Scola, de prócer del básquetbol nacional a patrimonio de la humanidad

Luis Scola, emblema del básquet argentino
Luis Scola, emblema del básquet argentino Fuente: LA NACION - Crédito: Hector Vivas / Lima2019
Xavier Prieto Astigarraga
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2 de septiembre de 2019  • 23:59

Ya que está de moda esto de hacer sondeos digitales para determinar las nuevas maravillas del mundo, FIBA podría hacer algo por el estilo para nominar a las maravillas del Mundial. A las maravillas de todos los tiempos del Mundial. Pero como en las encuestas de Internet se vota más por simpatía nacionalista que por conocimiento neutral, esa pesquisa debería ser entre los jugadores y los exjugadores que dieron y dan lustre a su buque insigna, el torneo al que FIBA quiere prestigiar.

Ellos saben de básquetbol y son más racionales y menos pasionales que los hinchas cuando se expresan. Como lo hizo ayer Andrew Gaze, hoy comentarista televisivo, una vez que Luis Scola pasó al segundo puesto de goleadores históricos en los mundiales: "Sos un campeón. Te has dedicado al seleccionado argentino durante muchos años y no puedo estar más feliz por vos y tu logro". Sería un punto de vista cualquiera... si no fuera por que el australiano fue el superado por Scola en el rubro.

Turquía 2010. Estrecho de Bósforo, Cuerno de Oro, Estambul europea en una costa y asiática en la otra. Zona hiperturística del planeta. Del lado del norte, un afiche enorme del Mundial mostraba a Scola, una de las caras para promocionar el certamen. Pasaron nueve años y China repite el personaje, por cierto famoso allá no ahora, cuando lleva dos años en la liga del país que hoy alberga la Copa del Mundo, sino ya desde los tiempos del ala-pivote en la NBA, cuando era compañero en la zona pintada de Houston Rockets de Yao Ming, el icono chino de este deporte. Un porteño surgido de Ferro Carril Oeste conocido en el mercado más oneroso (Estados Unidos) y en el más numeroso (China) del orbe.

Comparte con un ilustre compatriota, Domingo Sarmiento, esa característica de la asistencia perfecta o casi, a pesar de tener cuatro hijos. Por eso es el argentino que más veces jugó con la camiseta nacional, el que más tantos anotó, el capitán inextinguible. Ya son conocidas sus cifras altisonantes, pero vale la pena repasar algunas para retomar la dimensión de quién es este señor. Alcanzó, compartido con cuatro basquetbolistas, el récord de mundiales jugados: cinco. Ayer, con nada menos que 23 puntos en el 94-81 a Nigeria, trepó a aquel segundo puesto de goleadores, con 611 (594 de Gaze; todos, lejos del inalcanzable brasileño Oscar Schmidt y sus 906). Y, con 234, es quien más rebotes tomó desde Canadá 1994 (las estadísticas se "profesionalizaron" desde aquel campeonato).

De todos sus números, hay otros dos menos significativos pero también importantes. Uno es el 39: con esa cantidad de años está haciendo lo que está haciendo. El otro, el 4: es el que quedará retirado muy poco tiempo después de que Scola decida irse. Ya avisó que este es su último mundial, y si la Argentina accediere a los Juegos Olímpicos, Tokio 2020 sería su función de despedida. Por nivel actual y falta de herederos en el puesto, bien podría quedarse. Como sus compañeros de la Generación Dorada, las vísperas del adiós lo encuentran en un rendimiento más, o mucho más, que digno.

Entre esas glorias del básquetbol argentino, algunas son maravillas del mundo: Manu Ginóbili, Chapu Nocioni, Scola. Pero Luifa, siempre ahí, como una llama que no se apaga, es ya patrimonio de la humanidad. Como alguna vez lo dijo el gran periodista Álvaro Martín: en la tienda de campaña de FIBA, Scola debe tener su estatua.

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