Pablo Prigioni:"Extraño el protagonismo que tenía antes... pero es lo que hay"

En el peor momento de New York desde que llegó al equipo, el base analiza su rol en una de las franquicias más poderosas del planeta
Diego Morini
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27 de noviembre de 2013  

NUEVA YORK.— Al norte de Manhattan: White Plains. La sede del condado de Westchester. Sin las luces de Times Square, sin el ruido de Wall Street, sin la locura de Broadway, a unos 50 minutos en tren de la ciudad que nunca duerme. Una elección intencional. De vida, por su familia. Por eso camina por la calle sin apuros. Se detiene en la puerta de un banco para realizar algunos trámites. Al pasar un matrimonio se detiene, lo observa y el hombre le pregunta: "¿Vos sos jugador de los Knicks? ¿El argentino?" La risa surge naturalmente y la respuesta tiene el mismo tono: "Sí soy yo, Pablo Prigioni". Así de simple, sin demasiados rodeos, con una sonrisa tan cristalina que contagia a su interlocutor y deja contento al hombre que se fue feliz por la charla de un puñado de segundos y le comentó a su mujer: "Viste, te dije que era jugador de los Knicks".

Del otro lado de la calle, una iglesia que luce añosa y enfrente un shopping que se muestra orgulloso de modernidad. En el medio de esa escenografía, un edificio imponente que es la morada de Prigioni. Ascensor inmenso con espejos hasta el piso y muchos detalles en color dorado. Todo fastuoso e impecable. Alfombras muy altas, sillones inmensos y una máquina de café que invita a la charla. Consulta con su mujer los horarios del próximo tren rápido hacia Nueva York y se dispone al diálogo. El mal momento de New York Knicks, un equipo armado para pelear por el anillo, domina la escena, porque 10 derrotas y sólo tres victorias también lo ubican a él, a los 36 años, en una realidad diferente. Aún en ese contexto distinto para su carrera, el base argentino acomoda un par de almohadones a su alrededor y responde con seguridad, sin protocolos y con convicción.

—Estás viviendo una situación diferente a la temporada anterior cuando todo era positivo. Ahora los resultados no llegan. ¿Cómo tomás este momento?

—No esperábamos empezar así, tampoco hacer un arranque tremendo, pero sí imaginábamos algo más equilibrado. Sabíamos que había jugadores nuevos y que eso lleva un proceso de adaptación. Me parece que se nos escaparon partidos que no debían irse y eso nos hubiera acomodado de otra forma. Pero no hemos sido capaces de cerrar como corresponde juegos como los de Houston o Indiana. De momento la gente está tranquila, estamos intentando jugar mejor al básquetbol, estamos todos enfocados en tratar de buscar el mejor camino para jugar mejor. Bueno, en ese punto estamos; ojalá que podamos jugar mejor y que eso nos dé confianza para lo que resta de la temporada.

—¿Sienten demasiado la ausencia de Tyson Chandler?

—Sin duda. Es posible que Tyson sea uno de los mejores defensores de la liga, nos da mucho atrás y adelante, es un líder del equipo. Pero también la baja de Felton, porque estamos jugando sin el base y sin el pivote titular. Entonces, es lógico que lo vamos a sentir. Pero no lo usamos como excusa y salimos a competir y a ganar. Tenemos que enfocarnos de la manera correcta.

—Que haya tantos jugadores que pueden subir la pelota, ¿te hace sentir cómodo en tu juego?

—Eso te da variantes. Hoy no es importante tanto quién sube la pelota sino cómo jugás los movimientos en ataque. Cómo elegís la mejor acción en cada instante del juego. Eso de subir la pelota solamente el base es antiguo, quedó atrás. Cualquiera puede subir el balón y llamar una ofensiva. Todos tenemos que saber los movimientos a realizar.

—Que la plantilla de New York tenga tantas estrellas, ¿hace más complicado el manejo del vestuario?

—Yo no lo noto. El entrenador [Mike Woodson] es muy inteligente en ese sentido. Lleva el grupo de una manera excelente, habla mucho con los jugadores, no creo que sea difícil para él llevarlo. Cuando jugamos mal fue por desconcentraciones, por malos días, pero no por diferencias. Más allá de que hay estrellas, cada uno sabe el rol que ocupa en el equipo. Nadie quiere tomar más tiros que otros. Todos tienen claro que Carmelo [Anthony] es nuestro jugador referencia, que JR [Smith] es nuestro jugador revulsivo, tanto Beno (Udrih) como yo sabemos que Felton es el base titular y que tenemos que aprovechar los minutos que tenemos y dar buenos minutos.

—En los minutos que te toca jugar, ahora que el equipo no gana, ¿es más difícil imponer tu estilo?

—Es complicado, ellos tienen una naturaleza que es correr y jugar golpe por golpe. Está claro que en los primeros partidos hubo momentos de locura, pero ellos tienen claro que así no podemos jugar. Hubo una concientización de entender que hay que jugar más, de estacionar el juego, de aplicar sistemas y eso ayuda. De a poco vamos a tratar de imponerlo.

—Cuando llegaste te medían para determinar qué tipo de jugador eras y lo demostraste. ¿Qué rol sentís que ocupás ahora en el equipo?

—Sigo teniendo el mismo rol, los 15 o 18 minutos que el entrenador me suele dar. Ahí tengo que hacer mi juego, el que hice desde que llegué. Intentar organizar el equipo, circular el balón, darles opciones a mis compañeros, tomar los tiros, estar muy sólido en defensa. Este año siento que hay veces que puedo decir algunas cosas más, pero no creo que haya cambiado mucho mi rol.

—Algunos medios dicen que jugás con el hambre de un chico.

—El jugador que lo tiene no se le muere nunca eso de querer competir siempre. Cuando vas a jugar un picado también te calentás, el que tiene el deseo de competir, eso no desaparece nunca. Cada partido que salgo a jugar, es un desafío para mí competir con gente muy buena, con gente muy rápida, físicamente tremenda. Cada día intento dar el máximo, sé que estoy en la parte final de mi carrera y quiero disfrutar cada partido como si fuera el último.

—¿Qué aprendiste desde que llegaste a New York?

—Aprendí a ocupar un rol diferente al que estaba acostumbrado. A que voy a jugar una cierta cantidad de minutos. A saber que no voy a estar en los momentos importantes del equipo y que voy a estar sentado en el banco. Cosas que no me habían pasado desde hace muchísimo tiempo. Sé que tengo compañeros que sienten el básquetbol de una manera diferente y que soy yo el que tiene que adaptarse a ese juego, pero sin perder mi baloncesto. Tengo desafíos cada día que salgo a jugar. Aprendí a ponerme desafíos cortos, inmediatos. Tratar de defender a tal o cual jugador, elegir el mejor sistema para cada ataque. Construir la temporada partido a partido. Aprendí a adaptarme a un rol nuevo, pero no puedo mentir, extraño el protagonismo que tenía antes..., pero es lo que hay.

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