Cartas de lectores

Hay que pensar en los demás. No les demos poder. Sin experiencia. Un caprichoso. Un viaje de ida fue la travesía a Bahía Blanca.
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7 de mayo de 2003  

Hay que pensar en los demás

Señor Director: le escribo para expresarle mi indignación, pesimismo y desesperanza. Al menos es un modo de hacer catarsis; quiero expresar este sentimiento que me produjo "el partido del millón de dólares" entre la Argentina y Libia. A veces me pregunto por el mundo que construimos a diario; personas que se mueren de hambre, que no pueden acceder siquiera a un nivel de educación primaria; inundados en Santa Fe; individuos mutilados por la guerra...; la lista podría seguir hasta el infinito. Y viviendo en el mismo mundo, un petrolero ofrece 1.000.000 de dólares para jugar con el seleccionado argentino. Allá él, pero, ¿y nosotros? ¿Soy muy ingenuo si espero algún gesto alguna vez? Seguro que sí, ya lo sé, si pretendo un gesto que implique donar parte, al menos, de dicha suma para los inundados, a los que tienen hambre... Sólo una parte. En este caso, es la AFA, pero podría ser cualquier otra federación o entidad que reciba por el motivo que fuere una suma de dinero desproporcionada. Ojalá que alguna vez nos detengamos un minuto, miremos para adentro y pensemos más en el bien de todos y no tanto en intereses sectoriales. Ojalá alguna vez pensemos en las necesidades de los demás.

Pablo M. Fidelle

DNI 22.210.272



No les demos poder

Hace unos días, leí con dolor la columna de Daniel Arcucci "Tierra de nadie". Es muy triste ver que un grupo de delincuentes se apodera de las tribunas "bajo la fachada de cantar y alentar", cuando en verdad ni siquiera miran el partido. Me duele ver que las tribunas están cada domingo más vacías. No creo que esté todo perdido. Las familias podrán volver a la cancha, pero debemos colaborar todos, los amantes del fútbol y los jugadores. En primer lugar hay que dejar de festejar la llegada de los barrabravas cuando suben a la tribuna. Se los aplaude, y se suman todos a sus cantos, cuando se los debería repudiar. El rol de los jugadores es fundamental. No comprendo porqué cuando terminan los partidos les ofrecen las camisetas a esos sujetos como si fueran verdaderos héroes. ¿O acaso los plateístas no acompañan? Darles las camisetas es darles el reconocimiento de cierto poder. Quisiera ver a los jugadores acercarse a la platea y levantar los brazos hacia esa gente que paga la entrada y que no hace que las familias dejen el fútbol. Desde ya, los dirigentes y los encargados de la "inseguridad" deben cumplir sus funciones, no colaborar con los violentos, sino sancionar (para algo están las cámaras de video) y prevenir. Quiero que las canchas vuelvan a tener vida. No quiero que muera más gente. No quiero que muera el fútbol.

Javier Lorenzo

jbcuervo31@hotmail.com



Sin experiencia

Pareciera que no tiene experiencia. Parecieran palabras de un inexperto. Pero no, lamentablemente fueron palabras de un experimentado. Realmente es lamentable la forma en la que reaccionó el presidente de la AFA, Julio Grondona, ante los graves incidentes en la Panamericana, entre "hinchas" (si así si los podría denominar) de Newell’s y de River, que provocaron la muerte de dos personas. Desde hace 24 años Grondona preside la AFA, y es por eso que me parece una falta de respeto que una persona de su importancia dentro del ámbito del fútbol diga que no sabe qué hacer para enfrentar a la violencia, y que la mejor salida es no jugar más partidos. El tema de la violencia no es nuevo, por eso me pregunto: ¿cuántas muertes han sido necesarias para que Grondona se diera cuenta de que no sabe cómo enfrentar ese tema? Por eso, con todo respeto le recomiendo al presidente de la AFA que deje su lugar a nuevas generaciones que seguramente sabrán manejar ese problema con un mayor conocimiento y acción.

Agustín Salazar

DNI 25.416.405



Un caprichoso

Está claro que, lejos de gustar, la selección argentina de fútbol disgusta. O peor aún, transita por nuestras vidas casi con indiferencia. Este marcado desinterés y desencuentro no es causa de los caprichos de los simpatizantes, sino que es por los caprichos de su entrenador, Marcelo Bielsa. Claro ejemplo de esto es el partido del 30 de abril último, en Trípoli, ante el combinado casi amateur de Libia. Sobre el césped se enfrentaron un superpoderoso equipo, con jugadores con cotizaciones millonarias, contra otro en el que las cotizaciones de todos sus jugadores son, con facilidad, veinte veces menores que las de los albicelestes. Todos los cálculos, los pronósticos, los esquemas, en fin, todo hacía prever una goleada argentina que no sólo no sucedió, sino que Libia planteó el partido de igual a igual y muchas veces ridiculizó a los jugadores argentinos con empeño, esfuerzo y dedicación (valores que no tienen los futbolistas de la selección argentina en los últimos tiempos). Por suerte, el fútbol poco tiene que ver con cálculos, pronósticos, probabilidades y esquemas estructurados, ni mucho menos con movimientos mecanizados que dejan poco espacio para la técnica y para las cualidades vistosas de un jugador. De esto se tendría que dar cuenta Marcelo Bielsa para que la selección se reencuentre con la gente; o dejar las necedades de lado, y darle a otro la posibilidad de lograr esta relación tan necesaria para los futboleros. Jugadores no faltan, técnica no falta, historia no falta, lo que faltan son ganas y revocar la terquedad de instrumentar un libreto aburrido y condenado por la gente. Que así sea.

José Sylvié

DNI 31.380.637

Certificada

Un viaje de ida fue la travesía a Bahía Blanca

Somos un grupo de hinchas de Nueva Chicago, que fuimos a Bahía Blanca por primera vez para ver a nuestro equipo ante Olimpo. En esa ciudad la gente nos trató muy bien y como Chicago ganó 3 a 0, el viaje de regreso debió ser un placer, pero... Habíamos cometido un error doloroso: para el viaje contratamos una combi que pagamos por adelantado, que debía llevarnos y traernos de Bahía Blanca. Nos llevó sin inconvenientes. Ingresamos al estadio con poca ropa (la temperatura era superior a los 30°), vimos el partido y festejamos. Luego, volvimos al lugar en donde nos debía esperar la combi. Pero allí estuvimos dos horas y media y el conductor había desaparecido; y pensamos que estaría a 200 kilómetros de la Ruta 3. Lo peor es que se llevó la ropa y los bolsos de los 20 ilusos y resignados pasajeros que lo contratamos. Nos volvimos en tren, que llegó a Constitución al día siguiente a las 10.30 de la mañana y perdimos la jornada de trabajo. Fue una estafa.

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