Hay sueños que no admiten distracciones ni prejuicios. Compromisos que se sellan con el alma. Yamil Alberto Peralta siempre lo tuvo muy en claro desde que arrancó a boxear a los 14 años: ser campeón mundial. Por eso nunca le importó que lo hayan tildado de “gordito” cuando entró por primera vez a un gimnasio. O que haya estado postrado en una cama más de tres meses por una operación de rodilla. Incluso, que en plena pandemia tuviese que comenzar a trabajar en una empresa de recolección de residuos para poder comer. Hoy, su resiliente historia está a punto de ser indemnizada. El próximo sábado a las 21, en el Centre 200 Stadium de Sídney, Canadá, se enfrentará al local Ryan Rozicki por la corona mundial crucero interina del CMB. “Es lo que esperé toda mi vida, no pienso fallar”, le jura a LA NACION, mientras experimenta la acuciante sensación de estar ante un momento determinante para su carrera deportiva.