Ross Brawn: el ideólogo de Ferrari

(0)
25 de junio de 2002  

Probablemente, mucha gente se pregunte en dónde se han originado la evolución y el éxito de Ferrari en los últimos tiempos. Aquí está presentado el hombre clave, al que hay que seguir entre líneas, para encontrar el fundamento de una superioridad que por ahora aparece indestructible.

Una parte de la leyenda dice que Michael Schumacher conoció a Ross Brawn en Benetton. Y que desde que comenzaba su relación con Ferrari, se hacía el pronóstico de llevarlo a Italia.

Otra parte de la misma leyenda rechaza la gestión del alemán. De plano. "No; Brawn, antes de llegar a Benetton, había marcado su sello en Williams, primero y en los sport prototipos de Jaguar, después. Además, es un señor de muchas luces como para llevarlo de la nariz de aquí para allá. ¿Sabe usted que eso de ser campeón del mundo es cosa vieja para él?"

¿Quién puede establecer dónde se agota la realidad y dónde empieza la fábula?

¿Quiere usted certidumbres sobre este profesional que maduró científicamente en el Atomic Energy Research Establishment, de Harvell, después de orientarse en la escuela de Reading? Anote ésta, para orientarse: tiene 48 años. Le faltan doce para jubilarse. Está en la cima con el cargo fundamental en Ferrari. Su contrato terminará -si termina- el 31 de diciembre de 2004. Después, verá qué otra cosa hace si llegara a dejar Ferrari. El británico Ross Brawn, el estratego de la casa italiana, prefiere pensar en el presente. Adivinanzas de futuro no son plato fuerte para este "científico" del deporte que orienta su trabajo en cosas simples. Empezando por escuchar a todos los hombres de su equipo.

No esconde su estrategia. Como toda la gente capaz, no disimula sus planes. Y predica.

"Llevo un cuarto de siglo en este mundo fascinante de la competición. Cuando hoy repaso la gente que me rodea, advierto que, como llevamos un tiempo trabajando juntos, no solemos perder tiempo en divagaciones. Vamos al centro. Un ejemplo: está conmigo Rory Byrne, un excepcional diseñador de autos. Tan capaz como Adrian Newey, la joya de McLaren.

"Cuando una Ferrari no funciona como tiene que hacerlo, Byrne no ncecesita que yo lo convoque más temprano a la fábrica. Eso no se me pasa por la cabeza. Yo sé que en cuanto regresemos del circuito, Byrne reunirá a su gente, preguntará qué cosa pasó, pedirá la opinión de todos, balanceará su propio juicio y tamizada la solución, simplemente tomará el teléfono de su escritorio para pedirme unos minutos y darme cuenta de su solución. Eso es trabajar ordenadamente. Eso no lo hacen otros equipos. Esa es nuestra valija."

En una de ésas, Brawn le permitirá intercalar la pregunta. Si está de buen talante, ¿no?

-¿Es que hay equipos que no trabajan tan ordenadamente como ustedes?

Así es. Mientras en Ferrari la toma de decisiones es una línea recta que no anda con vacilaciones, hay equipos que tienen más de un capataz de órdenes. Y entonces, nace la confusión. El va y viene de la orden. La vacilación. La pérdida de tiempo. Vea: advierto que en McLaren hay más de un capataz. A veces ordena Dennis; a veces, Newey. Mire usted cómo anda Mc Laren...

Usted anota la referencia. Y quiere saber cuánta influencia tiene el primer piloto del equipo en el trabajo de la casa de Módena. El tono de Brawn no se altera en absoluto. Mide las pausas y consigna:

"Michael es un muchacho muy duro. Empieza por ser muy duro consigo mismo. No se perdona nada. Pero tampoco nos perdona nada a nosotros. Cuando alguna cosa no anda, está encima mío hasta el hartazgo. Me acosa. Procura que se junte el equipo. Y habla con todos los que lo integramos. No deja un solo detalle por analizar. No ve las cosas como un triunfo suyo. Ahí está el secreto: su triunfo es el triunfo del equipo. Pensado en conjunto..."

Si usted transporta esta reflexión -pongamos- a la situación de un país, salvando las distancias, se dará cuenta que el automovilismo de la más alta competición del mundo es una obra que no permite solitarios. ¿Qué le parece?

MÁS LEÍDAS DE Deportes

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.