Colosos en un duelo nunca visto

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26 de junio de 2002  • 10:41

SAITAMA, Japón (De nuestros enviados especiales).– Será un duelo sin precedente en los mundiales, pero con varias similitudes. Brasil, el tetracampeón, y Alemania, con tres trofeos en sus vitrinas, estarán cara a cara por la gloria. Aunque la gran final también cobrará esplendor por esas páginas amarillentas de la historia; por esas medallas que cuelgan de un lado y del otro.

Ambos disputarán la séptima final en la historia del torneo. Para el seleccionado brasileño resultará la tercera consecutiva, después del delirio en Estados Unidos 94 y de la frustración en Francia 98. El conjunto europeo protagonizará otra vez una instancia decisiva, cita a la que no concurre desde Italia 90, cuando consiguió el título.

Se avecina una de las pujas más esperadas. Los estilos contrastarán en Yokohama. La técnica y las individualidades contra la potencia y el mecanismo colectivo. Se vivirán sensaciones peculiares desde los bancos de los suplentes. Sobre todo después de tantas críticas en la etapa previa. Los entrenadores Luiz Felipe Scolari y Rudi Völler, en varias ocasiones al borde de la despedida, gozarán su momento.

El alemán tendrá una carga extra, ya que intentará igualar a Franz Beckenbauer, campeón del Mundo con el equipo germano como jugador, en 1974, y como DT, en 1990. Lauro conseguido además por el brasileño Mario Zagallo, en 1958 y 1962 como futbolista, y en 1970 y 1994 como técnico.

El destino jamás los cruzó. Como si estuvieran reservados para los grandes acontecimientos, después de 72 años, Brasil y Alemania se verán por primera vez en la Copa del Mundo. Y nada menos que en una final. Así lo merecían sus antecedentes.

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