Buenos Aires, en su hora más difícil

Jorge Búsico
Jorge Búsico PARA LA NACION
(0)
21 de diciembre de 2009  • 10:08

La elección del jueves que consagró al tucumano Luis Castillo como el primer presidente en la historia de la UAR que llega desde el Interior, terminó de convulsionar a la poderosa Unión de Buenos Aires, que ahora corre el riesgo de quedarse sola en el mapa rugbístico del país.

Esta noche, la URBA llevará a cabo una reunión de los presidentes de los clubes en la cual habrá dos temas centrales a tratar: la evaluación de la gestión que terminó en derrota en la UAR, y cuáles serán los pasos a seguir con respecto al Campeonato Argentino que se realizará en abril, y en el cual el resto de las Uniones ya avisó que presentará a los jugadores que integran el Pladar.

Con respecto a éste último punto, hay que prestar mucha atención de aquí en más a la posición que tomarán los jugadores de Buenos Aires. Ayer, hubo una reunión de la que participaron no sólo estos rugbiers, sino también los Pumas que están en Europa (de paso por aquí para pasar las Fiestas), referentes del seleccionado y el cuerpo técnico.

Hasta aquí, los jugadores mantuvieron silencio y aguardaron que desde la URBA se dé marcha atrás con la resolución de no dejarlos actuar en sus clubes desde el 1º de enero. Como eso difícilmente ocurra, al menos antes de esa fecha, trascendió que la idea es juntar firmas para presentar una especie de solicitada pidiendo que los dejen jugar. Y no descartan, siempre según fuentes bien informadas, otras acciones, incluso ante la Justicia.

Algunos jugadores, caso Agustín Creevy, ya salieron a decir públicamente que sería injusto que no los dejen actuar en sus clubes. Y el resto seguiría la misma línea. La idea es presionar en busca de un cambio de opinión de los dirigentes, algo parecido a lo sucedido en 2006, cuando Los Pumas se enfrentaron a la entonces conducción de la UAR, con solicitadas y amenazas de huelga.

Está claro que el Pladar, lanzado en el verano por la UAR, ha dejado en una encrucijada a la URBA, que a partir de ahí ingresó en un camino espinoso que, resultados a la vista, terminó de minar la posibilidad de tomar nuevamente el poder del rugby argentino.

Se estima que la reunión de esta noche será más que agitada. Es más que probable que salten a la escena las evidentes diferencias que existieron en estos últimos meses entre los directivos de la URBA y la comisión que llevó adelante las frustradas negociaciones con los representantes del resto de las 23 Uniones.

No fue el mismo el discurso del presidente Néstor Galán que el de los cinco miembros de la comisión de la URBA. Uno pidió consensuar; los otros, no cesaron en sus reclamos de mayoría en el Consejo (hasta plantearon ampliar los miembros de 12 a 14) y terminaron solos, forzando la presentación de dos listas.

Tampoco es casual que Galán no haya estado en la asamblea extraordinaria del jueves. Su lugar lo ocupó Cristian Miguens, del Club Universitario de Buenos Aires, en su carácter de apoderado de la lista que perdió por 280 votos a 190. O, más contundente, por 23-1, si se cuentan sólo las Uniones.

Entre otras cosas, Buenos Aires debería revisar porqué no contó con el apoyo ni siquiera de una de las Uniones del resto del país. Es más: la URBA no sólo quedó en minoría en el Consejo. Al renunciar Galán como segundo vocal e ingresar el primer suplente, perdió un cargo más. Y es probable que el Interior tampoco le ceda la vicepresidencia primera, vacante tras la renuncia de Castillo.

También porqué no volvió a postular a los que debían renovar sus cargos, caso Ricardo García Fernández, de CUBA, quien en estos dos últimos años fue, junto a Agustín Pichot, quien llevó adelante las negociaciones para instalar al rugby argentino en las competencias internacionales.

Como ya se dijo aquí, si el Pladar fue un punto que unió aún más al Interior, a la URBA la aisló y le provocó fisuras internas que quizá pronto salgan a la luz. De hecho, La Plata ya pidió rever la postura, y se anuncia que otros clubes se sumarían a esa cruzada.

Si Buenos Aires insiste en quedarse solo, el rugby argentino afrontará un problema no menor, pues todavía se trata de la Unión más poderosa del país, más allá de que éste 2009 no le haya arrojado victorias dentro de la cancha. Lo es en números de jugadores, de clubes, de infraestructura y de dinero.

Por eso, es necesario que los clubes, más allá de la independencia que les pertenece, planteen un debate lo más abierto posible, sin dobles discursos, llamando a las cosas por su nombre, escuchando todas las voces y buscando una salida que, sin renunciar a ciertos principios, atienda a las necesidades de todos.

Son horas difíciles y cruciales para el rugby argentino desde la conducción. La asunción de Castillo debe interpretarse como algo más que un hecho estadístico. Ojala se lo entienda.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Deportes

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.