Dicen que mañana habrá sol

Claudio Cerviño
(0)
23 de agosto de 2001  

Soplan nuevos vientos en el polo. Al menos en los pronósticos meteorológicos, el parte reviste optimismo. Luego se irá viendo su porcentaje de fiabilidad. Lo importante es que las ideas están y cuando hay ideas ya es un síntoma positivo. Semejante a esas tardes de campo en las que el viento empieza a llevarse los nubarrones a otra parte. Que los hay.

Gonzalo Tanoira lleva tres meses al frente de la Asociación Argentina de Polo. Infinidad de veces, antes de asumir y mucho más ahora que conduce la entidad, hizo saber su descontento con la conducta de los jugadores en general, en especial los de alto handicap. Y hace menos de 48 horas lanzó un enunciado concluyente: "Es hora de pensar en el público" . Pocos como él tan identificados con esa forma de sentir este deporte, a partir de la magia que nació de su taco durante inolvidables tardes luciendo las camisetas de Mar del Plata y de Coronel Suárez. Ha encarado su gestión de una manera distinta; sabiendo que perderá muchos amigos. Busca el cambio a partir de la superación de ese producto que pretende vender y hacerlo llegar a una mayor cantidad de público; algo que avanzó en la última década a través de la TV, pero no en la medida esperada.

No tiene en mente, Tanoira, ejercer una conducta unipersonal. Sabe qué piensa y qué siente un polista, pero no cómo se maneja comercialmente un deporte. Entonces, direcciona las piezas hacia un área de marketing , con especialistas. Entiende que, con insultos, agravios y otras inconductas en ascenso, la gente no disfruta, los patrocinantes no se sienten atraídos por la propuesta, los partidos son más cortados e indigeribles para seguir por televisión; por eso apunta a la disciplina.

Con la introducción de las tarjetas amarilla y roja, las suspensiones, y la intención de quitarle el peso de responsabilidad a los jueces profesionales, va cerrando el cerco sobre quienes, conscientemente o no, atentan contra su propio interés: los polistas. Actitud movilizada por muchas razones; desde la pretensión enfermiza por ganar a cualquier precio -en una disciplina de alto riesgo- hasta celos, envidias y rencores. ¿Cómo erradicar esos deleznables factores si hoy día hasta hombres con lazos de sangre son capaces de intentar arrebatarse un patrón en el polo del exterior, la llave del profesionalismo?

Se pondrá en vigencia el novel artículo 25, que considera actos de inconducta "los gritos, reclamos, revoleo de tacos, palabrotas, demoras injustificadas, discusiones, agravios o insultos a otros jugadores, a los jueces y/o público, jugadas peligrosas de mala fe..." ¿Le son familiares esas imágenes? Algo es cierto: si se aplica todo lo pautado, el polo se habrá acercado más al público, como imagina Tanoira. Se corre el riesgo, claro, de que los partidos sean un compendio de interrupciones. Algo deberán modificar en su actitud, entonces, los actores principales.

El viento viene desde el Oeste. Dicen que mañana habrá sol. Se verá.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?