Canadá, un terreno fructífero para el boxeo nacional

Osvaldo Príncipi
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25 de julio de 2015  

Los 22 años de la cordobesa Dayana Sánchez pasaron vertiginosamente por su vida, en la que la infancia y la adolescencia se marcharon antes de lo previsto, y raudamente.

Es boxeadora por naturaleza. Lo lleva en la sangre, heredado de su padre, Víctor Hugo, un buen welter junior de los 90, que cuando empezaba a "pintar" desbarrancó sin límites en su caída.

Con su mirada sumisa y esperanzadora, se hizo fuerte. Empezó a pelear y a ganar combates. Supo crecer y adaptarse a lo que le tocaba. Sobrevivió al barrio bravo de General Savio, en Córdoba; protectora de su hermana menor Leonela, también pugilista, nunca vaciló en su conducta ni en su convicción. Con la guía de su entrenador Virgilio Arauz, le dio prioridad al gimnasio, a full todo el día, por el colegio secundario relegado y nocturno. Y hoy puede cristalizar su objetivo de vida que quizá la transforme en medalla dorada. Tiene nivel y experiencia internacional suficientes como para lograrlo.

Sánchez combatirá con chances de victoria ante la dueña de casa, Carolina Veyre, que contará con dos aportes vitales y decisivos en esta oportunidad: el localismo y los jurados.

Canadá siempre fue un campo fructífero para nuestro boxeo en los Juegos Panamericanos. Allá lejos y hace tiempo, en Winnipeg 1967, los mendocinos Miguel García y Jorge "Aconcagua" Ahumada ganaban medallas doradas, al igual que el chubutense Omar Narváez y el santafecino Víctor Hugo Castro en la versión de 1999. La historia buscará repetirse esta noche a partir de las 22.10 (hora de nuestro país, por TyC Sports) en la ciudad de Oshawa, potenciando la firmeza del boxeo femenino nacional que, por primera vez en su existencia, le quitó protagonismo y ubicación al pugilismo rudo y clásico que vio sucumbir a su capitán Alberto Palmetta -ganador de bronce- ante los puños de uno de los divos de los Juegos: el campeón olímpico cubano Roniel Iglesias.

Dayana tendrá ocho minutos para ser la primera mujer ganadora de una medalla dorada en el amateurismo argentino.

En boxeo no hay paliativos ni contemplaciones; no hay juicios sanguíneos que justifiquen las jornadas históricas ni las actuaciones inolvidables con relatos emotivos, sin el acompañamiento del gran resultado. Se consiguió todo, desde 1951 a hoy. Sólo falta que Sánchez le muestre al continente su triunfo y esa fuerza interior que la hizo inquebrantable desde el primer tramo de su vida.

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