Brillo, energía y mucho oficio

Miguel Romano
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27 de mayo de 2003  

No son sólo los 21 puntos, la elevada eficacia y los 6 rebotes lo que los especialistas de la NBA rescatan y valoran del ya asombroso crecimiento de Emanuel Ginóbili. El aporta otra cosas que no resaltan tanto, pero que resultan más importante que lo que se puede leer en la estadística final.

Manu efectuó anteanoche, sobre el final, tres jugadas fundamentales y decisivas para sellar el crucial triunfo frente a Dallas. Acciones propias de un hombre con varios años de trayectoria en la competencia.

A dos minutos del epílogo, con el resultado a favor por 94 a 89, sorprendió por la espalda una ofensiva de Nick Van Exel y le quitó un balón tasado en valor oro, que terminó con un doble de Malik Rose para los Spurs. Enseguida, tras un tiro fallido del rival, se metió entre sus compañeros y bajó un rebote de mayor cotización aún, después de un espectacular brinco. Y, cuando quedaban 14 segundos, con el tanteador 98 a 93, tuvo una actitud muy madura y en absoluto egoísta. Con la pelota en sus manos tras un saque lateral, en vez de esperar que Dallas lo detuviera con una falta para cortar el juego, que le hubiese permitido lanzar dos tiros libres y aumentar su goleo, hizo lo que debía: entregarle la pelota a Steve Kerr, el especialista en tiros libres que sólo había entrado con esa consigna de recibir la infracción. Kerr acertó los dos tiros y la serie quedó 3 a 1. Fueron tres acciones dignas de un jugador maduro, astuto y ganador.

Pero no sólo dejó sentada su capacidad y talento en ese fantático cierre. También puso en evidencia que su energía y confianza, esa que tanto reconocen los hinchas de los Spurs, fue vital y contagió a sus adormecidos compañeros en los primeros minutos, cuando los Spurs arrancaron perdiendo 12 a 5. Entró, acertó tres triples y a pura pasión y movilidad marcó el camino de la recuperación.

También es evidente que él es el único que, cada tanto, frota la lámpara improvisa y pone brillo en el almidonado esquema de los Spurs. Duncan lo domina todo, Paker acierta puntos difíciles, pero Manu es el que llama la atención con sus volcadas y saltos felinos. Como un verdadero NBA.

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