Doce pasos

Eduardo Sacheri
No comparto esa idea de que las definiciones por penales son una lotería
Van Gaal, el DT que cambió de arquero para la tanda desde los doce pasos
Van Gaal, el DT que cambió de arquero para la tanda desde los doce pasos Fuente: Reuters
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8 de julio de 2014  • 00:22

Cuenta la leyenda que el 9 de diciembre de 1962, cuando Antonio Roma le atajó el penal a Delem, el árbitro detuvo las protestas de los jugadores de River -que aducían que el arquero de Boca se había adelantado ilegalmente-, con cinco palabras destinadas al bronce: "Penal bien pateado es gol". Cincuenta y dos años después, esa sentencia sigue teniendo defensores convencidos y detractores acérrimos.

Empecemos con un poco de matemáticas, con el único objeto de que la señorita Celina, que en quinto grado me auguraba un futuro de ingeniero, físico o arquitecto, no sienta que sus pronósticos fueron tan, pero tan equivocados: las medidas reglamentarias del arco de fútbol le asignan 7,32 metros de ancho por 2,44 de alto. Si mis recuerdos sobre cómo se calcula el área de un rectángulo son veraces, resulta que hay que embocar el balón en una superficie de 17,86 metros cuadrados. No parece una empresa demasiado ardua, considerando que el disparo se efectúa desde una distancia de 11 metros –la tradición habla de doce pasos- y frente a un único rival: el pobre arquero, quien tiene que cubrir esos 17 metros contando simplemente con la masa de su cuerpo.

Si yo quisiera seguir luciéndome en matemáticas ahora tendría que poner en relación la superficie del arco con la citada masa corporal del arquero (suponiendo que tal relación sea verificable), pero no tengo la menor idea de cómo calcular la masa de ningún arquero. Además, cada arquero tendrá una masa diferente. Pero mejor retomo el hilo.

En estos últimos días hemos visto patear un montón de penales. De los doce partidos del Mundial por octavos y cuartos de final, tres fueron definidos de ese modo. Un amigo mío al que el fútbol le gusta poco y nada, me preguntaba el otro día si no era antinatural resolver un partido con este sistema. La pregunta es buena (mucho mejor que cualquier respuesta que yo ensaye, seguro). Creo que la definición por penales es buena "por defecto", que es el modo gentil de decir que es la menos mala de las opciones.

En algún Mundial no muy lejano se acudió al gol de oro. Detrás de esa imagen altisonante se ocultaba el simple expediente barrial denominado el que hace el gol gana

En algún Mundial no muy lejano se acudió al "gol de oro". Detrás de esa imagen altisonante se ocultaba el simple expediente barrial denominado "el que hace el gol gana", usado hasta el hartazgo en los potreros para dilucidar ganadores para esos partidos demorados hasta la penumbra turbia del atardecer. La idea era simple: se jugaban los treinta minutos completos sólo si no había goles. Si uno de los equipos convertía, a los 2 o a los 29 minutos, el partido estaba concluido. Pero no resultó: los equipos se tiraban atrás, movidos por la cautela, y preferían jugar a nada durante treinta minutos que arriesgarse a esa estocada fría y terminal.

Otra opción sería jugar "efectivamente" hasta que alguno de los dos meta un gol. Pasen treinta, cuarenta o ciento veinte minutos. Ahí nos metemos en un problema organizativo. Por un lado, capaz que se te encima la transmisión con el partido que sigue, un par de horas después. Por el otro, quién te dice que te toca un enfrentamiento entre dos equipos muy defensivos, ponele Grecia y Suiza, y los tipos te juegan dos días y medio y la cosa no tiene un ganador. Sería terrible: tenés en Fortaleza (es un decir) a griegos y suizos bien parados, con dos líneas de cinco, jugando sesenta y siete horas, y en Porto Alegre (otro decir) tenés al rival del ganador, en la siguiente ronda, ya cantando el himno, bien formado junto a los árbitros, esperando y mirando el reloj, porque estos tipos no se te presentan a jugar. Dios no permita y la FIFA menos.

De todas maneras no deja de ser raro esto de definir un partido de un deporte mediante un sistema que no es, específicamente, ese deporte. Por ejemplo: un partido de básquet que termina empatado se define jugando al básquet, en tiempos de cinco minutos, hasta que alguno gane. Un partido de tenis se decide jugando al tenis. Pues un partido de fútbol se decide haciendo otra cosa: escogiendo una jugada y repitiéndola diez veces, cinco para cada equipo. En un deporte hecho de intenciones y merodeos, se escoge la alternativa menos ambigua, la que por definición entraña el mayor "peligro de gol" (como dirían los viejos relatores).

No comparto esta idea de los que dicen que las definiciones por penales son una lotería. No, señor mío. ¿Interviene el azar? Seguro que interviene. Pero cuidadito: que en el fútbol también interviene. Preguntémosle, si no, al suizo del otro día, Dzemaili si la memoria no me falla: el tipo debe andar ahí, en su país, en medio de sus lagos y sus Alpes (adviértase lo provinciano de mi imaginación) palpándose el bocho o mirándose la pantorrilla, los dos sitios de su humanidad que pudieron haber empatado las cosas con la Argentina para llevar el partido de octavos precisamente ahí: a los dichosos penales.

