Un rival menos para Ferrari

Daniel Meissner
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23 de abril de 2004  

Cuando Norbert Haug, responsable de los motores Mercedes que equipan al team McLaren de Fórmula 1, dijo que "nuestro objetivo en Imola es terminar la carrera", buena parte de la expectación por el primer GP europeo de la temporada se desmoronó como un castillo de naipes.

Es que el grandote alemán mostró que su santa paciencia, como la de cualquier mortal, tiene su límite. Y justo en los días en los que la imagen de Ayrton Senna (hombre referente de la marca si los hubo) se acrecienta como una caprichosa leyenda, su recuerdo cae como un mazazo que aplasta más todavía la mediocre actualidad de McLaren. Senna era la gloria y el deleite, lo sublime y lo mágico. Cualidades que a los oídos de Haug, Ron Dennis y compañía, incluidos los pilotos David Coulthard y Kimi Raikkonen, retumban como lejanas e inalcanzables en medio de tanto desconcierto. Deshilachadas para un milenio que le devolvió a las Flechas de Plata su imagen más descolorida.

La revista alemana Stern entrevistó a Haug y abrió la nota con una concluyente frase del reporteado: "Nuestro proyecto fracasó". Casi todo dicho. O sin el casi. Porque en Alemania (país-búnker de las penurias de McLaren, por ser la patria de Mercedes), otro diario, el Frankfurter Rundschau, refiriéndose al despido de Hans Maik, director de Mercedes-Ilmor, habla de "el primer sacrificado". Maik viene a ser algo así como el chivo expiatorio que inició la depuración de filas, que podría seguir en las próximas horas con Werner Laurenz, el motorista llegado este año desde BMW.

Demasiado conventillo para un equipo que se ufana de ser (o de haber sido) hiperprofesional. Se sabe que en la Fórmula 1, cuando una escudería lava afuera los trapos sucios de adentro, nada vuelve a ser en su seno como era antes. McLaren ya lo hizo y, potencialmente, ello terminó de desintegrarlo para la lucha por el título.

El camino de Ferrari se sigue allanando, como si hiciera falta. Puede sonar aventurado, pero la ilusión de las Flechas se hizo humo como los motores que rompió Raikkonen en Melbourne, Sepang y Barhein. Mientras el recuerdo de Senna está más vivo que nunca, McLaren no le rinde a su hombre-símbolo el mejor de los homenajes, precisamente.

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