se consigue tanta paridad con el auto al agregarle kilos de lastre?

-Contamos con un motor muy potente, como el que desarrolla Pedersoli, y Sandro siempre encontró el mejor camino en la puesta a punto. Nosotros fuimos los únicos que sumamos puntos en todas las carreras. En Rafaela sumamos sólo un punto, pero sirvió. Ese rendimiento hace que sobre el final de la temporada uno esté en condiciones de pelear por un título.

-¿Y si no lo ganabas?

-No me cambiaba en nada. Yo estaba seguro de que lo íbamos a conseguir. Pero una maniobra te puede dejar con las manos vacías. Si a mí se me rompía algo en la última vuelta o pinchaba un neumático, el campeón era el Gurí. Por eso digo que tanto el equipo de Martínez como el mío hicieron las cosas muy bien, al margen del resultado final.

-Sorprendió tu festejo porque no sos de expresar tus sentimientos.

-Puede ser. No soy un tipo sanguíneo.

-Marcos Di Palma decía que vos y el Gurí son "dos pecho frío".

-Sí, es parte de su forma de ser. Yo jamás reaccioné ante los gritos de los hinchas de la marca rival. O en la época de Traverso, que cuando peleábamos por el título de 1998 hacía declaraciones para que yo le contestara. Pero nunca lo hice.

-¿Te enterabas en la carrera sobre la posición del Gurí?

-Me informaron por la radio que el Gurí se había despistado. Pero no debía perder la concentración. La carrera se termina cuando se baja la bandera a cuadros.

-¿Por qué siempre repetís los dichos de Fangio?

-Porque es mi ídolo y fue el más grande de todos los tiempos. Además de ser un ejemplo de humildad, nadie lo igualará en el mundo.

-¿Cómo será la próxima temporada para vos?

-En el Turismo Carretera seguirá todo igual. Este equipo lo armamos a principios de 2000, con Crespi y Pedersoli, y alcanzamos dos títulos. La verdad es que no le puedo pedir más nada. En cuanto al TC 2000, supongo que seguiré en el equipo de Víctor Rosso. Ese team me dio la posibilidad de ingresar a mediados de año, por el conflicto del ACA y la ACTC, por lo que tiene la prioridad.

El tiempo, de forma inexorable, dejará atrás esta conquista. Y en el futuro se hablará de la era de Guillermo Ortelli en el TC. Cuando la historia se encargue de ubicar en la real dimensión el tricampeonato.

El equipo ganador

Detrás de la figura de Guillermo Ortelli se ubican los responsables de la máquina que llevó al piloto de Salto a la gloria: el chasista Sandro Crespi y el motorista Jorge Pedersoli. "A principios del año último nos juntamos y mal no nos fue. El secreto de nuestro éxito fue el trabajo parejo efectuado durante toda la temporada y el espíritu de grupo que existe en el equipo. Ese factor fue fundamental para ganar los dos campeonatos", comentó Crespi.

Pedersoli mantiene su perfil bajo: "Festejo con cautela porque este es mi trabajo, y hago lo que debo hacer. Además, los motores ya no son muy importantes. Antes, cuando se corría en la ruta, sí eran carreras de motores. El 80 por ciento de un triunfo era por el impulsor. Ahora toda la responsabilidad corre por cuenta del piloto, por supuesto, y del chasista. Ahí está la clave".

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