En un deporte hecho de intenciones y merodeos, se escoge la alternativa menos ambigua, la que por definición entraña el mayor peligro de gol

La definición por penales es un juego dentro del juego. Extraer una determinada jugada, sacarla de su contexto, y llevarla al centro del asunto. Se ponen en acto ciertas aptitudes futbolísticas, pero se descartan otras. Por eso parece razonable que los equipos que cuentan con herramientas técnicas más versátiles intenten evitar que los partidos terminen ahí. Y que los equipos que se sienten débiles hagan lo posible por estirar los empates hacia ese otro juego que ya no es el fútbol propiamente dicho.

Alemania frente a Argelia, Argentina frente a Suiza, Bélgica frente a Estados Unidos, fueron capaces de torcer la voluntad de sus oponentes de llegar hasta ahí. Brasil fue a los penales contra Chile con menos reticencia: cuando tu rival demuestra el daño que puede hacerte jugando al fútbol, los penales resultan una alternativa más digna de aprecio.

El partido entre Holanda y Costa Rica me parece un buen ejemplo de cómo estas ideas cruzan por las cabezas de los protagonistas.Holanda hizo todo lo posible por evitar los penales. Sin duda mi simpatía estuvo con los centroamericanos. Por un lado, por el altruista proceder de ponerme del lado de los más débiles. Por el otro, por el mucho menos altruista razonamiento de que hubiera preferido cruzarme con Costa Rica en la semifinal antes que con los muchachos de naranja (Vade retro Satanás y Bergkamp). Pero si debo ser sincero, los holandeses le cascotearon el rancho a Navas (que es un arquerazo, pero arquerazo-arquerazo) durante dos horas, y merecieron ganar antes. Merecieron ganar jugando al fútbol.

Y también lo merecieron en ese otro juego, extracto de una jugada de fútbol, que son los penales. El entrenador van Gaal hizo una de esas movidas que te llevan al Cielo o a Devoto: guardó el tercer cambio de su equipo para el último minuto del alargue y recién entonces reemplazó al arquero titular Jasper Cillessen por Tim Krul. ¿Qué pasaba si el "especialista" resultaba un fiasco? Nunca lo sabremos, porque el muchacho atajó dos penales y puso a Holanda en la semifinal contra la Argentina.

¿Hay una técnica que te convierta en especialista en penales? No lo sé. Pero un amigo mío que pasó muchos años bajo los tres caños me hizo notar una cosa: Krul se arroja hacia el poste correcto en los cinco penales, pero no "adivina" el palo, en el sentido en el que los futboleros usamos esa expresión. No usa, por ejemplo, la técnica de Sergio Goycochea, ese pasito lateral para aproximarse a uno de los postes, antes de lanzar el vuelo. No. Krul -dice mi amigo- esperó a que cada jugador patease, y recién entonces se arrojó hacia donde iba la pelota. En los penales de Ruiz y Umaña, la estirada de Krul evitó los tantos. En los de Borges, González y Bolaños, en cambio, la estirada fue insuficiente.

¿Y qué pasó mientras tanto por el lado de Navas? El costarricense se comportó según la ortodoxia: eligió un palo y se arrojó en simultáneo con el disparo. Y tuvo la mala fortuna de que las dos veces que acertó (contra Van Persie y Kuyt) los penales venían tan perfectamente ejecutados que su vuelo fue inútil. Los penales de Robben y Sneijder, parecieron bien ejecutados porque el arquero eligió el otro palo. Sin embargo, son los típicos penales "al 50 %": a media altura, bastante lejos de los postes, son pelota del arquero si éste elige el mismo lado.

Los mal pateados a veces entran, y a veces no. Pero los bien pateados, los que lamen la red en los laterales de los arcos, los que la inflan cerca de los ángulos superiores, esos son gol

Propongo al lector que tenga poco que hacer, mientras esperamos las semifinales, que vuelva a ver esa definición de Holanda y Costa Rica. Verá que los penales in-a-ta-ja-bles, como decían esos viejos relatores, no fueron, de hecho, atajados. Ni por Navas ni por Krul. Y los otros dependieron de las decisiones y del azar. Un Navas que vuela pronto y yerra. Un Krul que espera, acompaña y sale como un héroe (no creo que lo hayan sacado en andas, porque levantar al ñato ese te deja la cintura a la miseria, seguro).

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Los penales no son el fútbol. Pero guarda: en ellos el fútbol se mezcla con una combinación de fuerza, de exactitud y de sangre fría. O de su ausencia. En los que patean y en los que atajan. Ninguna lotería. Lotería era la que me jugaba mi abuelita Nelly, con los cartones de colores y las fichas cilíndricas de madera y números rojos en relieve. Esa sí.

Los penales no. Los mal pateados a veces entran, y a veces no. Pero los bien pateados, los que lamen la red en los laterales de los arcos, los que la inflan cerca de los ángulos superiores, esos son gol. Como le dijo aquella vez el árbitro Carlos Nai Foino a un Delem que jamás encontraría consuelo.

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