Diego jugó en todas las canchas

Daniel Arcucci
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26 de abril de 2004  

En la búsqueda de una respuesta precisa a ese extraordinario fenómeno de devoción que genera Diego Armando Maradona en la Argentina (y más allá también) puede pasar que, de tanto hurgar entre sociólogos y catedráticos, las cuestiones estrictamente futbolísticas que marcaron su carrera incomparable terminen pasando casi a un segundo plano, convertidas en símbolos que en realidad representan otras cosas, seguramente más profundas y trascendentes.

Así, los goles a los ingleses tienen un significado que va mucho más allá de ser la expresión técnica futbolística más grande de la historia o el más polémico, según el caso, y algo parecido sucede con sus épicas actuaciones ante los brasileños; son, más vale, la realización de una fantasía, de un sueño de otros, el de imponerse -aunque más no sea en una cancha de fútbol- a quien se considera un adversario en cualquier contexto.

Tan grande y complejo es el fenómeno, que termina siendo apenas una excusa que, para los argentinos, Diego es, simplemente... el fútbol. Tan indiscutible como su identificación con Boca es el hecho de que todos los hinchas de la Argentina lo sienten como propio: siempre habrá una imagen con la camiseta de la selección que unifique cualquier sentimiento.

Como casi todas las escenas de la vida de Maradona parecen pensadas por un guionista imaginativo, quiso el destino que su última aparición pública antes de esta crisis -un partido en el que, minuto a minuto, emite señales de que puede ganarlo- fuera en una cancha, en la Bombonera. Y desde ese momento hasta hoy fue como si hubiera reaparecido mágicamente en todas. Desde el último partido de la primera D hasta el más importante de la primera A, no faltó una bandera preparada o un trapo improvisado, en manos de los protagonistas o de los hinchas, para enviarle un mensaje de aliento o, simplemente, sentirlo presente.

Podría ser un dato obvio. Al fin y al cabo, se trata de Maradona. No lo es por la unanimidad: Diego se alegrará de saber que desde Deportivo Riestra hasta Boca, desde Rodrigo Riep hasta Roberto Carlos, desde un rincón hasta el otro del redondo mundo de la pelota lo siguen considerando, simplemente... un jugador de fútbol.

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