Buenos Aires fue arrollador

El bicampeón tuvo una actuación notable:con 12 tries demolió a Rosario por 76 a 20
Diego Mazzei
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22 de octubre de 2000  

Tan expuesta quedó la falta de equivalencias, tan marcada la superioridad de uno sobre otro, que el análisis más meticuloso y obsesivo se rendiría a los pies de los números. Esos que a veces pueden llegar a ser un espejismo, pero que ayer, en la cancha del CASI, reflejaron con justeza la abrumadora lección de rugby que ofreció Buenos Aires, que anotó doce tries para aplastar a Rosario por 76-20.

Y fue de entrada, nomás, que quedaron al descubierto las diferencias físicas -obviamente en favor del equipo bonaerense- en cada situación de contacto.

Con un acertado manejo de los hermanos Fernández Miranda, Buenos Aires resultó impiadoso a la hora de lanzarse en la ofensiva. No extrañó, entonces, que la gran calidad de sus backs se tradujera en el marcador.

Transcurría el primer minuto de juego cuando abrió el camino Lucas Borges, un wing pura potencia, experto en perforar defensas. Claro está que la muralla que intentó levantar Rosario resultó más endeble de lo pensado. Y cada vez que Hernán Senillosa, Orengo o Gaitán se lanzaban en velocidad robaban varios metros hasta que los rosarinos podían pararlos.

Comenzaron a llover los tries. Las maneras y los métodos para conseguirlos variaban según los designios de los Fernández Miranda. Podía ser con alguna llegada al vacío de un tres cuartos o bien aprovechando la altura de Storey y Ugartemendía en el line y el posterior empuje con el maul (try de Roncero).

El vértigo de los hombres del fondo de Buenos Aires en todo momento hizo temblar la endeble estructura defensiva de Rosario. Pero los locales también se apoyaron en la movilidad de Phelan y el gran trabajo de Canalda.

La oleada de variantes que inundó el segundo tiempo no mermó el rendimiento de Buenos Aires. Siguió siempre con la misma concentración, un aspecto para celebrar y que fue gran responsabilidad del capitán, Nicolás Fernández Miranda, que en todo momento, aun con el partido ya liquidado, impidió que sus compañeros se relajaran.

Rosario recibió cinco minutos de benevolencia y pudo vulnerar el in-goal de Buenos Aires con los tries de Romero Acuña y de Etchart. Mas el espejismo duró un suspiro y el conjunto bonaerense siguió su romance con los tries hasta el último segundo.

Mucha diferencia entre dos equipos que, en tiempos no tan lejanos, discutían de igual a igual. Entre este Buenos Aires pura potencia y un Rosario demasiado endeble.

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