Corea no despierta del sueño

El conjunto local nunca llegó tan lejos; pasó a las semifinales al vencer a España en la definición por penales (5 a 3), tras igualar sin goles
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22 de junio de 2002  • 05:40

GWANJU, Corea del Sur.– Tener que irse del Mundial así justifica el lamento y la bronca. España no lo mereció, porque hizo los méritos en el juego y fue castigado por errores decisivos en el arbitraje. Quedarse así, claro, no detiene la alegría de un pueblo que no entiende otra cosa que su propia felicidad, pero le pone una mancha al ya histórico camino de Corea en la Copa del Mundo.

Las manos del arquero Lee decidieron una lucha interminable, tensa, que acaso no habría necesitado de esos penales angustiantes si el árbitro egipcio Gamal Ghandour convalidaba alguno de los dos goles que los españoles habían conseguido y que por motivos que no quedan claros no otorgó.

Pero un día antes había sido sabio Oliver Kahn, después de la victoria alemana ante los Estados Unidos: cuando se pasa a una semifinal en un Mundial, dijo, son pocos los que después se preguntan demasiado cómo se lo logró. Cuando todavía estaba caliente el justificado fastidio en el vestuario español, la marea roja que sigue extendiéndose volvió a ganar las calles coreanas. El amplio y siempre incierto espectro del fútbol permite que convivan esas sensaciones.

Si se quiere explicar el resultado, habrá que empezar por aquel gol en contra de cabeza en el arco de Corea, en el primer tiempo, en el que Ghandour vio alguna presunta falta previa que nadie más advirtió. Deberá continuarse por la jugada del primer tiempo suplementario en la que Joaquín lanzó un centro que Morientes despachó a la red y que el juez invalidó –a instancias del asistente– por entender, en otro grave error, que la pelota había salido de la cancha antes del envío del volante. Y advertir, también, que el arquero coreano se adelantó –aunque esto es algo que casi todos hacen y nunca se sanciona– para atajar el penal del desenlace.

Si se desea desentrañar lo que pasó en esas dos horas de juego, habrá que apuntar que España, después de tomarse un tiempo para vistear a un rival que llegaba con todas las ínfulas, hizo pie y pasó a mandar en el partido con orden y concentración. Con una gran tarea de Joaquín por la derecha –paradójicamente, el destino quiso que cerrara una tarde notable malogrando el penal que decidió el partido– y la firmeza de todos, durante la mayor parte del primer tiempo y algunos pasajes del resto España fue más y no habría estado mal si traducía esa supremacía en el marcador.

Lo hizo y no se lo reconocieron. Tuvo otras oportunidades, como esa definición de Morientes que dio en el palo y que habría sido el gol de oro. Empujado por un aliento multitudinario e ininterrumpido, Corea, que en la primera etapa ni le vio la cara a Casillas, forzó algunos momentos favorables. Pero fue el equipo de José Antonio Camacho el que dejó mejor imagen. Y el que resultó víctima de otra tarea arbitral para el libro negro de los mundiales.

Corea disfruta: es el primer seleccionado asiático que accede a las semifinales de una Copa del Mundo. España se va otra vez con la frustración a cuestas, aunque hoy se lleva un sabor diferente y más agrio: el de la injusticia.

Se despidió Hierro . A los 34 años, el capitán de la selección española, Fernando Ruíz Hierro, se alejó del equipo nacional tras 89 partidos internacionales. Anotó 29 goles para España.

Llega hasta ahí. España no puede pasar más allá de los cuartos de final. A esa instancia llegó en 1986 y en 1994. En 1950 fue cuarto en el Mundial, pero con otro sistema.

Casillas, aburrido. El arquero de España, Iker Casillas, tomó la pelota con la mano a los 16 minutos del segundo tiempo. Un dato que refleja la superioridad española sobre Corea.

Con el anfitrión, no. Y otra vez, como le ocurrió inevitablemente cada vez que enfrentó a un seleccionado anfitrión en un Campeonato Mundial o en la Eurocopa, el conjunto español no pudo ganar.

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