Rally Dakar 2019: comienza la carrera reina y un argentino es favorito en motos

Crédito: @KMBenavides
Alberto Cantore
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5 de enero de 2019  • 20:21

Una vida sobre dos ruedas. Con apenas tres años, Kevin Benavides trepó por primera vez a una moto. El acto, todo un mandato familiar porque su papá, Norberto, fue piloto, resultó el inicio de un idilio y de una aventura que a partir de hoy ofrecerá nuevos episodios, cuando el salteño haga la largada simbólica en Lima, Perú, del Dakar 2019, el rally más exigente del planeta. Un cuarto puesto en su debut, en 2016, y el segundo que ocupó el año pasado en la competencia más dura de las diez realizadas en Sudamérica, lo vuelven uno de los principales candidatos al touareg dorado.

Es la gran esperanza en un acotado parque argentino de 37 representantes, entre pilotos y navegantes, distribuidos en las cinco categorías: motos, cuatriciclos, autos, SxS (tipo buggies) y camiones. "Hay que poner la mente en blanco, olvidarse de las dos experiencias anteriores. Empieza otro Dakar y quiero enfocarme en él, porque siento que tengo potencial para la victoria. Ese es mi sueño: ser el primer argentino y americano en ganar el Dakar", dice Benavides, convencido de los medios que tiene, pero también consciente de las dificultades y las trampas que presenta el desafío.

"Hay circunstancias que son un duro reto al crecimiento mental, emocional y espiritual, pero que permiten tomar coraje para volver a empezar. Una fue no correr el Dakar en 2017, un duro golpe. También lo fueron las dos caídas del año pasado en el Mundial de Cross Country, que me hicieron perder la posibilidad de pelear por el título, cuando era el puntero del campeonato. Fueron llamados de atención que recibí en poco tiempo y que debo tomar en cuenta", resalta el salteño.

Los golpes templan el coraje de Benavides, que en el último ensayo en Chile rumbo al Dakar 2017 sufrió una triple fractura en la mano derecha y se quedó sin carrera. Y en 2018, con el cetro del Mundial de Cross Country a tiro, dos accidentes lo dejaron vacío. "Hice un reseteo mental después de ese final. Hice evaluaciones personales y pedí cambios en la moto para que se ajustara más a mi manejo. Esos golpes me dejaron enseñanzas: llego a este Dakar siendo un mejor piloto. Para ganar el Dakar hay que ser agresivo, pero a la vez inteligente. Se gana con la cabeza fría: hay que saber qué día se puede atacar y en qué momento del recorrido ser conservador", explica quien realizó la última etapa de la preparación en el desierto de Iquique, donde la arena y las dunas sirvieron como un simulador natural para su Honda oficial. El conjunto japonés Honda Monster Energy tendrá como espadas también al español Joan Barreda, al portugués Paulo Gonçalves, al chileno José Ignacio Cornejo y al estadounidense Ricky Brabec. Intentará destronar a las KTM, vencedoras desde 2001.

La adaptación desde el enduro, especialidad en que se consagró multicampeón, a los rallies se presentó más sencilla que lo imaginado. "Entendí rápido la navegación; después, las caídas enseñan cómo andar en una moto de rally. Mi estilo de conducción es agresivo y genera caídas que provocan temores, que se disipan recién con los estudios médicos. Pero también me sirven para medir mi velocidad, conocer cuál es el límite", comenta quien por un accidente en el Rally de Marruecos, de octubre último, a punto estuvo de ver repetirse el pasado: la organización informó que el salteño sufría una fractura de fémur, lo cual lo marginaría del Dakar. El diagnóstico definitivo fue mucho menos dramático. "Un desgarro de 10 x 3 centímetros que no me dejó entrenarme por tres semanas ni subirme a la moto", cuenta Benavides.

Crédito: @KMBenavides

Y rememora un episodio que lo asustó pero que el tiempo convirtió en anécdota: "En el Desafío Ruta 40 tuve una fuerte caída en la primera etapa y manejé como 130 kilómetros sin saber cómo. Fue como ir con piloto automático. Pero en el control de paso la organización no me dejó continuar. Me trasladó al hospital de Belén y después al de Salta, por el traumatismo de cráneo. Las resonancias mostraron que en la cabeza tengo una moto", sonríe.

Pero nada le hizo sentir tanta angustia como cuando en el rally cross de Marruecos de 2016 la policía lo detuvo mientras recorría la quinta etapa. "Toby Price pasó a fondo y detrás venía yo. Ninguno de los dos sabía que era una zona restringida. Salieron policías con fusiles y me apuntaron a la cara. Me frenaron a mí y a dos pilotos más. Fue una situación violenta y quedé un poco desconcentrado y nervioso el resto del día. Del susto, creo que me perdí dos veces cuando se volvió a largar", recuerda hoy de manera risueña.

Por primera vez la Argentina no estará en el recorrido sudamericano del Dakar, que en 2019 tendrá como escenario solo a Perú. "Me gusta el desafío de correr en la arena. Si bien las etapas serán más cortas, eso no implica que vayan a ser fáciles en ritmo de carrera y en navegación", sostiene quien volverá a lucir el Nº 47. Lo sabe mejor que nadie: el año pasado estuvo en el podio en ocho de los 12 especiales y lideró la clasificación general de motos después de la sexta etapa, siendo el primer argentino en lograrlo en los 39 años de la competencia. Un inconveniente de navegación lo retrasó –lo atribuyó a un error del road book, pero el reclamo no prosperó– y el sabor fue amargo: la victoria era posible a esa altura de la carrera.

El triunfo es el desafío inmenso que empezará a desandar esta tarde, apenas baje de la rampa de partida quien a los nueve años empezó a competir; con 16 ya era piloto profesional y a los 21 fue presentado como la imagen del enduro de varias marcas internacionales. El deseo es que, ya con 30 años –los cumplirá en plena competencia–, el Dakar sea su mejor regalo.

Crédito: @KMBenavides

Kevin y Luciano, hermanos y rivales

Con KTM dominando el Dakar desde 2001, el desafío de Kevin Benavides es personal pero también de conjunto, porque Honda avanzó en los últimos años con la idea de destronar a la marca austríaca. Tres décadas pasaron desde el último éxito de la japonesa: en 1989 el francés Gilles Lalay completó con una NXR800V un triplete de primeros puestos, que había iniciado con dos victorias su compatriota Cyril Neveu.

Mientras Kevin Benavides es una de las espadas principales de Honda, en la vereda de enfrente el salteño tiene un enemigo íntimo: su hermano Luciano, que correrá por segunda vez –debutó en 2018; abandonó tras fracturarse tres vértebras– y tiene por meta entreverarse entre los 10 mejores. "Sumar experiencia sin perder de vista la punta", le solicitó Red Bull KTM Factory Team, es decir, que sea un ladero de Matthias Walkner –campeón vigente–, aunque con margen para atacar.

¿Participarán juntos en 2020 los Benavides, en una misma estructura? Si bien Kevin es de los preferidos de Honda, las partes deberán acordar otro contrato, ya que el actual cesará en marzo. "Hubo charlas para renovar, pero hay otros equipos interesados. Terminado el Dakar será el momento de analizarlo", planteó el subcampeón, uno de los pilotos más codiciados del mercado.

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