Avasallante: la Argentina impuso su jerarquía y se lució ante Chile

Juan Sebastián Verón fue el eje del equipo nacional, además de marcar dos goles; el mejor partido de la era Bielsa.
Juan Sebastián Verón fue el eje del equipo nacional, además de marcar dos goles; el mejor partido de la era Bielsa.
Cristian Grosso
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30 de marzo de 2000  

Función de estreno como para convencer hasta a los más escépticos y goleada por 4 a 1 como para dejarse llevar por las candilejas del optimismo. Por eso se produjo el reenganche del público con la selección; por eso más que justificados los aplausos que cerraron la noche en el Monumental.

Resumidamente, en su primer paso en las eliminatorias, la Argentina convenció por fútbol, adrenalina y categoría, sobre todo cuando la pelota se juntó con el inspiradísimo Verón.

Se esperaba ver un equipo argentino agresivo y buscando con decisión los últimos metros del rival; se vislumbraba que Chile iba a adoptar una postura poco ambiciosa, con extrema preocupación por resguardar a su arquero Ramírez. No hubo nada sorprendente en ese sentido.

Lo realmente asombroso fue la facilidad que tuvo el equipo nacional para llenar de situaciones de real peligro el área chilena. Que la primera etapa haya terminado sólo 2 a 1 en favor de la Argentina únicamente puede explicarse en la ausencia de gol, en la falta de alguien con puntería y frialdad en el momento de concretar.

Con Juan Sebastián Verón convertido en eje y conductor, todo resultó más fácil. Por sus pies pasaron los mejores intentos de la Argentina en esa etapa inicial. Y, también, llegó el segundo gol, una categórica demostración de calidad y contundencia de la Brujita, porque luego de un par de rebotes por rematar al bulto (Simeone y Kily González), Verón despachó el derechazo bajo y letal frente a un arquero chileno que mandaba invitaciones a que le pateen de cualquier lado.

Por supuesto que el prematuro gol de Batistuta había contribuido a tranquilizar a las huestes de Bielsa. Iban 9 minutos y la Argentina, que ya había descubierto la fragilidad de Chile por el sector izquierdo de su defensa, había reunido merecimientos para estar en ventaja.

El espléndido tiro libre de Bati por afuera de la barrera que señaló el 1 a 0 estuvo lejos de conformar a la selección, que siguió en la ofensiva ante la desorientación chilena.

Entre Ortega y Zanetti se hicieron un festín por el carril derecho, allí donde Contreras parecía una estatua y ninguno de sus compañeros lo ayudaba a combatir la superioridad numérica.

Mientras la Argentina despilfarraba circunstancias para consolidar la victoria -una vez Batitusta; otra, el errático Piojo López-, Chile se encontró con el empate: falta dudosa de Ayala sobre Salas, tiro libre y notable zurdazo de Tello por arriba de la barrera que sorprendió a Bonano.

Entonces se vio uno de los aspectos más positivos de la Argentina: no se desesperó por la igualdad injusta y transitoria; continuó en su tarea de percusión sobre el área de Chile y el segundo gol retumbó en el Monumental, con aquel estiletazo de Verón.

El desarrollo monocorde que se observó en el primer tiempo se extendió al segundo período. La Argentina mantuvo la actitud avasallante, el equipo fue solidario para recuperar la pelota, pero siguió fracasando frente a la valla chilena y, contrariamente a lo que había sucedido 45 minutos antes, hubo que soportar algunos sustos con un par de incursiones que no pudo resolver Zamorano, primero bien atorado por Bonano y, luego, elevando su disparo desde la boca del arco.

En plena tarea de asimilar esos resquemores vino el alivio con el penal que acertó Verón, tras una falta muy dudosa de Tello sobre Ortega.

Y ya cerca del telón para esta prometedora primera función, Batistuta se convirtió en lanzador y habilitó con justeza al Piojo López, que en esta ocasión no falló: 4 a 1 y a ilusionarse con que semejante producción se repita a lo largo de este camino hacia el Mundial que anoche, en el Monumental, tuvo luces de neón.

El árbitro, permisivo

La tarea de Byron Moreno, el árbitro ecuatoriano de Argentina v. Chile, mostró algunas fisuras. Precedido por una imagen severa, inflexible, anoche exhibió una cara opuesta: pasó por alto varias infracciones fuertes y sólo mostró dos tarjetas amarillas (a Pochettino y Simeone), cuando debió haber amonestado a algún jugador más, como el caso de Ayala. Dejó algunas dudas su decisión de otorgar el penal que originó el tercer gol argentino -supuesta infracción de Tello a Ortega-, y también la jugada en la que sancionó el tiro libre que se transformó en el tanto chileno.

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