Un sobresalto de madrugada

Por Alfredo Parga Para LA NACION
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29 de abril de 2004  

Me desperté sobresaltado. Encendí la lámpara del cuarto. Traspiraba. Seguramente, la inopinada "detención en boxes" obedecía a la acumulación de vivencias de las últimas horas. El GP en Imola, el décimo aniversario de una muerte frustrada, las declaraciones de testigos fundamentales -que no eran las mismas que habían hecho esos testigos diez años antes- dotaban a mi subconsciente de un timbre de alarma para que yo volviera a estar allá. Y no acá.

Me preguntaba yo al rato de dar las 3 de la mañana. Muy poco tiempo atrás se ordenaba la reapertura del proceso judicial en Italia. Aquel movimiento regular en su legislación ¿tenía algún significado especial en esta historia? Chocaba con la sabiduría del dicho cargado de tiempo, anticipando que "nunca segundas partes fueron buenas". ¿Lo iban a ser esta vez?

Y además, se aplastaban las declaraciones con algunos pilotos de ese ayer, periodistas y funcionarios deportivos protagonistas el 1° de mayo maldito, resumiendo su juicio en un par de líneas que no siempre venían a ser del mismo tenor de las que yo almacené a partir de entonces. Hinchando de a poco un legajo en el que trataba de acumular todo cuanto se publicaba sobre aquel misterio sobre ruedas en una búsqueda sin ínfulas de investigación para quien como yo, a miles de kilómetros de aquel momento, abarcara con la intención de iluminar lo que para muchos, vecinos a ésto, apareciera impregnado de duda. Cuando todo se veía negro. O no se veía.

¿Cuál era la razón para que por estos días aparecieran declaraciones de Alain Prost, sobre una supuesta traición del brasileño al llegar a McLaren? ¿No había podido formularlas antes? ¿O es que no convenía que fueran formuladas? Además, nunca consideré de buen gusto, siquiera, atacar la memoria de un ausente definitivo que no puede replicar. Eso ¿no viene a ser como golpear a quien está caído?

Y sumaba recortes de revistas europeas, ocupándose el 1° de mayo, como si fuera el hecho de una actualidad expuesta a la arbitrariedad de los medios. Sin descartar el último libro que habla de sus "borracheras" en los momentos más eufóricos o depresivos de su vida.

Sé que me desperté sobresaltado. Que más allá de las 4 de la mañana, cuando apagaba la luz, mi subconsciente continuaba procesando todo esto casi implacablemente. Con más preguntas que antes. Como si, a mi pesar, estuviera poniendo distancia de Imola.

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