Coronavirus. Juan Pablo Lancieri, el basquetbolista solidario: la historia del primer deportista argentino que le puso el cuerpo a la vacuna contra el Covid-19

Juan Pablo Lancieri en su casa platense. Juega en la primera de Gimnasia.
Juan Pablo Lancieri en su casa platense. Juega en la primera de Gimnasia. Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
Máximo Randrup
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16 de septiembre de 2020  • 07:37

LA PLATA.- Juan Pablo Lancieri, jugador de básquet de Gimnasia La Plata, se compró un aro con medidas profesionales para atravesar el aislamiento a puro lanzamiento. Su mejor triple, sin embargo, nada tuvo que ver con su deporte favorito; la gran jugada del escolta del Lobo, en época de pandemia, fue un combo solidario.

Cuando el coronavirus se instaló en Argentina, el deportista platense se propuso un objetivo por fuera del básquet: ayudar. Lo primero que realizó, para cumplir su misión, fue donar sangre. Si bien lo hace periódicamente, decidió repetir la generosa acción porque se enteró que el banco del Instituto de Hemoterapia de la provincia de Buenos Aires sufría una inusitada escasez. Se sintió feliz, pero su gesto le pareció insuficiente. Como la cuarentena golpeó la economía de muchos, se le ocurrió que podía colaborar con los más vulnerables. ¿Qué hizo? Revisó todas sus pertenencias y donó un montón de cosas en perfectas condiciones.

Juan Pablo continuaba insatisfecho. "Los médicos y los enfermeros se juegan la vida, y yo en casa sin hacer nada", se reprochaba. Hasta que apareció la oportunidad de ofrecerse como voluntario para probar la vacuna contra el COVID-19 que desarrollaron los laboratorios Pfizer y BioNTech. No lo dudó. Tomó coraje y se postuló. Al tiempo lo llamaron y hace unos días le aplicaron la segunda dosis. Recién ahí, en ese instante, se sintió pleno. No es para menos: metió un triple que no olvidará jamás. ¡Un triple solidario!

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"Cumplía con los requisitos y me parecía egoísta no prestar mi cuerpo para una causa tan importante, que podría ayudar a todos los argentinos. Si bien al principio tuve un poco de miedo, siempre fue más grande la satisfacción de poder ayudar en este año tan particular y complicado. Los que sí se asustaron bastante fueron mis papás, pero mis hermanos me ayudaron a tranquilizarlos", le cuenta Juan Pablo a LA NACION y agrega: "Por ahora no tuve ningún síntoma; un dolor leve en el brazo y nada más. Me siento muy bien desde lo físico y feliz de haber aportado mi granito de arena".

Esas insaciables ganas de ayudar (y su valentía, por supuesto) lo convirtieron en el primer deportista de alta competencia de todo el país en recibir la vacuna de prueba contra el coronavirus. Su proceso como voluntario aún no finalizó. Debe completar un formulario semanal en un celular que le entregaron y también le quedan varias visitas al Hospital Militar de la ciudad de Buenos Aires, donde le realizarán diferentes estudios. "Me tienen que controlar para chequear mi estado de salud y para ver si empiezo a generar los anticuerpos", detalla el joven de 25 años.

Del Lobo desde siempre

Juan Pablo se compró un aro que instaló en su casa, para mantenerse conectado a su deporte durante la pandemia
Juan Pablo se compró un aro que instaló en su casa, para mantenerse conectado a su deporte durante la pandemia Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Empezó a jugar al básquet a los tres años, cuando la pelota superaba la altura de sus rodillas. En el Lobo se dio varios gustos: pasó por todas sus categorías (juega en primera desde 2013), fue parte del plantel superior que en 2014 ascendió al Torneo Federal y disputó cuatro campeonatos del TNA (el segundo escalón a nivel nacional). La última temporada fue atípica: cambió de club por primera vez en la vida. "Estuve a préstamo en Junín de Mendoza y fue una experiencia inolvidable, pero la verdad es que hoy mi desafío pasa por volver a consolidarme en Gimnasia", expresa Juan Pablo, quien se anima a confesar su gran anhelo deportivo: "Mi sueño es tener una experiencia en Europa. Estoy tramitando la ciudadanía italiana y en teoría me tiene que salir en unos meses; si la consigo, se me abrirá una puerta importante".

Cuando habla de básquet, su discurso se acelera. Es un apasionado y se nota en cada frase. También es evidente que extraña los entrenamientos convencionales y la adrenalina de los partidos. El aro que se compró no fue suficiente. A pesar de sus ganas de regresar al parquet, Juan Pablo no pide volver. Al contrario.

"Me parece bien que hayan vuelto los deportes individuales, pero creo que en Argentina todavía no estamos preparados para largar los que son colectivos. Lo que ocurrió en Boca, con tantos contagios, es un ejemplo de lo que puede pasar en cualquier plantel; ya sea de fútbol o de otra disciplina que se practique en equipo", dice convencido. Hace un silencio, reflexiona y luego continúa: "El básquet es lo que más me gusta en la vida, aunque en este momento considero que lo fundamental es la salud. Igualmente, yo no tengo la verdad absoluta y mi postura es contradictoria. Por un lado pienso que lo mejor es que por un tiempo no haya deportes grupales y por el otro entiendo que hay deportistas que necesitan hacer su actividad por cuestiones económicas. Es una situación difícil y lamentablemente no se puede contentar a todos".

¿Un sueño? "Jugar en Europa", asume.
¿Un sueño? "Jugar en Europa", asume. Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Su madurez llama la atención: pone su deseo personal en segundo plano, comprende prioridades y después se cuestiona a sí mismo. Más allá de su debate interno, en una idea es categórico: "Para mí, en esta etapa tan difícil de la pandemia, en Argentina solo deberían salir los que tienen necesidad de hacerlo. Cuando veo imágenes de la gente en los bares o en las plazas, me siento un boludo. Algunos estamos haciendo la cuarentena desde marzo y otros ya se relajaron por completo. Los médicos y enfermeros, que están trabajando sin parar, se deben querer morir. Ellos dejan la vida para que el coronavirus no haga estragos y gran parte de la sociedad hace cualquier cosa".

Es fanático del básquet, su deporte preferido, pero también es amante del fútbol. A tal punto le gusta, que el año pasado -cuando jugaba en Junín de Mendoza- decidió tomarse un colectivo para ver el encuentro entre Gimnasia y Godoy Cruz en el estadio Malvinas Argentinas. Su osadía tuvo premio: es uno de los pocos triperos que observó el primer triunfo del equipo de Diego Maradona desde el lugar de los hechos. "Como no había público visitante, me saqué una platea y me senté con los hinchas locales. Aunque ganamos 4-2 y no pude gritar ningún gol, valió la pena; no muchos pueden decir que estuvieron ahí", revive Juan Pablo. Y sonríe: "En determinados pasajes del partido tuve que fingir que era del Tomba porque mi actitud ya era sospechosa".

El futuro dirá si Lancieri triunfa o no en el básquet. Pase lo que pase adentro de la cancha, él puede sentirse realizado.

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