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Ya casi pasó un año. De aquel 21 de febrero de 1998 cuando el cubano Juan Carlos Gómez le quitó el título de los cruceros del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), en el estadio del Polideportivo de Mar del Plata. Ahora la realidad es otra para Marcelo Domínguez: sin el título, como visitante y con mucha bronca contenida, intentará reconquistar el cinturón que, según él, le pertenece. Ayer se cruzó con Gómez en Hamburgo, sede del combate del próximo sábado. Hubo sólo saludos de ocasión. Pero Domínguez tiene mucho que decir.
"Tengo la idea de traerme mi título, ése que regalé en Mar del Plata. Ese día parecía que no había subido al ring, pero esta vez la historia será diferente", comentó el ex campeón mundial.
"Ahora estoy con muchas más ganas que cuando me enfrenté con él, sin los problemas ajenos al deporte, y con mucha más hambre deportiva. Cuando hablo de problemas extraños al boxeo me refiero a quien fue mi manager: Osvaldo Rivero. Con él sólo teníamos una relación comercial. Rivero jamás se preocupó por mí como ser humano; es más, ese aspecto siempre lo dejó de lado."
Pero desde aquel momento, mucha agua corrió debajo del puente. Domínguez se separó de Osvaldo Rivero y volvió a unirse con Hernán Santos Nicolini; aprendió a ser padre de la mano de su hijo Julián Ezequiel -de un año- y hasta pensó en dejar el boxeo. "El 98 fue muy negro para mí. Primero perdí el título mundial. Luego, mi enfrentamiento con Rivero, y para terminar llegué a pensar que mi vida en el boxeo se había acabado. Pero los consejos de los buenos amigos y de mi familia me hicieron dar cuenta de que yo no debía entregarme y de que había nacido para esto."
Y agregó emocionado: "Pero el nacimiento de Julián Ezequiel fue como una bocanada de aire fresco en mi vida. De no haber sido por mi hijo, creo que hasta me hubiese separado. Yo no podía soportar no tener el título. Eso era algo terrible para mí".
Haber perdido el título mundial fue un duro golpe que aún no pudo superar. "Es increíble, pero sólo pude ver la pelea una vez. Me cuesta ver la imagen que di sobre el ring. Yo parecía una triste sombra del boxeador de otras peleas. Ese que subió aquella noche ante el cubano no era yo. Recuerdo que, de casualidad, luego de ver un programa grabado de televisión, apareció en el cassette uno de los rounds de la pelea y me sentí tan mal al mirarme que tuve que apagar la video."
Domínguez se entrenó como nunca para el nuevo combate con Gómez. "Estoy trabajando desde hace dos meses en cuatro turnos; éste fue un programa que realizó especialmente para mí Horacio Anselmi. Para ser franco, creo que nunca estuve preparado así para ninguna pelea. Por día hice entre 20 y 25 rounds, entre mañana y tarde. Para ser claro, estoy en categoría desde hace dos semanas."
Para volver a ocupar el número uno en el ranking del CMB hasta llegó a pelear gratis. "Mi última pelea fue contra Tommy Aguirre, en el Club Huracán. Esa noche no cobré ni dos pesos. Sólo me llevé a casa la plata de la publicidad del pantalón. Todo lo recaudado en esa reunión quedó para mantener el boxeo en el club. Esa noche no fue una más; la victoria ante Aguirre por puntos me permitió quedar nuevamente en el primer puesto del ranking mundial, y así me gané esta posibilidad de combatir por el título. Hasta tuve que pelear gratis. Eso tal vez pocos lo entiendan."
Marcelo Domínguez está más confiado que nunca para esta pelea y, si todo le sale bien y gana el título mundial, piensa llevarlo a su querido Huracán. El club que lo cobija desde hace 14 años. "Yo estoy convencido de que voy a traer el título y más si tengo en cuenta todo lo que dijo Gómez al término de la pelea en Mar del Plata. El comentó que nunca nadie le había pegado tanto y tan fuerte y que en un momento hasta pensó en bajarse del ring. Eso me da una confianza extra. A tal punto que ahora en lo único que pienso es en el árbitro levantándome el brazo y en mi entrenador, Carmelo Cuello, poniéndome el cinturón, mi cinturón..."


