Continúa el estigma, pero el impacto no es tan duro

Las Leonas perdieron el oro ante Estados Unidos (2-1) y se frustraron como en Guadalajara 2011; de todas maneras, ya estaban clasificadas para Río de Janeiro 2016; el proceso de renovación va absorbiendo impactos y dando pasos
Las Leonas perdieron el oro ante Estados Unidos (2-1) y se frustraron como en Guadalajara 2011; de todas maneras, ya estaban clasificadas para Río de Janeiro 2016; el proceso de renovación va absorbiendo impactos y dando pasos
Gastón Saiz
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25 de julio de 2015  

TORONTO.- Luciana Aymar y Soledad García se pasaban la bocha con los ojos cerrados, sabían exactamente dónde estaba la otra y cómo podían potenciarse. Una sociedad mágica de pasado reciente, que ilustra un juego enhebrado de memoria. En la etapa actual, ya sin esas estrellas y con mucha sangre nueva, las Leonas aprenden a conocerse sobre la marcha. Es una organización más "democrática", si se quiere, pues las responsabilidades en el campo se reparten más equitativamente. No es que antes no jugaran en conjunto, sino que Lucha, de repente, absorbía la presión y resolvía el partido por sí sola. O aparecía la cordobesa y con un rapto de genialidad encaminaba una victoria.

Las salvadoras ya guardaron los palos y ahora pone el hombro un ejército de obreras, aunque el talento perdura como marca registrada del equipo. Más batalladoras y con circuitos de pelota diferentes, estas Leonas fracasaron en el intento de recuperar el título de campeonas panamericanas. La Argentina estuvo en lo más alto desde Indianápolis 1987 hasta que ocurrió el desastre de Guadalajara 2011, cuando las chicas -incluidas Aymar y García- lloraron por una medalla plateada insuficiente. Ese segundo puesto negaba la clasificación para Londres 2012, pero después el pasaje llegó gracias al ranking mundial, en una reglamentación bastante confusa. Aquella frustración ante Estados Unidos implicó el golpe más duro en la historia de este equipo. Ahora, el impacto por la derrota por 2 a 1 contra las norteamericanas (goles de Katherine Reinprecht y Michelle Vittese, y de Florencia Habif para la Argentina) no es tan fulminante porque no desbarata sueños olímpicos, pero sí genera tristeza en el grupo, disminuye la confianza y evapora la chance de volver a ser líder en el nivel regional. Evidentemente, los sueños eran otros.

De todos modos, bien vale reseñar el corazón de estas muchachas. Ese desenlace en el que el 0-2 se hizo 1-2 y asedio al arco estadounidense entregó emotividad y una certeza: el apodo de "Leonas" sigue quedándole bien a este seleccionado.

A diferencia de Guadalajara, esta definición estuvo libre de estrés; ambos seleccionados ya se habían asegurado el acceso a Río de Janeiro 2016 vía World League y se movieron aliviados, sin que la obsesión de los cinco anillos de los Juegos atormentara las mentes. Lo único en disputa ayer era el lauro dorado, una recompensa probablemente más buscada por la Argentina, necesitada de levantar sus acciones en el medallero general. Así, el hockey de mujeres no logró entregar el 12º oro para la delegación, que llegó a los pocos minutos, mediante el karateca Julián Pinzas (ver aparte) y con el que se superó la cosecha de Río 2007.

En medio de un sinsabor general inocultable, éste fue un paso más en la carrera hacia los Juegos Olímpicos; todo el trabajo se orienta a explotar como equipo justo bajo la sombra del Cristo Redentor. La pregunta es: ¿alcanzará un año para terminar de amalgamar los atributos técnicos de las más jóvenes con el rodaje de las experimentadas? Holanda fija la vara del hockey femenino desde hace cuatro años. Tras perder la final del Mundial de Rosario en 2010, el seleccionado naranja se consagró campeón olímpico en Londres 2012 y abrumó con su superioridad hace un año, en el Mundial de La Haya. Así sostiene su imperio y navega a velocidad crucero, mientras que la Argentina y otros equipos top -Australia, Inglaterra, Alemania- exploran nuevas maneras de contrarrestarlo. Pero será muy complicado arrebatarle el centro, dada su progresiva y fructífera renovación de planteles.

"Vamos a intentarlo", promete Santiago Capurro, que para Toronto eligió 16 jugadoras que promedian los 25 años. Entre ellas no está la máxima figura de este período, la delantera Carla Rebecchi, de 30 años, operada ayer de la rodilla izquierda por una osteocondritis. "Las chicas están conociéndose en la cancha; falta que se familiaricen entre sí con los hábitos de juego de cada una; aquello de «si vos vas allá, yo voy por acá y te la paso», lo que hacían Lucha y Sole. Tenemos un montón de competencias para seguir progresando", confía el director técnico. Noel Barrionuevo, que vivió varios grandes hitos, proyecta: "Se necesita un proceso de dos o tres años de consolidación, pero todos los equipos atraviesan esto. Es clarísimo que no somos el mismo seleccionado que ganó el Champions de Mendoza en diciembre; algunas se retiraron y otras renunciaron por decisiones personales. Las que quedamos no podemos decirles «no, no se vayan»".

Una mitad de este grupo no supera los 23 años por jugadora. En esa franja la más chica es la volante de San Martín Paula Ortiz, de 18; la siguen Luciana Molina, de 20; Florencia Habif, Jimena Cedrés y Agustina Albertario, de 22, y Julia Gomes Fantasia, Agustina Habif y Pilar Romang, de 23. Las más novatas vienen aumentando su foja de partidos internacionales y, en medio, ya saben lo que es recibir golpes anímicos, como quedar sin podio en la World League de Valencia.

Hay que acostumbrarse a que concluyó la época de oro; ya no hay una garantía victorias ante ciertos rivales. Hoy se imponen el fragor, el amor de siempre por la camiseta y un sentido colectivo al 100%, en el que todas persiguen un objetivo en común, sin individualismos.

Rosario abrirá las puertas en diciembre para la final de la World League, una invitación a seguir creciendo con la mirada en Río.

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