Contracara: el esfuerzo y el talento no tienen barreras

En medio de la recesión, el hockey, el basquetbol, el boxeo, el golf, el fútbol, el tenis, el rugby y el yachting consiguieron logros resonantes
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25 de diciembre de 2001  

La crisis económica es una de las variantes que inciden en el rendimiento de los deportistas. Y la Argentina, un país amurado hace meses a una aguda recesión, vaya si sabrá de sacudones financieros. Aún así, títulos, medallas y vueltas olímpicas han representado la contracara de un deporte que en 2001 arrojó saludables síntomas de ascenso. Pero, ¿cómo explicar la dicotomía entre una realidad empobrecida y el contagioso boom del éxito?

Hubo conquistas que aunaron mérito y un alto impacto mediático. Como el primer título de las Leonas en el Champions Trophy; el Premundial conseguido por el seleccionado de basquetbol, que tampoco tenía antecedentes; los títulos mundiales de los boxeadores Pablo Chacón (categoría pluma) y Raúl Balbi (livianos); el regreso tras nueve años al grupo Mundial en la Copa Davis; las victorias de Los Pumas en la gira por Gales y Escocia; los dos torneos ganados por el golfista José Cóceres en la PGA; la cómoda clasificación de la selección de fútbol para el Mundial 2002, y el Mundial Sub 20 que consiguieron Javier Saviola, Andrés D«Alessandro y compañía.

Pero los resultados en alza también se reflejaron en disciplinas y exponentes con menor resonancia, aunque con idéntico valor. Como los campeones mundiales en yachting Lucas Calabrese (clase optimist) y Gustavo Warburg (soling) y el primer triunfo en la historia del seleccionado masculino de hockey sobre césped, en el Premundial de Edimburgo.

Pero, ¿cómo se las ingenió el deporte argentino para acaparar satisfacciones en plena crisis? Se trató de un fenómeno muy especial. En medio de la depresión económica que invade a la Argentina, los logros respondieron a circunstancias tan diferentes como el talento natural, los esfuerzos individuales, una performance en alza por codearse con los mejores en las ligas más competitivas de su disciplina, algunos avales privados y una política de planificación a futuro y ordenamiento en la clasificación de los recursos impulsada desde la Secretaría de Deportes, aunque muy acordonada por los tembladerales financieros.

Para analizar la explosión deportiva de esta temporada conviene separar el mundo profesional de otro "semi amateur". Es que en el primero existen casos puntuales como el fútbol y el basquetbol, que además de la jerarquía individual (Juan Verón y Emanuel Ginóbili como dos joyas distintivas) también tienen la contención de una conducción seria en los técnicos Marcelo Bielsa y Rubén Magnano, respectivamente. Ejemplos que, muy lejos de las cifras escalofriantes del fútbol y, en menor medida del basquetbol, también se advirtieron en el hockey sobre césped y el gran año de las Leonas. Con exponentes de calidad como Luciana Aymar y la apasionada guía del DT SergioVigil.

Después, la mayoría de las explicaciones se deben rastrear por la patentada capacidad de superación del argentino. En el campo rentado, el tenis, con Guillermo Cañas como abanderado de una generación, empezó a cosechar lo que prometía después de arreglarse con lo que había durante varios años. Para entender la irrupción del golf no hay más que reparar en el individualismo natural que moviliza a este deporte, pues no existe un proyecto detrás de un José Cóceres. Y también el boxeo sólo obedece al coraje de Balbi y de Chacón. El pugilismo no desarrolló una confiable red para progresar.

La división trazada impone referirse al mundo "semi amateur" . Y es aquí donde aparece la Secretaría de Deportes de la Nación, que al menos desde la asunción de Hugo Porta, a fines de 1997 , y con la continuidad de Marcelo Garraffo, desde el 13 de diciembre de 1999 hasta ayer, se mantuvo bajo la órbita de un deportista. La secretaría estableció una política deportiva sostenida en el sentido común. Pero absolutamente condicionada por los sucesivos recortes de gastos impuestos por el Estado.

La secretaría comenzó el año con un pedido presupuestario de 25.000.000 de pesos, pero la creciente crisis económica redujo la asignación a 15.000.000, de los cuales se hicieron efectivos 13.500.000 dólares. Garraffo confiaba en limar esa diferencia con los ingresos procedentes de Casinos de Buenos Aires y del Prode, pero mientras el juego de las apuestas no trajo soluciones, los casinos aportaron seis de los 10.000.000 previstos. Todo esto sin olvidar que en 2000 se habían percibido 17.500.000 de pesos tras una solicitud original de 21.000.000. Es decir que las prolijas intenciones de la secretaría estuvieron acotadas por la asfixiante realidad económica del país. El atletismo acerca un ejemplo contundente: fueron presupuestados 152.800 pesos, pero a muy pocos días del cierre de 2001, según esta federación, aún se le adeudan 111.000 pesos. Y lo mismo ocurrió con casi todas las demás disciplinas, pese a que la secretaría planificó repartir 5.062.832 pesos.

Carlos Siffredi, ahora ex director de Alto Rendimiento en la secretaría, buscó razones. Y las encontró, pero también lanzó una advertencia. "Estos resultados que obtuvo el deporte nacional tienen que ver con la planificación deportiva, cosa que en la Argentina antes no existía. Esta ,a la larga traerá mejores resultados, aunque todo tiene su techo. Cuando lleguemos a él deberemos buscar otros recursos y el mejor sería una inyección económica." El círculo cierra y siempre se trata de dinero. Sin ir más lejos, la secretaría les adeuda los últimos cinco meses a los entrenadores nacionales y entre tres y cinco meses de becas a los atletas. Por ejemplo, en un caso como el del palista Javier Correa es un monto que ronda los 11.250 pesos.

Incluso, en el mejor momento de Correa este año en Europa, la secretaría la adeudaba cinco meses y también mantenía un atraso en el apoyo económico para la competencia que obligó a Correa a costearse él mismo todos los gastos. Ahora los atletas esperan las respuestas que les pueda acercar el desembarco de Daniel Scioli como nuevo secretario de Turismo y Deportes.

El deporte va a contramano del país. Los resultados en 2001 han permitido acelerar los latidos de miles de argentinos desentendiéndose al menos por un instante de bancarizaciones, transferencias demoradas, partidas recortadas, cheques cancelatorios o presupuestos raquíticos. Es que al deporte argentino le sobra crédito. Aun a expensas de inversiones a cuentagotas. Un corazón inmenso, hambre de gloria, diamantes individuales y una natural predisposición a incorporar las dificultades para templar el carácter parecen una garantía a sola firma.

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