Más libre se siente mejor

Miguel Romano
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9 de mayo de 2003  

Emanuel Ginóbili concretó anteanoche una de sus mejores producciones ofensivas porque la defensa rival se presentó tácticamente ideal para que él impusiera lo mejor de su repertorio: las penetraciones y el ataque rápido para definir con bandejas bajo el aro.

Este Manu se pareció mucho más al que fue campeón en Italia con Kinder Bologna y dos veces elegido el mejor basquetbolista de Europa, que al de los primeros meses con los Spurs. Esta vez tuvo libertad para atacar, le dieron la pelota y atribuciones para encarar y decidir por las suyas. Como a él le gusta y como él se siente más cómodo. Jugó como en el seleccionado nacional: sin resolver todas las ofensivas, pero intentando desequilibrar con su habilidad, talento y velocidad cuando lo creyera oportuno.

Su técnico, Gregg Popovich, advirtió rapidamente que la defensa de los Lakers era permeable a ese juego porque el adversario no impuso una defensa cerrada bajo el aro, tampoco utilizó bien las ayudas –apoyo rápido de un compañero al defensor desbordado– y, fundamentalmente, porque nunca presentó una defensa zonal, que liberara el perímetro, que lo obligara a jugar contenido por fuera de la línea de tres puntos y sólo dispuesto a tirar triples, como sucedió en la serie anterior con Phoenix. Manu no tiró un solo triple anteanoche. No fue necesario. Había demasiadas grietas para encarar y jugar uno contra uno.

Por eso, Popovich lo hizo ingresar más temprano que de costumbre (a los 4 minutos) y, lo que es mucho más significativo y poco habitual, diagramó acciones ofensivas con Manu como definidor. Así, anotó 10 puntos en el primer cuarto, sin errar un solo tiro. Fue un Ginóbili auténtico, agrandado y casi excitado, por tanta preponderancia y responsabilidad otorgadas.

Por ello, además, no aportó tanto en otros rubros y también por eso no puede afirmarse que fue su mejor actuación en la NBA.

Como sucedió cada vez que San Antonio resolvió temprano un partido, su entrenador dejó un elogio tácito al quitarlo del partido y reservarlo para batallas más duras. Seguramente, Ginóbili se dio un gran gusto y se fue satisfecho, no sólo por la victoria, sino porque hizo lo que más siente, sabe y pretende: atacar y atacar. No importa contra quién, si es Kobe Bryant o Shaquille O’Neal. Eso, quizá, resulte más conmovedor aún.

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