Convertirse de promesa en realidad: tiempo de no pensar solamente en una buena bolsa, sino en una gran carrera

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
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1 de noviembre de 2018  • 23:59

Los nombres de Agustín Gauto, Fernando Martinez y Jeremías Ponce no tienen la suficiente resonancia – aún– como para encabezar un artículo rimbombante de boxeo. Ellos se esfuerzan, luchan y ganan, pero les cuesta muchísimo obtener difusión en los medios, en los que se prioriza la actualidad del campeón consagrado y el rumor incomprobable ligado a un astro del ring. Les resulta más difícil que nunca, a los nuevos valores del pugilismo nacional, penetrar el consumo informativo.

Estos tres jóvenes se convirtieron en las reservas más valiosas de la temporada 2018. Ajenos a fotos estrafalarias, a desafíos irrealizables a través de las redes sociales y a conductas "conventilleras"; con mucho sacrificio y esfuerzo, fueron creciendo en lo deportivo y lo social.

Agustín Gauto tiene 20 años y pesa 49 kilos. Es campeón sudamericano. Está clasificado entre los minimoscas y ganó sus 10 peleas (6 por KO). Probablemente, dentro de un par de años milite en el peso supermosca (52,100 kilos) por decantación: crecimiento y desarrollo físico.

Humilde, albañil de cuna por herencia de su padre, Héctor, que lo inició en el boxeo, hincha de Lanús y simpatizante de Huracán, por respeto al gimnasio donde se entrena junto a Hernán Leguiza. Acaba de noquear en un round al jornalero colombiano José Jiménez, en el cierre de la Convención Anual de la Organización Mundial de Boxeo, el miércoles último en Panamá. Exhibió personalidad y una admirable mentalidad ganadora, más allá del pintoresco oponente que tuvo ante sí. Es la nueva "figurita" de la pantalla de TyC Sports.

Fernando Martínez tiene 27 años. Ya no es un pibe y posee el título argentino de campeón de los supermoscas. Al igual que Gauto, ganó su último combate – el sábado último– con mucha estridencia y sin resistencia del adversario, contra el veterano tucumano Darío Ruiz. Rápidamente y con su especialidad: gancho zurdo al hígado.

Su licencia profesional (AIBA), otorgada en 2010, le permitió armar un registro de 22 peleas con 16 éxitos (6 por KO) y 6 reveses. Combatió en Estados Unidos, Argelia, Polonia, Rusia y México. De ataque sostenido con base en ganchos y golpes al cuerpo, es el "sobreviviente" más valioso del equipo olímpico que compitió en Río de Janeiro 2016.

Símbolo del barrio de La Boca, vive en un conventillo de la calle Olavarría. Su actual entrenador, Rodrigo Calabrese, le dio en el humilde gimnasio Barracas Jr. la contención social necesaria para cambiar su equívoca conducta personal. Es el sostén pugilístico de la pantalla de TNT Sports. Su representante, Sergio Rodríguez, lo dirige en modo –excesivamente– cauteloso.

El bonaerense Jeremías Ponce es el más avanzado de los tres. Y quizás, el más codiciado por los empresarios. A los 22 años es campeón argentino de los welter juniors. Tiene una marca de 20 combates ganados, con 14 KO. Convive con una boxeadora profesional, Iara Altamirano, y se consolidó tras el nocaut que lo consagró frente a Damián Yapur. Es pupilo de Alberto Zacarías, que desechó, por ahora, combatir en Estados Unidos y cambiar de pantalla televisiva, de TyC Sports a Fox Sports.

Todos transitan el período más difícil en la carrera de un boxeador: la conversión de promesa en realidad. Cada paso de estos atletas requerirá de una astucia absoluta de quienes los asesoran. Son valores capacitados para llegar a lo más alto. No es hora de pensar solamente en una buena bolsa o en un gran negocio. Es tiempo de prepararles una gran carrera.

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