Boca-River: un "airbnb" para viajeros del fútbol

Marcelo Gantman
Marcelo Gantman PARA LA NACION
Boca-River, una atracción mundial
Boca-River, una atracción mundial
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22 de octubre de 2019  • 00:01

Entre la multitud que asista a la Bombonera este martes habrá un grupo de 10 viajeros del fútbol. El 1° de octubre hubo otro en el Monumental. Los hay casi todos los fines de semana. Los viajeros del fútbol en general son europeos, hombres, promedian los 27 años y se mueven cómodos en la economía low cost: arman un bolso de mano, toman un vuelo hacia otra ciudad un fin de semana, se reúnen con fanáticos a los que conocen en el viaje y van a la cancha como si fueran locales, no turistas. Lo más extraño para nuestras costumbres es que no lo hacen para ver a sus equipos. Hace cinco años, dos emprendedores descubrieron que ahí había un nicho. Ese mercado tiene una ramificación vital en Sudamérica.

"El viajero del fútbol quiere vivir la experiencia del fútbol y hacerlo a un precio razonable, lejos de los VIP. No sigue a su equipo. Quiere ir a los restaurantes típicos, conocer los barrios del fútbol, ir a un bar a debatir cuando termina el partido y al día siguiente volver a su rutina. Pero destinos como Buenos Aires y Río de Janeiro son los más solicitados ahora. Cada semana tenemos grupos de personas que viajan a ver fútbol a esas ciudades", dice Daniel Velásquez, un colombiano de 36 años, co-fundador de HomeFans, una plataforma basada en Londres que ofrece experiencias futboleras globales.

Su creador define la idea por lo que no es: una agencia de viajes de paquetes deportivos. "Resolvemos las cosas que hacen las agencias, pero no lo somos. Nos parecemos más a Airbnb que a una agencia. Conectamos a los viajeros con anfitriones locales que los hacen vivir el partido como lo hacen ellos cada fin de semana. Por ejemplo, en casos como el derby de Belgrado entre Estrella Roja y Partizan, eso implica moverse en un estadio militarizado y si hace falta calmar los ánimos entre los hinchas locales, que raramente hablan inglés. La cultura del fútbol tiene un nuevo tipo de consumidor, capaz de movilizarse para ver a un equipo que no es el suyo y para el cual el partido solo es importante cuando llega el momento del juego. Mientras tanto quiere conectar con gente, empaparse del modo local de sentir el fútbol, visitar sitios emblemáticos y probar la gastronomía del lugar", le cuenta Velásquez a LA NACION.

Buenos Aires, Rio de Janeiro, Belgrado y Polonia son los destinos más solicitados. "Tenemos viajeros que quieren ir a ciudades donde el futbol se vive con intensidad. Asomarse al borde del abismo, pero sin caerse. La Bombonera es tal vez el lugar más pedido, pero también la cancha de Huracán es muy destacada por los hinchas cuando regresan. El fútbol argentino ofrece un menú que no se consigue en otras partes", cuenta.

A los ojos de un viajero del fútbol, la Argentina es una especie de tenedor libre: "Tienen partidos a diario y en diferentes horarios. Un viajero puede ir a tres canchas un mismo domingo. Cuando nos contratan esas experiencias, algunos despliegan planillas Excel para mostrarnos canchas del ascenso, del interior de la Argentina y todas las opciones que se abren. No sé si los directivos de clubes argentinos tienen en claro el potencial de esa cultura del fútbol para ofrecerlo al exterior. Logramos que nos vendan tickets, pero no pareciera que tengan muy en claro las posibilidades de explotar sus marcas en Europa. La combinación fútbol argentino con fútbol uruguayo es una de las tendencias que más vemos crecer", concluye Velásquez.

La economía de plataformas también alcanza al fútbol. El mercado exportador de jugadores es importador de hinchas en una balanza comercial algo deforme, tal como es el fútbol en muchas de sus expresiones.

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