De la mano de la convicción y de la figura silenciosa

En una Bombonera colmada, el uruguayo Lodeiro, sin la atracción que generó Osvaldo, fue la figura de Boca en el éxito ante Wanderers
Christian Leblebidjian
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27 de febrero de 2015  

Boca lo soñaba, más allá de las tareas individuales. De tal o cual. Del chico que tiene la noche de gloria o la estrella de rock devenida en futbolista para cumplir su sueño. Boca era mucho más que eso. Era su historia y su orgullo. Era la vuelta de la Copa Libertadores a la Bombonera. Era la ratificación del sueño que había empezado en Chile. Y Boca lo hizo, más allá de toda la decoración que envolvió el partido con Montevideo Wanderers, un equipo humilde, pero que supo cómo complicarlo. Boca salió adelante con la cabeza, con los goles de Komar, el chico que esperaba un partido a lo grande, y de Osvaldo, el grande que tenía la ilusión de un chico. Y Boca lo hizo, además, por la gran tarea de Lodeiro, que llegó sin tanto cartel y que, con un puñado de minutos, se volvió una pieza dorada.

Boca cambió en 2015. A la actitud de siempre le insufló el instinto ofensivo de Arruabarrena. Desde los nombres y las posiciones. Todo en busca de la vieja obsesión: la Copa Libertadores, el brillante trofeo que es el sueño azul y oro. Hacía rato que no se vivía un ambiente así por la Ribera, con toda la mística de Caminito por los costados de la cancha. Era el debut como local. No se podía fallar. Y no se falló.

Boca marcó nítidas diferencias desde el empuje, desde los intentos individuales bien acoplados en la red colectiva. A partir de entonces generó muchas situaciones alrededor del arco de Montevideo Wanderers. Solo fue cuestión de concretarlas ante un conjunto que le opuso una férrea oposición, sin más argumentos que la marca pegajosa y los largos pelotazos. El desarrollo se abrió con la pegada de Lodeiro, tras un tiro libre desde la derecha, en el que Komar, que reemplazó a Burdisso, lesionado, cabeceó a la red. Una llave imaginaria se dibujó en la palma derecha de Boca, pero no...

Lo malo de los xeneizes es que todavía no encuentran un equilibrio. De lo contrario no podrán explicarse los contratiempos defensivos. Montevideo Wanderers sacó del medio y empató en la jugada siguiente. Se quedó la defensa frente un ataque franco de Riolfo, y dudó Orion, al que la pelota le pasó entre las piernas. El mundo pareció derrumbarse, pero Boca tenía algo más para dar. Justo lo que todos estaban esperando, como si él hubiera estado tocado por la varita mágica. La jugada empezó con un centro de Colazo desde la izquierda y terminó con un cabezazo esquinado de Osvaldo. Fue gol de Boca. Fue el gol del hincha. Fue el gol de todos. El pueblo boquense deliró con el grito más esperado, el del refuerzo estrella.

Hubo lugar en la esperanza para una diferencia más holgada, para cerrar el desarrollo antes de tiempo. No pudo ser porque Boca no tuvo tanta definición como generación. Es que los uruguayos no arriesgaron ni siquiera cuando estuvieron en desventaja. Los locales siempre se movieron al ritmo de Lodeiro, que en un par de partidos consiguió la confianza de Arruabarrena. Al uruguayo no le pesó la pelota y clarificó la jugada en cada toque. Entre su clase, la potencia de Osvaldo y el toque de Gago, Boca marcó una superioridad mucho más holgada de la que marcó el 2-1.

Fue un partido especial para Boca, en el reencuentro en la Bombonera con la Copa Libertadores. Hacía rato que esperaba este momento. También Arruabarrena. También Osvaldo. Ni qué decir para Lodeiro, la figura que emerge mientras los reflectores apuntan hacia otro lado. El equipo sigue sobre rieles. Hacía rato que no se sentía tan alto.

1- la palabra del vasco

"Merecíamos más"

"Cometimos errores, pero merecíamos más. Nos servirá de experiencia", dijo el DT Boca, Rodolfo Arruabarrena

2- lo negativo

Desgarro de Burdisso

Guillermo Burdisso salió en el primer tiempo, resentido de una molestia muscular. Se confirmó que es desgarro.

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