La previa de Argentina-Paraguay: la noche que el Mineirao aplaudió de pie a Messi y el dato que enorgullece a Belo Horizonte

Lionel Messi supera a Luis Fabiano en el Mineirao, ante Brasil por eliminatorias, en junio de 2008
Lionel Messi supera a Luis Fabiano en el Mineirao, ante Brasil por eliminatorias, en junio de 2008 Fuente: Reuters - Crédito: Paulo Whitaker
Andrés Eliceche
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19 de junio de 2019  • 15:00

BELO HORIZONTE, Brasil.- Messi está tirado en el área. Su abdomen se contrae y crece visiblemente, señal del aire que necesita recuperar. Está agotado, pero sobre todo frustrado. Van 45 minutos del segundo tiempo y acaba de fallar. Recuperó la pelota en tres cuartos de cancha, aceleró y remató desde la puerta del área: Julio César dio rebote y, más rápido que Maicon, el chico de 20 años volvió a patear, ya en la línea del área menor, con Juan encima. Afuera, desviado.

La imagen recuerda el instante previo a lo inesperado. Argentina y Brasil terminaban un partido sin luces, atado al flaco momento de ambas selecciones. Era la noche del 18 de junio de 2008, en un clásico que correspondía a las eliminatorias del Mundial de Sudáfrica. El 0-0 ya no se iba a modificar, menos sin la chispa de Messi, el más eléctrico del partido. Entonces, Alfio Basile decidió quitar de la cancha al número 18 de la selección: ahí está el saludo del chico con melenita a Rodrigo Palacio, su reemplazante.

Messi sale, aplaudido por el Mineirao.

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La sorpresa llegó en forma de aplausos de pie: el público local se paró y le regaló una cálida despedida a Messi, que fiel a su timidez, miró para abajo. En ese momento de la noche, el Mineirao -que la Argentina volverá a pisar hoy, cuando enfrente a Paraguay por la Copa América- inició una relación de amor con el crack. Los aplausos tenían una decodificación intrínseca: eran también una demostración de repudio a Dunga, el entrenador de Brasil. El Scratch venía de perder contra Venezuela y Paraguay, y el empate ante Argentina estiraba a 290 los minutos sin anotar. Brasil sin goles, un milagro que ese equipo logró plasmar. "¡Messi, Messi, Messi!", se escuchó de las gargantas brasileñas que colmaban el Gigante de Pampulha: había 52.527 personas en el estadio.

Lionel Messi jugó en el Mineirao, ante Brasil por eliminatorias, en junio de 2008
Lionel Messi jugó en el Mineirao, ante Brasil por eliminatorias, en junio de 2008 Fuente: AP - Crédito: Natacha Pisarenko

"Es una actitud que me deja triste. Los hinchas nos silbaron y después aplaudieron a Messi. No estamos jugando en casa", dijo el lateral Gilberto después. Lo mismo corrió por boca de sus compañeros: más que bronca por la admiración al argentino, les molestaba el repudio. Messi no se refirió al tema, sí a sus errores: "Tuve chances de marcar, pero no definí bien", se lamentó, inconformista.

El Messi mineiro

Aquella fue la primera visita de Messi al Mineirao. Después vendrían otras dos. Una, la más recordada, fue en junio de 2014, ante Irán, en el Mundial: en el cierre del partido dibujó un golazo al ángulo derecho de Haghighi, que resolvió un partido incómodo. El 1-0 desató su festejo con los brazos estirados. Un alivio.

La siguiente fue una cachetada. De aquel Messi con aspecto de estudiante de primaria del Mundial se pasó a uno barbado y pelos amarillos, que deambuló por el Mineirao al son del baile que Brasil le dio a la Argentina. Fue en noviembre de 2016, por las eliminatorias para el Mundial de Rusia, con la selección en crisis y Brasil disfrutando del gran inicio de la era Tite. El 3-0 de sus amigos Dani Alves y Neymar fue un golpe durísimo para el tambaleante equipo de Bauza y un alivio para Brasil: volvía al Mineirao después de inolvidable 7-1 que le había enrostrado Alemania en la semifinal del Mundial.

Messi jugará por undécima vez en Brasil con la selección. Los mineiros lucen un orgullo que los diarios locales recuerdan hoy: el Mineirao es el estadio que más veces lo vio. También anduvo por el Maracaná (Río de Janeiro), el Arena Corinthians (San Pablo), el Beira Río (Porto Alegre), el Mané Garrincha (Brasilia) y el Arena Fonte Nova (Salvador, el sábado). Cuando hoy juegue allí por cuarta vez igualará su máximo número de partidos en la selección en un mismo estadio fuera de la Argentina: cuatro veces estuvo también en el Nacional de Santiago de Chile y en el Pachencho Romero de Maracaibo (Venezuela).

Este país fue, además, el primero que visitó en su vida. Era un nene cuando con su familia llegó a Florianópolis un verano, a pisar esas playas. Esa vez, su papá le dio el gusto de comprarle la camiseta que lo obsesionaba tener. La de Cruzeiro, el equipo que juega como local en el Mineirao.

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