Cabrera, mejor en casa

Roberto De Vicenzo
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11 de diciembre de 2001  

Nos encontramos en la recta final de la temporada golfística en la Argentina. El último fin de semana concluyó en el Olivos Golf Club el Torneo de Maestros, en el que se impuso el cordobés Angel Cabrera al aventajar por dos golpes a su coterráneo, Eduardo Romero. Ahora, la última estación es el Llao-Llao Classic, que se disputará desde pasado mañana en la cancha de ese hotel, en Bariloche, y contará con varias figuras.

-¿Qué opina del triunfo del Pato en el Torneo de Maestros?

-¿Qué puedo decir? ¡Viva Córdoba! Angel Cabrera es un producto genuino de Villa Allende, y de allí surgió también Eduardo Romero. Córdoba entregó dos de los mejores golfistas argentinos de los últimos tiempos y ambos ayudaron claramente para el crecimiento de este deporte en el país. Si bien el Pato había tenido una tercera vuelta no del todo convincente, con 72 golpes, se impuso por su paso firme en los últimos hoyos de la vuelta final.

-¿Cómo analiza la temporada 2001 de Cabrera?

-El Pato terminó festejando sólo en los torneos que se desarrollaron en la Argentina, como el Abierto de la República (Tour Europeo), el Abierto del Centro y en este Torneo de Maestros. Aquí sintió menos presión que en el exterior porque jugó por bolsas menores. Sin embargo, no desentonó cuando actuó afuera, sobre todo en Augusta, en donde estuvo en la vanguardia durante varios pasajes. Quedó 11° en Europa y 34° en el mundo, posiciones que no están nada mal. Su desafío será consolidarse definitivamente en el Viejo Continente.

-¿Qué tipo de dificultades presentó la cancha del Olivos?

-No sólo fue exigente para los jugadores, sino que está a la altura de las mejores del mundo: fairways muy bien delineados, rough regulares, árboles añejos estratégicamente colocados y greens con declives.

-¿Qué sucede con aquel hoyo 17 del Olivos que le hizo perder varios torneos a Eduardo Romero?

-Es un hoyo un poco largo por tratarse de un par 3, aunque no es difícil. Se ve que a Romero ese hoyo le produjo temor nuevamente porque nunca le había encontrado la vuelta. Pero es algo que suele pasarles a todos los golfistas, que somos supersticiosos. En la trayectoria de cada uno de nosotros, siempre hay un hoyo traicionero que nos queda grabado en la memoria y al que no podemos vencer. A mí me ocurrió con el 17 de Augusta, pero no por haber fallado, sino porque me anotaron mal la cantidad de golpes en el certamen de 1968...

-¿Esperaba ese final, con Cabrera ganador?

-Fue un cierre lógico, pero me hubiese gustado un desempate entre ambos cordobeses por la expectativa entre el público y el periodismo. Si el Gato no hubiese cometido bogey en el 18 habríamos arribado a ese desenlace. Creo que en esa disputa deportiva, Cabrera se siente superior a Romero.

-Ahora se viene el Llao-Llao Classic, el último de este año.

-Es un torneo atractivo, que se sigue con sumo interés, más allá de que se dispute en un lugar alejado del ambiente del golf como es Bariloche. Sirve como un gran cierre de la temporada, sobre todo por su entorno natural.

-La Asociación Argentina de Golf celebró ayer su 75° aniversario. ¿Cuál es la opinión sobre la entidad?

-Al ser una de las más tradicionales instituciones de América del Sur, no sólo dirigió al golf argentino, sino que sirvió como guía para los países vecinos. Surtió una gran cantidad de jugadores y de profesores argentinos para el resto del continente y ayudó al crecimiento del golf colombiano, fundamentalmente, y mejoró el de México, Chile, Perú y Panamá.

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