Como entrenador, Zinedine Zidane siempre estuvo apuntado

Pablo Vignone
Pablo Vignone LA NACION
El mérito de Zidane no fue táctico ni revolucionario, sino congeniar tanto ego y enderezarlo rumbo al objetivo
El mérito de Zidane no fue táctico ni revolucionario, sino congeniar tanto ego y enderezarlo rumbo al objetivo
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31 de mayo de 2018  • 11:56

¿Cuándo fue que Zinedine Zidane empezó a sentirse realmente dueño del banco del Real Madrid? El suyo era un papel periférico –asistente de DT, entrenador del Madrid B- hasta que lo convocaron a apagar el incendio que dejaba Rafa Benítez. Su arranque en el cargo, tres años atrás, estuvo largamente rodeado de suspicacias, que duraron hasta que fue evidente hasta para el más crítico que, con Zidane, el Madrid ganaba. Y ganaba.

Acaso se sintió el dueño cuando logró su principal objetivo: convencer al plantel de encumbrados que estaba a su altura, que su estatura de futbolista tenía correlato cuando daba las indicaciones. Probablemente cuando el Real Madrid ganó la Champions League del 2017, en la final de Cardiff contra la Juventus, al comprobarse que lo suyo no era una casualidad, la aceptación fue máxima. Pero no definitiva.

Curiosamente, solo dos de los nueve títulos que el equipo blanco logró en este periodo fueron locales: la Liga Española de 2016/2017 y la Supercopa de España respectiva. El Real Madrid de Zidane acaso no fue rival suficiente para el Barcelona en la competencia interna, pero se fortaleció en Europa toda vez que el equipo catalán tropezaba con otros inconvenientes (la Roma este año, la Juventus el anterior…)

¿Habrá sido consciente Zidane de esa imposibilidad? Su mérito no fue táctico ni revolucionario. No impuso grandes ideas en el campo, y su Madrid fue un portento de la réplica antes que del protagonismo que los nombres y la inconmensurable billetera de Florentino Pérez podrían haberle permitido.

Su mérito, seguramente, fue congeniar tanto ego y enderezarlos en conjunto rumbo a un objetivo, menos cumplido en España que en Europa. No fue menor. Demostró que su principal activo era la experiencia aquilatada en el vestuario. Acertó con los jugadores que eligió, con los que promovió, con los que alineó e, inclusive, con los que dejó en el banco, como probó Gareth Bale en la última final de Champions.

La reacción de esos futbolistas ante la salida de Zidane fue instantánea. "Míster, como jugador y ahora como entrenador, decidiste despedirte en lo más alto. Gracias por dos años y medio de fútbol, trabajo, cariño y amistad. Te vas pero tu legado ya es imborrable. Uno de los capítulos más exitosos de la historia de nuestro querido Real Madrid", le escribió Sergio Ramos en Twitter.

"Míster Zizou. ¡He aprendido muchísimo a tu lado! ¡He disfrutado como un niño en cada entrenamiento, de cada consejo! ¡Eres muy especial para mí! ¡Has hecho historia con tu trabajo, tu dedicación, pasión y sobre todo con tu humildad! Gracias Míster", lo elogió Marcelo. También le dedicaron palabras de afecto Toni Kroos, Isco, Dani Carvajal, Casemiro, Marco Asensio, Lucas Vázquez, Nacho…

Cristiano Ronaldo fue bastante más escueto: "Solo siento orgullo de haber sido tu jugador. Míster, gracias por tantísimo", escribió en Instagram.

Quizás, al cabo, Zidane no logró domar del todo al ego más grande. O, a lo mejor, entendió lo que parece obvio: que tiene más chances de perderlo todo antes que de seguir ganando.

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