Chapaleufú II ganó el clásico y es finalista

En un partidazo, batió a Chapaleufú 17 a 16 con gol de Fernández Araujo, en el alargue, convertido con el mango de su taco
Carlos Beer
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22 de octubre de 2000  

Im-pre-sio-nan-te. Bár-ba-ro. Para recordar por mucho tiempo. Un partidazo y, encima, con un final antológico. Corrían casi 4 minutos del chukker suplementario. Los dos Chapaleufú igualaban en 16 goles tras jugar un encuentro inolvidable. Marcos Heguy intentó salir en una corrida desde su campo, pero Milo Fernández Araujo consiguió trabarle con éxito el taco, aunque en su desesperada acción se le rompió el suyo y se quedó sin cigarro. El destino quiso que, tan sólo unos segundos después, tras una serie de rebotes, la bocha le cayera nuevamente al Nº 3 de Indios Chapaleufú II, a una decena de metros del arco. Los otros siete jugadores estaban cerca de los mimbres. Todas las miradas apuntaban al hombre de casco amarillo, que ya había dado vuelta lo que le quedaba de su taco. Con alma y vida, Milo le pegó a esa bocha blanca con el mango. El disparo entró seguro por entre los mimbres... Gol, locura, festejo. Ese bendito taco roto vuela por el aire y casi le pegó al tablero. Así, Chapaleufú II le ganó a Indios Chapaleufú (Marlboro) por 17-16, clasificándose primer finalista del 107º Abierto del HurlinghamClub.

En partidos de esta naturaleza, con 100% de adrenalina y vértigo, en los que todo se define en una sola acción, quien resulta ganador se convierte casi en un hecho estadístico. Lo que queda claro es que, de acuerdo con cómo llegaba cada uno, Chapaleufú mostró lo mejor que tiene: su historia. ¡Cómo dar por vencidos a Marcos, Héctor Guerrero, Horacito -actuó lesionado en el hombro izquierdo- y Bautista antes de jugar! Una vez más, los hombres de camiseta roja y blanca pusieron dentro de la cancha ese fuego que corre por sus venas. ¡Qué espectáculo dieron!

¿Y Chapaleufú II? "Ganamos a lo Boca", dijo Eduardo Heguy tras el partido. Su equipo tuvo un retroceso en su nivel. La movilidad de Marcos Heguy complicó su orden habitual. Por momentos, jugadores de la regularidad del Ruso e Ignacio Heguy se vieron desconocidos e imprecisos. ¿Por qué ganó, entonces? Porque es el campeón argentino, con todo lo que eso significa. Por ejemplo, imponer respeto hasta en las malas. Y sumar, porque cuando no se puede jugar bien, hay que hacer los tantos como sea.

Además, se repitió lo que había sucedido en los cuartos de final entre Chapaleufú y La Cañada. Otra vez Bautista y Marcos pudieron ejecutar muchos penales -de los 16 goles, 8 fueron por esa vía-, mientras que sus primos sólo tuvieron su primera falta directa a los mimbres a los 6 minutos del quinto chukker, y de sus 17 tantos apenas 2 fueron por penales. Las características goleadoras de ambos exactamente invertidas.

Queda mucho por decir de este espectacular partido que los Heguy y compañía regalaron. Imágenes, como ese par de golazos de Marcos, por lejos el jugador más aplaudido de la tarde. O esa pirueta impresionante de Nachi en el alargue para pegarle a la bocha, en una acción que casi define el partido. O esos fuertes aplausos que despidieron a ambos en el final...

Por todo esto, por esos 60 minutos de 8 chukkers y medio suplementario, por esta fiesta, a los dos Chapaleufú... ¡Gracias por el polo!

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