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Con las manos vacías

Roberto Berasategui
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28 de marzo de 2000  

Carteles que volaron por la pista, largas colas de espectadores que aguantaron una insoportable desprolijidad de los controles de ingreso al autódromo, una pista que recibió una inversión de más de 3.000.000 de dólares para que quede tan ondulada como antes y las constantes cortes de energía eléctrica en el paddock fueron las características principales del Gran Premio de Brasil, que se desarrolló anteayer.

"Uno puede esperar que en Brasil ocurra cualquier cosa, pero que se vuelen los carteles...", fue el comentario de Ron Dennis, el máximo responsable del equipo McLaren, cuando el sábado, en plena clasificación, los acrílicos de publicidad interrumpieron la prueba cronometrada.

La F.1 vive, en el comienzo de la temporada, el mayor contraste del año: goza del GP mejor organizado, el de Australia, que se realiza en un circuito que se arma en medio del Albert Park (algo así como Palermo) y luego padece de los inconvenientes que suele presentar el autódromo de Interlagos.

¿El GP de la Argentina era mejor que el de Brasil? Sencillamente, sí. Hasta los mismos protagonistas comentaban a los argentinos el deseo de competir en Buenos Aires. Y ponían ejemplos. Enamorados de la Reina del Plata, los europeos prefieren un GP en el Oscar Alfredo Gálvez y no en Interlagos.

El circuito paulista es más entretenido que el porteño. Al menos permite sobrepasos y el recorrido de la vuelta es más extenso. Pero la organización siempre fue cuestionada en Brasil.

Pero los números mandan. El potencial económico del Brasil es superior al de nuestro país. Y la Fórmula 1 es un gran negocio. La Argentina quedó al margen por desprolijidades internas (problemas con el autódromo) y por pérdidas económicas.

En San Pablo, los datos oficiales hablaban de unos 75.000.000 de dólares de ingresos para la ciudad, con un 85 por ciento de la capacidad hotelera cubierta.

En nuestro país, hay un grupo que trabaja para que la Argentina recupere la fecha. No pretende que se meta el poder político, utilizando la fecha de la F.1 como un motivo de propaganda electoral. Ni se busca complacer un capricho tuerca. Simplemente, busca que cierre un negocio, que, a su vez, puede ser redituable para la ciudad. Esa es la única verdad.

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