Cinco estrellas

Con dos goles de Ronaldo, Brasil superó a Alemania por 2 a 0 y consiguió su quinta Copa del Mundo; el equipo de Scolari aprovechó el talento de sus individualidades y fue un campeon de punta a punta
Claudio Mauri
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30 de junio de 2002  • 11:30

YOKOHAMA, Japón.– Gritó hasta cinco Brasil. Con el sello exclusivo del gran Ronaldo, el que lo necesitaba tanto para completar su renacer futbolístico; con la imposición del talento individual por sobre cualquier barrera táctica; con la capacidad para explotar en cualquier momento y apenas desempolvando su carnet de grande del fútbol mundial desterrar todas las dudas. Ese es Brasil, el nuevo rey. Otra vez. No dejó dudas. De punta a punta, Corea-Japón 2002 coronó al ahora pentacampeón con total justicia.

Alemania, pura voluntad y dignidad, tiene como símbolo de la derrota a la crueldad que puede generar un error. Oliver Kahn, de un Mundial brillante, se equivocó tal vez por primera vez en el torneo. Y eso Brasil suele no perdonarlo. Así abrió las puertas el equipo de Scolari para celebrar.

Una muestra de que el fútbol es capaz de aniquilar cualquier previsión la dio este primer tiempo raro, por fuera de los pronósticos. Porque Alemania apareció como una grata sorpresa, apropiándose de la pelota y manejándola con una fluidez que tal vez no había exhibido en todo el campeonato. Brasil, en cambio, sin gobernar el partido ni tener el balón, generó cinco situaciones clarísimas de gol, quizá las únicas que tuvo el primer tiempo.

Ello marca en el equipo de Scolari, un déficit en el dominio, pero sobre todo el gran mérito en la utilización y la capacidad de algunas de sus individualidades.

Lejos de lo pensado, Alemania mostró lo mejor en el primer cuarto de hora, en el que evitó recurrir sistemáticamente al pelotazo. Se aferró al atrevimiento de Neuville y a la conducción de Schneider. Pero en el casillero del riesgo sólo hubo un espacio en blanco. Porque Brasil estuvo firme cuando lo bombardearon por arriba y porque los germanos no poseyeron ese poder de resolución necesario en los metros finales.

Ronaldinho, que asumió todo el peso de la creación ante la desaparición de Rivaldo, aguijoneó dos veces con asistencias para Ronaldo. Pero el delantero de Inter perdió en ese lapso el duelo psicológico con el gran Oliver Kahn en los tres mano a mano que tuvo. Primero Ronaldo definió como sacándose la pelota de encima; en la segunda le quedó incómoda, y en la tercera remató fuerte, pero el arquero alemán devolvió el disparo con las piernas.

Esa explosión de individualidades hizo que Brasil aportara el mayor riesgo. Hasta Kléberson se animó y estrelló un balazo en el travesaño.

Alemania mantuvo las mismas dificultades para llegar y cuando lo hizo se topó con Marcos, seguro y confiable. Hasta que apareció Ronaldo. Que armó una pared con Rivaldo y fue a buscar el rebote que Kahn dejó por error frente a su nariz. No se conformó Ronaldo con el 1 a 0. Fue por más. Rivaldo abrió las piernas mágicamente y un pase de Kléberson le llegó a Ronaldo. A la red y todo acabó.

Por talento, por capacidad, Brasil llega a cinco trofeos mundiales. De principio a fin, el mejor de Corea-Japón 2002.

El mensaje. Pese a la tristeza, los jugadores germanos le apuntaron al futuro: “Nos vemos en Alemania 2006”, decían las leyendas debajo de sus camisetas.

Resultado único. Otra marca peculiar quedó tras el éxito de Brasil: por primera vez en la Copa del Mundo –17 certámenes– una final terminó 2 a 0.

La paternidad. Con el triunfo de hoy –el primer match en un Mundial–, Brasil amplió la diferencia respecto de Alemania: de los 19 cotejos, el equipo sudamericano ganó 12 y perdió tres.

Triunfó en todos lados. Brasil es el único equipo que fue campeón del Mundo en los tres continentes en los que se disputó el torneo: América (Chile 62, México 70, EE.UU. 94), Europa (Suecia 58) y Asia (Corea y Japón 2002).

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