Ponce de León: una victoria grabada a fuego

El campeón largó 19° y llegó a la punta con su Ford tras superar a Diego Aventín, que completó el uno-dos
Roberto Berasategui
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26 de abril de 2004  

VIEDMA.– El nuevo TC 2000 se empecina con grabar a fuego competencias que son inolvidables. Sucedió hace 21 días en General Roca, donde Christian Ledesma dominó con el Chevrolet una prueba especial, por el significado de arrancar una nueva etapa en la categoría. Esta vez, las grandes emociones se vivieron en la vereda de enfrente. El clásico rival, Ford, gozó de una victoria sensacional, que quedará impresa en la memoria de todos y en el corazón –al igual que el marplatense en aquella ocasión–, del campeón, Gabriel Ponce de León, que protagonizó una recuperación inusual.

El Focus que lleva el número 1 en sus costados partió desde la 19a posición en la final, después de un sábado paupérrimo y de una serie menos afortunada aún. Sin embargo, apeló a su entrega y a su orgullo, aprovechó las bondades de un auto preparado con sabiduría por el Berta Motorsport, y se llevó un triunfo inesperado en el autódromo de la capital rionegrina, que se inauguró con la brillante actuación del piloto oficial Ford, con más de 25.000 testigos en el flamante complejo.

En realidad, el equipo cordobés fue responsable de los vaivenes de Ponce de León. "Es el piloto por vencer", sostenían sus rivales tras los entrenamientos matinales de anteayer. Permaneció adelante en la clasificación y un error grave de sus colaboradores (atendieron el Focus bajo el régimen de parque cerrado, previo a la Súper Clasificación) lo retrasaron al fondo de la grilla, cuando en realidad ya tenía asegurada la sexta ubicación.

Como si fuese poco, en la serie, con una falla eléctrica, Ponce de León largó desde los boxes y en medio de la polvareda que produjo el tránsito de los coches encima del cemento que disimulaba el aceite regado en la pista, se llevó por delante a Roberto Corletta (Honda). Averiado, el Focus llegó con más penas que gloria al box.

Un sabor agridulce se degustaba en el equipo Ford, ya que el otro piloto oficial, el debutante Diego Aventín, dueño de la pole position, dominó con comodidad la serie, disimulando su falta de pericia para largar con partida detenida. En la final, los Focus "tenían rodeados al TC 2000", con el debutante adelante y el experimentado campeón atrás.

Aventín volvió a desaprovechar la largada y luego demostró su talento para recuperar la vanguardia, más si se recuerda que llegó a su debut con apenas 20 giros en Alta Gracia.

Desde atrás, Ponce de León recuperaba terreno. En el medio, abandonaron los Toyota de Norberto Fontana (filtro de aceite) y de Nicolás Vuyovich (semieje), los Renault de Luis Belloso y de Juan Pablo Satorra (motor), problemas similares en los Honda de Juan Manuel Silva y del debutante Maximiliano Merlino, mientras que Martín Basso rompió el radiador por un toque. Y la transmisión del Peugeot 307 amargó el cumpleaños número 31 de Guillermo Ortelli.

Sin orden de equipo, Ponce de León superó a su novato compañero y concretó la mejor carrera de su vida. Una remontada espectacular, la segunda que el TC 2000 recuerde en su cuarto de siglo de historia. La mayor fue la que protagonizó el "Gurí" Martínez, con un Toyota, en Paraná, en 2002, que largó 21ero y ganó con brillo propio.

La victoria del piloto de Ford quedará grabada a fuego para los rionegrinos, que estrenaron un sensacional autódromo, y en el corazón del campeón, que edificó su mejor obra dentro del automovilismo nacional. ¿Cómo poder olvidarla?

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