Con la imagen de un grande

El equipo turco se despidió con honores; dejó un grato recuerdo futbolístico y corono su mejor actuación en una Copa del Mundo
El equipo turco se despidió con honores; dejó un grato recuerdo futbolístico y corono su mejor actuación en una Copa del Mundo
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29 de junio de 2002  • 11:10

DAEGU, Corea del Sur (De un enviado especial).– Misión cumplida. El seleccionado de Turquía se despidió con honores de la Copa del Mundo. Con la victoria sobre Corea por 3 a 2 no sólo se hizo acreedor a un digno y merecido tercer puesto, sino que también coronó su imagen de equipo sólido para concretar la mejor producción de su historia.

Los turcos intervinieron por primera vez –la única hasta éste– en un Mundial en 1954, en Suiza. Aquel equipo tenía en sus filas, entre otros, a Sürhü, Burhan, Suat, Erol y Mustafá. Buenos jugadores, pero sin el suficiente roce internacional como para dejar su huella.

Aquella participación quedó trunca en apenas tres partidos. Perdió ante Alemania Federal por 4 a 1; goleó a Corea del Sur por 7 a 0, y en un desempate nuevamente frente a los germanos fue apabullado por 7 a 2.

Turquía comenzó a salir del ostracismo con la asunción de Senol Günes como entrenador. El primer paso lo dio con la clasificación para la Eurocopa de 1996, en Inglaterra. Este repunte futbolístico no le alcanzó para participar de Francia 1998, pero volvió a los primeros planos en la Eurocopa 2000, donde eliminó a uno de los organizadores, Bélgica (el otro anfitrión fue Holanda), y trepó hasta los cuartos de final.

Ello coincidió con el surgimiento de una generación de jugadores que invadió las ligas más poderosas. En España juegan Tayfun y Kahveci (Real Sociedad); en Italia lo hacen Buruk y Emre (Internazionale), Sukur (Parma) y Davala (Milan); en Inglaterra, Alpay (Aston Villa), Tugay y Unsal (Blackburn Rovers), y en BayerLeverkusen actúa Basturk. El resto es aportado por los mejores equipos del fútbol turco: Galatasaray, Fenerbahce y Besiktas.

Arrancó este Mundial en Corea, por el Grupo C, y casi da el gran golpe ante Brasil en el debut. Ganaba 1 a 0, pero algunos desacertados fallos arbitrales lo perjudicaron y cayó 2 a 1. La clasificación se complicó tras el empate 1 a 1 frente a Costa Rica, pero se recuperó con una contundente victoria ante China por 3 a 0.

Con Hasan Sas como estandarte, los turcos se afianzaron y eliminaron a uno de los anfitriones, Japón (1-0), en los octavos de final. Luego despidieron a la hasta entonces revelación: Senegal (1-0), con un gol de oro. Brasil le quebró la ilusión de ser campeón mundial, pero en el triunfo final ante los surcoreanos Turquía demostró ser más que una simple revelación. Se fue con la imagen de un grande.

El respaldo de un país agradecido

DAEGU (De un enviado especial).– Nadie habrá imaginado el impacto que logró el fútbol en Corea del Sur. La actuación del seleccionado local enfervorizó a los habitantes de este país. Millones y millones de personas salieron a las calles para observar y festejar cada paso que daba el conjunto rojo.

Por eso el mismo público que festejó la llegada por primera vez de Corea a las etapas finales (jamás un seleccionado asiático alcanzó las semifinales en la Copa del Mundo) también despidió como corresponde a sus héroes. La ovación final en el estadio de Daegu simbolizó el reconocimiento y agradecimiento de toda una nación para un plantel que se metió en la historia grande de Corea del Sur. Y la despedida (todos de la mano junto con los turcos) emocionó.

Así como el entrenador holandés Guus Hiddink y sus muchachos se convirtieron en los ídolos más grandes de este país, el mismo gobierno ahora pretende canalizar tanta pasión y entusiasmo en la vida cotidiana.

El mismo presidente, Dae Jung Kim, que se mostró muy ligado a su equipo en cada partido (se lo vio con banderitas en la platea), también tratará de contagiar ese fanatismo en la producción local, para potenciar la economía coreana. Hay datos que sorprenden. La consultora Hyundai Research Institute indicó que el gran papel del seleccionado rojo le dará a Corea un rédito de 77.800 millones de dólares. Sorprendente.

Hasta la organización en las tribunas fue admirable. Los Red Devils (los diablos rojos), el grupo que se formó para alentar al equipo coreano, mantuvo como premisa no fomentar la violencia. Al contrario. Tras algunos vaivenes económicos, la hinchada se rearmó gracias a su ingreso en Internet, donde pidió colaboración de todos los simpatizantes del país y así se recompuso para tomar protagonismo en este Mundial.

Es más. Las camisetas rojas, que se multiplicaron a lo largo y a lo ancho de Corea, no se patentaron, demostrando así que no hay ningún interés económico detrás de esta hinchada tan particular.

Corea volvió a perder. Como contra Alemania. Pero el agrio sabor de la derrota se eclipsó con las mieles del exitoso cuarto puesto, impensado un mes atrás.

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