El alma astillada: San Fernando estuvo a punto de dar el gran golpe

Después de varios contratiempos en la semana, el último campeón dejó todo, pero no pudo con el puntero, Lomas A, que ganó por 2-1
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11 de mayo de 2003  

La historia, en este caso, la escribieron las perdedoras. San Fernando A trazó una parábola de sacrificio, euforia y frustración en tan sólo 70 minutos. Terminó con el grito ahogado, con una derrota a cuestas, pero acaparó el protagonismo por sobre Lomas A, que se impuso agónicamente por 2 a 1 y sigue como único puntero, tras la 8a fecha del Metropolitano femenino de hockey sobre césped.

Sólo desde lo emotivo puede entenderse lo que sucedió. Porque detrás de la caída de Sanfer hubo una serie de hechos en la semana que condicionaron el desarrollo del partido.

El último martes, el preparador físico Gabriel Figueiras renunció por conflictos económicos con el club y se abrió una incógnita por la continuidad del DT, Pablo Lombi. Las jugadoras no se entrenaron en forma normal y pensaron en no presentarse al partido. Hasta se especuló con que Jorgelina Rimoldi se convirtiera en jugadora-entrenadora. Fueron todos lamentos por la ida de Figueiras, un tipo querido por las chicas. Finalmente, empuñaron los sticks y salieron a la cancha con Lombi en el banco.

Pareció el último encuentro de sus vidas: aguantaron los embates de Lomas A -se lo vio impreciso y contenido- y pelearon de igual a igual, más allá de que su potencial es inferior en lo individual y colectivo. Sobrevolaba la idea de desquite por el alejamiento forzoso del PF.

La hazaña empezó a tomar forma con el tanto de Mosovich, que a los 11 minutos de la segunda etapa desvió un tiro de Rimoldi. Las once jugadoras, eufóricas por la conquista, tiraron los palos al aire y se abrazaron con Lombi.

Aguantando como se pudiera, San Fernando estuvo a ocho minutos de la victoria y de la posibilidad histórica de cortar con un lapso de 12 años sin triunfos frente a Lomas. Pero el local, a puro empuje y córners cortos, revirtió el resultado con los tantos de Nieruczkow y Raffetti; este último, a un minuto del final. El llanto de las jugadoras de Sanfer resultó un símbolo: querer y no poder.

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