Balunek

El remero baleado recuperó la alegría
El remero baleado recuperó la alegría
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29 de marzo de 2000  

La estirpe de los campeones es así: siempre se sobreponen a los peores momentos de la vida para ir en busca de la gloria. Y ésta es la más reciente historia que le tocó vivir al remero Walter Balunek, de 27 años, que en los Juegos Panamericanos de Winnipeg obtuvo la medalla dorada en su especialidad, dos sin timonel, y que el 14 de febrero último fue baleado por el custodio del Banco Francés de la sucursal de Pacheco, el cabo primero Luis Alejandro Núñez, que lo confundió con un asaltante cuando iba a depositar su beca de la Secretaría de Deportes.

El trance fue grande. Nunca quiso hablar del tema, pero ayer, en su casa de General Pacheco -luego de que regresara junto con Damián Ordás y Diego Aguirregomezcorta desde México, donde sus compañeros le consiguieron la clasificación para los Juegos Olímpicos-, llegó el tiempo de las confesiones: "Muchas veces pensé que por ahí no iba a Sydney, pero en realidad admito que llegué a pensar que me moría en la ambulancia porque cada vez me faltaba más el aire y sentía que no podía hablar ni respirar".

"En el hospital no quería que me visitara nadie. Mi imagen me impresionó a mí mismo. Estaba con drenajes por todos lados y seis sondas. Tuve un Dios aparte, por eso lo puedo contar. Quedé bien de salud y podré regresar dentro de 20 días a las prácticas", agregó Balunek. Su compañero en el bote desde 1998, Damián Ordás, también recordó el mal momento: "Lo había dejado a él hacía una hora y media. No lo podía creer. Cuando me avisaron me quedé helado. Mientras iba para el hospital... qué sé yo, se me cruzaron mil cosas por la cabeza. Me hizo recordar a la muerte de mi padre -que falleció luego de ser herido por un asaltante a mediados de 1998- y me dije: Un golpe más en la vida no".

Ordás detiene su relato. Los recuerdos son fuertes y se apoderan de sus emociones. Toma aire, vuelve a empezar: "Entonces no me importó la carrera sino su vida. Si no podíamos ir juntos a los Juegos del 2000 iríamos a los del 2004".

Pero la fortaleza de Balunek superó todo: "Este tipo es una roca, es muy fuerte. Allá en México se subió a un simulador de remo y sólo había pasado un mes del balazo", cuenta casi con asombro Aguirregomezcorta.

Ahora la historia dio un vuelco de 180 grados. Gracias al empeño de sus dos compañeros, Balunek podrá estar en los Juegos Olímpicos: "Todavía tengo bronca por lo que pasó, aunque ya quedó un poco en el olvido. Esto me dio más fuerzas. Tengo ansias de revancha y me voy a entrenar con todo en estos cinco meses y medio para poder llegar a la final en los Juegos Olímpicos".

Sensato y agradecido sabe que todo depende de su evolución final: "A mis compañeros les agradezco que me hayan conseguido la clasificación para Sydney. Soy consciente de mi situación y si no estoy al ciento por ciento de mis posibilidades lo voy a comunicar para que Diego (Aguirregomezcorta) corra. Un Juego Olímpico no es cualquier cosa y él también se lo ganó. Pero estoy seguro de que en Australia voy a decir presente".

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