Como una pelota con sensores

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30 de septiembre de 2005  

POTRERO DE LOS FUNES (De un enviado especial).- "Pieza tocada... pieza movida", dice sin eufemismo uno de los aforismos del mundo del ajedrez; la sentencia, con más de cuatro siglos de rigor, se tornó inexorable con la evolución de la tecnología. En el Mundial de San Luis 2005, las partidas se desarrollan sobre tableros y piezas capaces de percibir al instante el calor de la mano humana sin dejar dudas sobre si el maestro tocó o no el trebejo; el avance representa como si en el fútbol una pelota utilizara sensores.

Los tableros empleados son los DGT, de madera Nut (no poseen las coordenadas de número y letras en las cuatro bandas), con piezas modelo Classic, cuyo valor oscila los 500 euros. El desplazamiento del trebejo es captado al instante por dos -pieza y tablero- de los 128 sensores (64 piezas y 64 escaques) que además reproducen la jugada en un monitor. Así, público y árbitros observan de manera inmediata la jugada ejecutada por el maestro.

"La tecnología nos simplificó la tarea; ya no tenemos necesidad de anotar las jugadas en los apuros de tiempo cuando el maestro no lo hace, un programa nos permite reproducir toda la partida al instante y eliminar las dudas", comentan el brasileño Herman Van Riemsdijk y los argentinos Mario Zilli, Blas Pingas y Marcelo Hermida, árbitros de este certamen.

Pero la felicidad no es completa. Es que el avance dejó sin trabajo a los que reproducían las partidas sobre los murales; ahora, el público las sigue en los monitores.

En tanto, la húngara Judit Polgar se refirió al adelanto que en Europa se utiliza desde hace menos de una década, reflotando una anécdota que le duele como un tropezón descalzo: en 1994, Garry Kasparov la venció en Linares haciéndole trampa; entonces el ruso tartamudeó excusas ante el árbitro y negó que sus dedos se hubieran apoyado sobre el manso corcel; la lente de la TV española demostró todo lo contrario. Era tarde.

"Con estos tableros Kasparov no se me hubiera escapado; estaba perdido y se salvó por una mentira, él sujetó la pieza por una milésima de segundo y la soltó cuando advirtió el error y se salvó de perder", dice Judit con una sonrisa nerviosa. El recuerdo vive en la memoria; acaso, latente como un sensor.

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