Con reservas en el alma, todo es posible

Claudio Cerviño
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13 de diciembre de 2009  

Andaba el Colibrí dando vueltas por ahí, peludito y cansino, dentro del predio de La Dolfina. El caballo más marketinero de Cambiaso es uno de los preferidos de Mía y de Adolfito VII para andar y disfrutar del verde. El papá de los chicos, en plena mateada de una hermosa mañana otoñal, todavía digería la derrota sufrida tres meses antes contra Ellerstina. Pero soltaba una frase elocuente: "Perder sirve porque volvés con otra motivación".

Lo decía por muchos aspectos. Pocos equipos padecen la ola de rumores como el de Cambiaso. Desde siempre. Cabía preguntarse: "Si gana, ¿para qué cambiar?" Pero claro, en esta ocasión, en marzo pasado, arrastraba un revés. Igualmente, el crack pensaba en la revancha. No había ido a Estados Unidos; prefirió recargar baterías en Cañuelas. Pasó sin suceso por Inglaterra y a medida que se aproximaba la temporada alta de la Argentina, otra vez los rumores: qué Stirling y Ulloa figuraban en primera línea para el proyecto 2010, que estaba con la cabeza en emprendimientos personales, que la relación con sus compañeros no era la misma. Encima, los malos resultados. El equipo de la década parecía empezar a naufragar.

Pero los grandes campeones, y este La Dolfina vaya si lo es, tienen reservas en el alma. Como aquellas de Chapa II en 2004, cuando ya le estaban entregando el certificado de jubilación. Hace tres semanas parecía imposible que Ellerstina perdiera el título. La Dolfina juntó bronca, de la visceral. A nadie le gusta que lo den por muerto antes de tiempo; menos si detrás hay historia, química. No en vano el trío Aguerre-Cambiaso-Castagnola acaba de sumar su sexta consagración.

La Dolfina creció desde el amor propio y la capacidad para perfeccionarse. "No podés tener caballos de tu manada y nada más. Hay que agregar. Si ves algo bueno, tomalo", decía Adolfito. Lo cumple: le encanta criar caballos cracks y suma: las dos tordillas que le compró a Carlos Gracida (Bruma y Leyend) son el ejemplo más claro.

Pero no todo es Cambiaso. Algo bueno debe de tener Aguerre, un señor jugador. Algo bueno debe de tener Castagnola, siempre blanco de críticas fáciles. Algo bueno tiene ese escudero templado especialmente para finales de Palermo: Monteverde es de esa clase de jugadores que uno siempre quiere tener de su lado. Y otro punto: ayer, en la inusualmente fresca tarde de diciembre, ideal para los caballos, los de La Dolfina mostraron una respuesta superior, que se combinó con la actitud de los jinetes. Es para destacar, habida cuenta de las loas que siempre merecen los montados de Ellerstina.

La Dolfina se sacudió el alma. Lo hizo en los dos partidos más importantes del año, que funcionaron como revulsivo y dejaron atrás los pesares de dos meses. Que no habrá que desatender: la temporada pudo ser aciaga y ni ellos mismos entendían el porqué. Falta, ahora, el asado de la reflexión, para determinar el futuro. ¿Tiene sentido cambiar? Será una elección personal. Sería una picardía. Está visto que todavía queda mucho por hacer.

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