Ginóbili ya es parte de la historia: a la final de la NBA

Gracias al éxito ante Dallas por 90-78, San Antonio luchará por el título contra los Nets, al imponerse en el match decisivo del Oeste por 4-2; Manu hizo 11 puntos
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30 de mayo de 2003  

DALLAS (Especial).– Ya venía haciendo historia Emanuel Ginóbili en la NBA. Con una buena temporada en general, había batido todos los récords fijados por los pocos compatriotas que lo habían precedido en el torneo, ya fuera puntos, minutos jugados o cualquier otro rubro. Pero lo que ahora consiguió el bahiense era poco menos que impensado poco tiempo atrás: jugará la final de la liga más importante del planeta, buscará el anillo de campeón más preciado fuera del nivel de seleccionados.

Tal hazaña es ya posible merced al triunfo que en la madrugada de hoy logró su equipo, San Antonio Spurs, sobre Dallas Mavericks como visitante por 90-78 en el sexto partido de la serie final de la Conferencia Oeste, y de la cual, con el 4-2 definitivo, Ginóbili y compañía ya son campeones. Ahora los espera el desenlace del torneo todo, cuya serie decisiva, al mejor de 7 encuentros y con ventaja de localía para San Antonio, se pondrá en marcha el próximo miércoles, en Texas, y lo enfrentará con New Jersey Nets, campeón del Este tras su 4-0 ante Detroit.

Un triunfo, el de los Spurs, que tuvo sus entretelones. Como que por una vez terminó gozando del que fue su karma en varios partidos: no poder sellar en paz las grandes diferencias que sacaba en los dos primeros cuartos, incluso llegando a padecer insospechadas derrotas. Ayer, la historia le mostró la cara inversa: llegó a estar abajo por 15 puntos y dio vuelta la cuestión para festejar, para gozar, para soñar con otra consagración, como en 1999...

Picó anoche en punta San Antonio, pero nunca se escapó a más de 4 puntos. En su primera acción destacada, Ginóbili recibió un saque, lanzó un corto doble sin marca y acertó, para poner a su conjunto delante por 12-9 en el 1er cuarto. Por entonces, el juego era muy parejo, aunque siempre con el visitante arriba.

Sin embargo, Dallas, que sobrellevaba una nueva ausencia del pivote alemán Dirk Nowitzki, su máxima estrella, aún convaleciente de una lesión en la rodilla izquierda, se puso al frente al comienzo del 2º cuarto. En parte por una serie de tres pérdidas de pelota por parte de Manu (pases equivocados y una falta ofensiva), empató en 22 al final del 1er parcial y prolongó ventajas hasta un 28-22 (corrida de 10-0) que llevó al entrenador visitante Gregg Popovich a pedir minuto. El bahiense apareció algo desconectado en la marca, sin la intensidad que se le vio en otros partidos.

Y los locales buscaron mayores diferencias con movimientos rápidos y fluidos de balón, en contraste con las ofensivas estacionadas –y muchas veces irresolutas– de San Antonio, que, durante largo rato, gozó de Stephen Jackson y sus tiros de larga distancia como único sostén en el resultado.

El 3er cuarto fue un paseo de Dallas ante un errático adversario al que se le achicó el aro rival, pero el pecado del conjunto local fue golpear sin noquear. Llegó al último período con una ventaja de 12 puntos, y fue entonces la resurrección de San Antonio en general y la de Manu en particular, para una planilla final de 11 tantos (1 de 4 en triples, 2 de 5 en dobles, 4 de 4 en libre, 2 rebotes y 4 asistencias), en 29 minutos de permanencia. Y sobre todo el enorme envión anímico que contagió, la gran final se hizo un hecho concreto para San Antonio. Que también tuvo en el veterano Steve Kerr (el mejor tirador de triples de la historia), a una figura trascendente, con cuatro concreciones de tres puntos en 13 minutos.

Tiempo de celebraciones para el equipo de Ginóbili. Para el argentino. Allá en Dallas, en San Antonio. En la noche que se hizo madrugada en Bahía Blanca a pura sonrisa. De familiares, de amigos. De hinchas del basquetbol. De cada compatriota que, como en el Mundial de Indianápolis, hace menos de un año, terminó pegado a la TV gritando por ese duende que se desplazaba con total frescura en la cancha. Manu hizo historia. Le falta un capítulo. El más grande. Pero nadie le quita lo gozado.

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