Perfil de un elegido

Con un permanente espíritu de lucha y de sacrificio para lograr sus metas, el español llamó la atención de Flavio Briatore, que le vio una gran personalidad
Con un permanente espíritu de lucha y de sacrificio para lograr sus metas, el español llamó la atención de Flavio Briatore, que le vio una gran personalidad
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26 de septiembre de 2005  

SAN PABLO (De un enviado especial).- Fue en el paddock de Hockenheim, Alemania, en 2003. El clima en el equipo Renault no era el mejor. Fernando Alonso no había dejado pasar a su compañero, el italiano Jarno Trulli. Había desobedecido la idea del equipo, comandado por Flavio Briatore. Tras la competencia, el team manager reunió a los dos pilotos en el búnker del equipo francés y trató de poner las cosas en su lugar. Pero el español fue quien sorprendió a todos.

En realidad, lo que se dijo allí quedó entre los tres. Pero los ademanes hablaron por sí solos. El asturiano, de sólo 22 años en ese entonces, pegó tres gritos y golpeó el puño contra la mesa. Estaba clarito que no aceptaba perder un puesto en la pista. Se levantó y se fue enfurecido, dejando boquiabierto al poderoso Briatore.

A diferencia de lo que muchos creían, que la relación entre el novato piloto y el dirigente se iba a resquebrajar al contrario. Cuentan los allegados al equipo que esa actitud alegró a Briatore, y que allí se convenció de que estaba frente a un futuro capeón. O, al menos, alguien con un espíritu y una personalidad necesarios como para anhelar la corona. No se equivocó. Así como lo hizo con Michael Schumacher cuando lo llamó a Benetton, llevó de la misma forma a Alonso al estrellato.

Esa actitud arrolladora se la inculcó don José Luis, el padre del nuevo campeón, que siempre soñó con representar a Oviedo a través del karting, pero los escasos recursos económicos no le permitieron concretar el sueño y fue así como se conformó con administrar su taller mecánico en esa ciudad asturiana."Hay que luchar por lo que uno quiere y no dejarse llevar por nada. Sacrificarse y pelear por sus objetivos y demostrar las ambiciones". Con ese mensaje como principal premisa, Fernando Alonso arrancó en el mundo del automovilismo.

Llamó la atención en la Fórmula 3000, con el equipo Astromega, y luego pasó al empobrecido equipo Minardi, en 2000. Pese a las limitaciones del team, el español se las ingenió para deslumbrar dentro de las pocas posibilidades.

"Alonso es una gran estrella. Yo no tengo dudas de que en el futuro ocupará el lugar que hoy ostenta Michael Schumacher". El elogio fue nada menos que de Bernie Ecclestone, el máximo dirigente de la Fórmula 1. No suele repartir elogios. Pero el empresario sabía lo que decía.

Amante del fútbol, como Schumy, solía participar en "picados" detrás del patio de boxes en aquellos países que poseen una firme tradición futbolera, como Brasil. "Siempre es bueno extender las piernas", decía con una sonrisa que no lo abandonaba, cuando las presiones no eran las mimas que tan bien lleva hoy en día. En definitiva, el mundo del deporte ya puso los ojos en él.

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